Biologicos

Nematodos: el INTA impulsa una solución biológica que mejora rindes

Investigadores del INTA Balcarce lograron avances clave con bacterias y hongos nativos para reducir el impacto de nematodos en cultivos hortícolas y mejorar la salud del suelo.

Lucia Beltran
Periodista agroalimentaria especializada en América Latina. Analiza mercados, innovación y el impacto de políticas públicas en el sector agroindustrial.

El INTA Balcarce, junto con investigadores del Conicet y la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNMdP, presentó avances en el uso de bacterias y hongos nativos para combatir nematodos en cultivos hortícolas bonaerenses, una problemática que afecta la productividad y la sanidad vegetal. El estudio cobra relevancia en un contexto donde el sector busca reducir el uso de agroquímicos y avanzar hacia sistemas más sustentables y rentables para el campo argentino.

Los nematodos fitoparásitos representan una de las principales amenazas para la horticultura intensiva. Estos organismos atacan las raíces de los cultivos, generan agallas y dificultan la absorción de agua y nutrientes, provocando pérdidas de rendimiento que, a escala global, pueden oscilar entre el 12 % y el 20 % de la producción agrícola.

El trabajo desarrollado por los especialistas se enfocó en microorganismos benéficos presentes naturalmente en los suelos agrícolas. Entre ellos se destacan los hongos del género Trichoderma, las micorrizas arbusculares y bacterias de los géneros Pseudomonas y Bacillus, reconocidos por estimular defensas naturales en las plantas.

Eduardo Mondino, especialista del INTA Balcarce, explicó que "los agentes biológicos constituyen una herramienta clave dentro del manejo integrado de enfermedades", especialmente en sistemas hortícolas donde la presión de plagas y enfermedades es elevada.

Nematodos: el INTA impulsa una solución biológica que mejora rindes

En ensayos realizados sobre tomate y lechuga, las cepas analizadas lograron disminuir la eclosión de huevos y reducir la supervivencia de larvas de Meloidogyne javanica, una de las especies de nematodos más agresivas para la producción hortícola.

Además, cuando las semillas de tomate fueron tratadas con Trichoderma y micorrizas, se observó una reducción significativa de agallas y masas de huevos en las raíces infectadas.

Uno de los aspectos más valorados por los investigadores es que estas estrategias biológicas permiten avanzar hacia modelos productivos con menor dependencia de insumos químicos y mayor equilibrio biológico del suelo.

Según Mondino, la doble inoculación con hongos benéficos permitió conservar la diversidad microbiana del suelo, un factor fundamental para mantener cultivos más resilientes frente a enfermedades y condiciones adversas derivadas del cambio climático.

En momentos donde la sustentabilidad y las buenas prácticas agrícolas ganan protagonismo en los agronegocios argentinos, este tipo de desarrollos aparece como una alternativa concreta para mejorar la competitividad de las economías regionales.

Los investigadores remarcaron que el control biológico no funciona de manera aislada, sino que debe integrarse con otras prácticas agronómicas. Entre ellas se destacan la rotación de cultivos, la selección de lotes libres de patógenos, el uso de enmiendas orgánicas y la incorporación de variedades resistentes.

La combinación de biotecnología, manejo integrado y conservación de la fertilidad biológica del suelo se perfila como una herramienta clave para sostener la productividad hortícola en la Argentina.

El avance científico impulsado desde el INTA Balcarce abre una nueva oportunidad para productores que buscan mejorar rindes, reducir costos asociados a fitosanitarios y responder a una demanda creciente por alimentos producidos bajo criterios de sustentabilidad y trazabilidad.

El trabajo de los equipos técnicos demuestra que la innovación aplicada al agro argentino no sólo apunta a incrementar la producción, sino también a construir sistemas más eficientes y equilibrados. En un escenario atravesado por mayores exigencias ambientales y presión sobre los costos productivos, los agentes biológicos comienzan a consolidarse como una herramienta estratégica para el futuro de la horticultura nacional.

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