La próxima revolución contra las plagas ya está en marcha y no depende de químicos
Una revisión científica revela que los bioplaguicidas dejaron de ser una promesa: nuevas tecnologías elevan su eficacia y aceleran su adopción en la agricultura mundial.
El control de plagas atraviesa uno de los cambios tecnológicos más importantes de las últimas décadas. Una revisión científica realizada por investigadores de la Universidad de Georgia concluye que los bioplaguicidas se consolidan como una alternativa eficaz para disminuir la dependencia de los insecticidas sintéticos, en un escenario donde las plagas provocan pérdidas de entre 20% y 40% de la producción agrícola mundial, a las que se suman daños de hasta 30% durante la poscosecha. El trabajo, publicado en Frontiers in Sustainable Food Systems, sostiene que estas herramientas serán determinantes para construir sistemas agrícolas más resilientes y sostenibles.
Durante décadas, los insecticidas sintéticos fueron la principal respuesta frente a las plagas. Sin embargo, su utilización intensiva favoreció la aparición de insectos resistentes, afectó poblaciones de polinizadores y enemigos naturales, generó residuos persistentes en el ambiente y aumentó la preocupación por sus efectos sobre la salud humana. Ese escenario impulsó la búsqueda de estrategias con mayor selectividad y menor impacto ambiental.
Las restricciones aplicadas por distintos organismos reguladores a moléculas de amplio uso aceleraron el interés por nuevas soluciones biológicas. Lejos de ocupar un nicho específico, los bioplaguicidas comienzan a posicionarse como una herramienta central dentro de los programas modernos de manejo integrado de plagas.
Biología, genética e inteligencia artificial transforman el control sanitario
La revisión identifica cuatro grandes grupos de bioplaguicidas que hoy forman parte de la oferta tecnológica disponible. Entre ellos aparecen los protectores incorporados en plantas, capaces de expresar proteínas que actúan específicamente sobre determinadas plagas, además de tecnologías basadas en interferencia por ARN, que bloquean genes esenciales de los insectos con un alto nivel de precisión.
Otra categoría reúne compuestos bioquímicos como feromonas y reguladores del crecimiento, utilizados para modificar el comportamiento reproductivo o el desarrollo de las plagas sin afectar organismos benéficos. También se destacan los extractos vegetales obtenidos de especies con propiedades insecticidas naturales y un amplio grupo de microorganismos -hongos, bacterias, virus y nematodos- que actúan infectando directamente a los insectos objetivo.
Hongos y bacterias benéficas forman parte de la nueva generación de bioplaguicidas utilizados para reducir poblaciones de insectos plaga.
El estudio también muestra que la innovación tecnológica está acelerando la evolución de estos productos. Las nanoformulaciones permiten proteger los ingredientes activos frente a la radiación ultravioleta y prolongar su permanencia en el cultivo, mejorando significativamente la eficacia del control.
Al mismo tiempo, herramientas de edición genética como CRISPR, nuevas técnicas de mejoramiento microbiano y sistemas basados en ARN están dando origen a microorganismos más eficientes, con mayor estabilidad y mejor adaptación a condiciones ambientales adversas.
La transformación también llega desde la agricultura digital. El empleo de drones, sensores remotos, imágenes hiperespectrales y algoritmos de inteligencia artificial permite detectar focos de infestación con mayor anticipación y realizar aplicaciones localizadas, reduciendo costos operativos y minimizando el impacto sobre el ambiente.
La adopción crece, aunque todavía enfrenta desafíos
Pese a los avances, la investigación reconoce que todavía existen obstáculos que limitan una adopción más acelerada. La menor vida útil de algunos productos biológicos, la sensibilidad frente a altas temperaturas y radiación solar, los elevados costos de producción y las diferencias regulatorias entre países continúan siendo barreras importantes para el desarrollo del sector.
A ello se suma la necesidad de fortalecer la capacitación técnica de productores y asesores, ya que el éxito de estas herramientas depende en gran medida de su correcta integración dentro de programas de manejo integrado de plagas y no de su utilización como reemplazo aislado de los insecticidas convencionales.
La agricultura de precisión permite aplicar bioplaguicidas de manera localizada, mejorando la eficiencia y reduciendo pérdidas.
Los investigadores concluyen que el futuro del control sanitario combinará soluciones biológicas, prácticas agronómicas, control natural, agricultura de precisión y tecnologías digitales, una integración que permitirá producir alimentos con menores impactos ambientales sin resignar productividad. Para un sector que debe abastecer una demanda creciente de alimentos y enfrentar restricciones cada vez mayores sobre el uso de agroquímicos, los bioplaguicidas aparecen como uno de los desarrollos con mayor potencial para transformar la protección de los cultivos en los próximos años.

