Biologicos

Biológicos agrícolas: oligosacáridos marinos mejoran control y reducen químicos

La innovación en protección de cultivos avanza hacia soluciones biológicas capaces de reducir insumos químicos y mejorar rendimiento, con resultados concretos en ensayos a campo.

Luis Ernesto Delgado
Redactor con base en EE.UU. que cubre mercados agrícolas, comercio agroalimentario y políticas públicas con foco internacional.

El 1 de mayo de 2026, nuevos ensayos a campo difundidos por nuestra redacción muestran que los derivados de oligosacáridos de algas verdes están logrando mayor control de enfermedades con menor uso de productos químicos, una combinación clave para el futuro del agro. Los resultados importan porque confirman que la transición hacia sistemas productivos más sostenibles puede ser técnicamente viable sin resignar rendimiento.

La presión regulatoria, los costos de insumos y la demanda de alimentos más sustentables crecen a nivel global, estas moléculas emergen como una alternativa concreta. A diferencia de los enfoques tradicionales, su principal diferencial es el doble mecanismo de acción: activan la inmunidad de las plantas y, al mismo tiempo, inhiben directamente a los patógenos.

Uno de los casos más relevantes se observó en el control de enfermedades foliares, donde la aplicación de estos compuestos permitió no solo mejorar la eficacia, sino también reducir significativamente el uso de químicos.

Rendimiento en campo: más eficiencia con menos insumos

TratosEficiencia de control (%)Impacto en uso y rendimiento
Química convencional (CK)68,5Sin reducción / +12,3% rendimiento
Tetrasacárido de enteromorfos sulfatado (T1)86,7-40% plaguicidas / +19,6% rendimiento

Biológicos agrícolas: oligosacáridos marinos mejoran control y reducen químicos

Los datos muestran un salto claro: más de 18 puntos de mejora en eficiencia de control junto con una reducción del 40% en plaguicidas, mientras el rendimiento también se incrementa.

Otro frente clave se observa en cultivos intensivos, donde estos compuestos logran atacar patógenos complejos sin generar efectos secundarios típicos de algunos tratamientos tradicionales, como la proliferación de plagas secundarias. Esto refuerza una tendencia creciente: soluciones más específicas, con menor impacto colateral en el sistema productivo.

En vid, los resultados también reflejan mejoras integrales que combinan sanidad, calidad y eficiencia operativa.

Datos de demostración en vid

IndicadorComparación (Convencional vs SAM-AOS)Variación
Incidencia de la enfermedad28,7% 6,3%-78%
Contenido de azúcar18,2°Brix 20,5°Brix+12,6%
Frecuencia de pulverización8 5 aplicaciones-37,5%

Biológicos agrícolas: oligosacáridos marinos mejoran control y reducen químicos

Aquí el impacto es aún más contundente: caída del 78% en la incidencia de enfermedades, junto con menos aplicaciones y mayor calidad del cultivo, medida en contenido de azúcar.

El funcionamiento detrás de estos resultados combina múltiples niveles de acción. Antes de la infección, actúan como inductores de resistencia sistémica, preparando a la planta frente a posibles ataques. Luego, en presencia del patógeno, despliegan una acción antimicrobiana directa que interfiere en su desarrollo.

Además, su estructura permite una mejor adhesión y persistencia en hoja, lo que prolonga su efectividad, mientras que en el suelo contribuyen a regular el entorno microbiológico de la rizosfera.

Más allá del control sanitario, estos compuestos también inciden en procesos fisiológicos del cultivo. Ensayos muestran mejoras en la tolerancia al estrés hídrico, optimización del uso de agua y mayor estabilidad postcosecha, ampliando su impacto desde la sanidad hacia la productividad y calidad.

En términos estratégicos, esta tecnología refleja un cambio de paradigma en la protección de cultivos: pasar de un modelo reactivo basado en insumos químicos a uno proactivo y multifuncional, donde la planta se vuelve parte activa de su propia defensa.

El escenario global atravesado por la sustentabilidad, la regulación y la presión de costos, los biológicos avanzan desde el nicho hacia el corazón del sistema productivo. Y esta vez, no como promesa, sino con números que empiezan a cerrar.

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