Bioinsumos

Trichoderma: el hongo que protege cultivos, activa defensas y transforma la salud del suelo

Trichoderma dejó de ser visto solo como biocontrolador: protege raíces, activa defensas y mejora la respuesta vegetal frente al estrés agrícola.

Valeria Cortés Alvarado
Periodista con visión global, especializada en tendencias y comercio internacional, y en su impacto sobre las cadenas agroalimentarias de América Latina.

Durante el primer semestre de 2026, nuevos análisis sobre los mecanismos de Trichoderma, sustentados especialmente en décadas de investigaciones de Enrique Monte y Rosa Hermosa, del Instituto de Investigación en Agrobiotecnología (CIALE) de la Universidad de Salamanca, España, volvieron a dimensionar el papel de este género de hongos en la agricultura. El avance importa porque ya no puede considerarse únicamente un agente de biocontrol contra hongos fitopatógenos: puede estimular el crecimiento vegetal, colonizar raíces, intervenir en la rizosfera y preparar las defensas de la planta frente a enfermedades, plagas y determinados estreses abióticos.

La transformación conceptual es profunda. Desde que Weindling describió en 1932 el micoparasitismo de Trichoderma sobre Rhizoctonia solani, el conocimiento avanzó hasta convertirlo en uno de los microorganismos beneficiosos más estudiados de la agricultura. El equipo de Salamanca lleva más de cuatro décadas trabajando en su caracterización molecular y genómica, sus mecanismos de biocontrol y su interacción con las plantas. De ese recorrido surgieron incluso la primera patente biotecnológica de la Universidad de Salamanca y TUSAL®, identificado como el primer biofungicida comercial registrado en España y uno de los primeros cuatro de la Unión Europea.

Estructuras microscópicas de Trichoderma. La diversidad dentro del género explica por qué no todas las especies y cepas presentan el mismo comportamiento agronómico.

Estructuras microscópicas de Trichoderma. La diversidad dentro del género explica por qué no todas las especies y cepas presentan el mismo comportamiento agronómico.

De atacar hongos a activar la planta: las múltiples caras de Trichoderma

El primer dato que obliga a abandonar las generalizaciones es su enorme diversidad. El género Trichoderma comprende más de 460 especies descritas, mientras que un análisis comparativo de 33 genomas permitió organizarlas en diferentes clados y linajes. Para identificarlas con precisión se utilizan principalmente los marcadores moleculares ITS, tef1 y rpb2, con acl1 como complemento. Esto tiene una consecuencia directa para el productor: no todos los Trichoderma son iguales ni todas las cepas ofrecen las mismas prestaciones. Cada una puede desplegar diferentes enzimas y metabolitos, por lo que su elección debe considerar cultivo, objetivo sanitario y condiciones agroclimáticas.

En términos agronómicos aparecen tres grandes capacidades. La primera es el biocontrol directo, mediante micoparasitismo, antibiosis y competencia frente a patógenos. La segunda es la bioestimulación, relacionada con la promoción del crecimiento y desarrollo radicular mediante ácido indolacético (AIA), actividad ACC desaminasa y señalización hormonal. La tercera es el biocontrol indirecto o "priming", por el cual el microorganismo prepara a la planta para responder ante enfermedades, plagas o situaciones de estrés. Las tres funciones pueden operar simultáneamente y de manera sinérgica, multiplicando el interés de Trichoderma para los sistemas agrícolas modernos.

Función de TrichodermaCómo actúaValor agronómico potencial
Biocontrol directoMicoparasitismo, antibiosis y competenciaSupresión de hongos y oomicetos fitopatógenos
BioestimulaciónAIA, ACC desaminasa y señalización hormonalCrecimiento vegetal y desarrollo radicular
Biocontrol indirecto"Priming" e inducción sistémicaMayor respuesta ante enfermedades, plagas y estrés

Uno de sus mecanismos más conocidos es el micoparasitismo. Trichoderma detecta señales químicas del patógeno, entra en contacto con sus hifas, puede enrollarse alrededor de ellas y libera enzimas capaces de degradar sus estructuras. Su arsenal incluye glucanasas, quitinasas y proteasas. Los trabajos del grupo de Enrique Monte caracterizaron molecularmente siete enzimas relevantes en T. harzianum y comprobaron que el sobrenadante de su cultivo, incluso sin presencia del micelio, podía degradar progresivamente la pared celular de Botrytis cinerea hasta completar el proceso en siete horas.

Arsenal biológicoObjetivoResultado
GlucanasasGlucanos de la pared fúngicaDegradación de estructuras de fitopatógenos
QuitinasasQuitina de hongos, insectos y huevos de nematodosAmplía el espectro potencial de biocontrol
ProteasasProteínas estructuralesParticipan en diferentes mecanismos antagonistas
T. harzianumBotrytis cinereaDegradación de la pared celular en 7 horas

El alcance va más allá de los hongos. Monte y Hermosa también han documentado actividad frente a Meloidogyne, género de nematodos que forma nódulos en las raíces y ocasiona importantes pérdidas agrícolas. Las quitinasas y proteasas -entre ellas PRA1- pueden atacar sus huevos, mientras que experimentos con T. atroviride demostraron resistencia sistémica frente a M. javanica. El dato resulta especialmente interesante porque combina dos vías: una acción sobre el organismo perjudicial y otra que utiliza la capacidad defensiva de la propia planta.

