Manejo del estrés climático

Bioestimulantes y citricultura: cómo sostener la rentabilidad frente a un clima más extremo

Calor, sequía y aire más seco presionan a los cítricos. Nuevos ensayos muestran cómo anticipar el estrés para sostener calibre, calidad y retornos.

Luis Ernesto Delgado
Redactor con base en EE.UU. que cubre mercados agrícolas, comercio agroalimentario y políticas públicas con foco internacional.

Durante el primer semestre de 2026, la citricultura volvió a poner el cambio climático en el centro de sus decisiones productivas, mientras Chile transitaba desde condiciones asociadas a La Niña hacia una fase neutral y aumentaban las señales de calentamiento del Pacífico. En ese escenario, investigaciones encabezadas por Johanna Mártiz, especialista en cítricos de la Pontificia Universidad Católica de Chile, aportan evidencia obtenida durante 2025 sobre una cuestión que impacta directamente en el negocio: cómo utilizar bioestimulantes, protectores solares y herramientas de monitoreo para evitar que el estrés térmico e hídrico termine transformándose en menor calibre, caída de fruta y pérdida de rentabilidad.

Calor y déficit hídrico: cuando el clima comienza a recortar el calibre

La dificultad no reside solamente en que los veranos sean más cálidos. La combinación de temperatura elevada, baja humedad relativa, sequía y salinidad altera directamente la fisiología del cítrico. Ante el calor, la planta incrementa inicialmente la evapotranspiración para refrigerarse, pero llega un punto en que necesita cerrar sus estomas para conservar agua. Allí disminuye el ingreso de CO?, cae la fotosíntesis y se reduce la disponibilidad de carbohidratos para alimentar los frutos. Los trabajos conducidos por Mártiz sitúan bajo investigación un umbral cercano a 28-30 °C, a partir del cual el incremento térmico puede dejar de ser beneficioso para transformarse en una restricción productiva.

Bioestimulantes y citricultura: cómo sostener la rentabilidad frente a un clima más extremo

Esto obliga también a reconsiderar indicadores tradicionales de la citricultura. Durante décadas, la acumulación de grados-día sirvió como referencia para seguir el desarrollo del cultivo, pero los registros analizados muestran que más temperatura acumulada no necesariamente significa más crecimiento. En algunas zonas se pasó de referencias cercanas a 1.300 grados-día acumulados a alrededor de 1.500, mientras que en Limarí se han registrado valores próximos a 2.100. El problema aparece cuando una parte de esa acumulación corresponde a temperaturas excesivas: contabilizar por igual un rango favorable y una ola de calor puede sobreestimar la capacidad efectiva de crecimiento de la planta.

Indicador climáticoEvidencia analizadaImpacto agronómico
Grados-día acumuladosDe referencias de 1.300 a 1.500 y hasta 2.100 según zonaMás acumulación no implica necesariamente más crecimiento
Temperatura críticaUmbral bajo estudio cercano a 28-30 °CMenor intercambio gaseoso y fotosíntesis
Olas de calorEpisodios superiores a 30 °C durante varios díasRiesgo para crecimiento y calibre
Déficit de presión de vaporAumenta con aire más cálido y secoMayor demanda hídrica sobre la planta
Sequía y salinidadMayor presión en zonas productoras septentrionalesEstrés combinado sobre raíces, follaje y fruta

Otro indicador gana así importancia: el déficit de presión de vapor (DPV), que permite interpretar cuánto "demanda" la atmósfera a la planta según temperatura y humedad. Los registros obtenidos en La Torina durante febrero de 2025 muestran jornadas de temperaturas máximas muy elevadas acompañadas por un aumento del DPV. Esta interacción resulta particularmente relevante porque un suelo con agua disponible no garantiza por sí solo que el árbol pueda mantener su actividad fisiológica si la demanda atmosférica es excesiva. Para los productores, el cambio conceptual es significativo: manejar el estrés requiere integrar clima, humedad del suelo, riego y respuesta de la planta en lugar de observar esas variables por separado.

Bioestimulantes: proteger la fisiología antes de que caiga la productividad

Es en ese punto donde los bioestimulantes adquieren interés económico. Los trabajos de Mártiz con Ascophyllum nodosum, un alga ampliamente utilizada en formulaciones agrícolas, muestran que la respuesta fisiológica puede comenzar entre 24 y 48 horas después de la aplicación y mantenerse aproximadamente entre cinco y siete días. En mandarinas W. Murcott, los tratamientos evaluados mejoraron variables vinculadas con la fotosíntesis y la conductancia estomática frente al testigo. El objetivo no es reemplazar el riego o la nutrición, sino sostener durante períodos críticos una planta fisiológicamente más activa y con mayor capacidad para enfrentar el estrés.

Bioestimulantes y citricultura: cómo sostener la rentabilidad frente a un clima más extremo

Los resultados permiten observar esa respuesta en diferentes momentos del desarrollo del fruto. Tanto durante la fase II como en la fase III, los tratamientos bioestimulantes mostraron mayor asimilación neta de CO? y mayor conductancia estomática que las plantas testigo en mediciones realizadas a las 48, 72 y 96 horas. La diferencia resulta relevante porque una mayor capacidad fotosintética implica mantener la generación de carbohidratos destinados al crecimiento del fruto justamente cuando las altas temperaturas tienden a restringirla. También aparecen como herramientas emergentes osmoprotectores como la prolina y la glicina betaína, orientados a reducir los efectos del estrés oxidativo y estabilizar proteínas celulares.

Momento de evaluaciónRespuesta fotosintéticaLectura productiva
48 horasBioestimulados por encima del testigoInicio rápido de la respuesta
72 horasSe mantiene ventaja en CO? y conductanciaMayor actividad bajo condiciones de estrés
96 horasPersiste una diferencia favorableEfecto fisiológico durante varios días
Fase II del frutoRespuesta positivaPeríodo decisivo para crecimiento
Fase III del frutoSe mantiene el efectoPotencial incidencia sobre calibre final

La otra evidencia de interés proviene del uso de protectores solares aplicados antes de períodos críticos de altas temperaturas. En el ensayo se realizaron tres aplicaciones separadas por 15 días desde fines de diciembre. El testigo tratado con agua produjo 18,3 kilos y 247 frutos por planta, mientras los dos tratamientos con protectores alcanzaron 25,6 kilos y 360 frutos, y 24,6 kilos y 356 frutos, respectivamente. La diferencia también apareció en los calibres de mayor interés comercial: la producción comprendida entre calibres 2x y 4 pasó de 14,9 kilos en el testigo a 21,4 y 19,8 kilos con los tratamientos. La respuesta conecta directamente manejo climático con ingreso potencial por hectárea.

TratamientoProducción por plantaCalibres 2x a 4
Agua/testigo18,3 kg - 247 frutos14,9 kg - 179 frutos
Protector solar 125,6 kg - 360 frutos21,4 kg - 276 frutos
Protector solar 224,6 kg - 356 frutos19,8 kg - 261 frutos

La conclusión agronómica es también empresarial. Frente a una mayor variabilidad climática, la rentabilidad citrícola dependerá crecientemente de anticipar el estrés y no solamente de reaccionar cuando el daño ya aparece en la fruta. Bioestimulantes, protectores solares, riego de precisión, nutrición equilibrada y sistemas de alerta deben funcionar como partes de una misma estrategia. Para una cadena agroexportadora, preservar fotosíntesis y calibre significa aumentar la proporción comercializable de la cosecha y proteger el valor agregado obtenido en campo. La tecnología, sin embargo, necesita validación sitio-específica: los resultados no justifican recetas universales, sino decisiones basadas en clima, variedad, carga, suelo y condición fisiológica de cada huerto.

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