El comportamiento microscópico ayuda a explicar por qué esta interacción es tan compleja. Trichoderma puede crecer activamente alrededor de otros microorganismos y establecer zonas de antagonismo, mientras que en las raíces su relación cambia: allí puede colonizar tejidos sin provocar el daño característico de un patógeno. Esta capacidad de alternar competencia, antagonismo y asociación con la planta es uno de los elementos que explica su versatilidad. No se trata solamente de un hongo enfrentándose a otro hongo, sino de un microorganismo capaz de intervenir en diferentes niveles del agroecosistema.

La relación con la planta comienza bajo tierra: las hifas de Trichoderma pueden colonizar la superficie y espacios internos de las raíces, una interacción clave para comprender su acción biológica

La relación con la planta comienza bajo tierra: las hifas de Trichoderma pueden colonizar la superficie y espacios internos de las raíces, una interacción clave para comprender su acción biológica

Una defensa vegetal que queda "en alerta"

Uno de los conceptos con mayores implicancias productivas es el "priming" o cebado de las defensas vegetales. Trichoderma no necesita mantener permanentemente activado el sistema inmunitario -lo que supondría un costo metabólico para el cultivo-, sino que puede dejarlo preparado para reaccionar con mayor rapidez ante una amenaza. El mecanismo involucra las rutas del ácido salicílico (SA), ácido jasmónico (JA) y etileno (ET). La magnitud de la respuesta depende de factores como la cepa, el nivel de inóculo y el genotipo vegetal, reforzando la necesidad de manejar los bioinsumos con criterios de agricultura de precisión.

Una experiencia realizada en Costa Rica aporta una dimensión práctica. En un trabajo de William Rivera-Méndez con T. asperellum frente a Sclerotium cepivorum, causante de la podredumbre blanca de la cebolla, se detectó producción de ácido salicílico uno y siete días después de la aplicación. A los 21 días el "priming" ya no aparecía a nivel de metabolitos, aunque permanecía una "memoria transcripcional". Para el manejo agronómico, el resultado es significativo: el momento y la frecuencia de aplicación pueden ser tan importantes como la cepa utilizada, porque la protección necesita sincronizarse con el período de mayor presión sanitaria.

EnsayoResultado observadoImplicancia agronómica
T. asperellum en cebollaAumento de SA a 1 y 7 díasEl "priming" presenta una dinámica temporal
Evaluación a 21 díasDesaparece la señal metabólicaLa frecuencia de aplicación puede ser determinante
Memoria transcripcionalPersiste después de la señal metabólicaLa planta mantiene información defensiva
Sistema "split-root"Protección sin contacto directoEvidencia de una respuesta sistémica

De la raíz al insecto: por qué Trichoderma puede reorganizar el agroecosistema

Una de las líneas más llamativas alcanza a Spodoptera frugiperda, el gusano cogollero, plaga de enorme relevancia para el maíz en América Latina. Investigaciones con T. atroviride identificaron los compuestos orgánicos volátiles 6-PP y 1-octen-3-ol. Cuando fueron incorporados experimentalmente a la dieta de las larvas produjeron efecto repelente, menor desarrollo y más del 50% de mortalidad. Las quitinasas de T. viride, por otra parte, mostraron actividad sobre estructuras con quitina de insectos, abriendo otra línea de interés para programas de manejo integrado de plagas.

El gusano cogollero (Spodoptera frugiperda), una plaga sobre la que Trichoderma muestra potencial para ampliar el biocontrol.

El gusano cogollero (Spodoptera frugiperda), una plaga sobre la que Trichoderma muestra potencial para ampliar el biocontrol.

Aún más compleja es la relación que puede establecerse indirectamente entre el microorganismo y los insectos. Un trabajo de Di Lelio publicado en PNAS determinó que el tratamiento de semillas de tomate con Trichoderma modificó el metaboloma de las hojas. Cuando larvas de Spodoptera littoralis consumieron ese tejido vegetal también cambió su microbioma intestinal y disminuyó la abundancia de Enterococcus casseliflavus, junto con su supervivencia, desarrollo y longevidad. La secuencia revela una cadena biológica extraordinaria: Trichoderma ? planta ? hoja ? insecto ? microbioma intestinal.

InteracciónMecanismoResultado documentado
T. atroviride ? S. frugiperda6-PP y 1-octen-3-olRepelencia, menor desarrollo y >50% de mortalidad
Trichoderma ? tomateModificación del metaboloma foliarCambios químicos en las hojas
Hoja ? S. littoralisAlteración del microbioma intestinalMenor E. casseliflavus
Microbioma ? insectoPerturbación de la comunidad bacterianaMenor supervivencia, desarrollo y longevidad

La rizosfera completa esta trama. Allí Trichoderma puede competir por nutrientes y espacio, acidificar su entorno y modificar la abundancia y composición de bacterias y hongos del suelo. También se ha documentado que T. harzianum puede colonizar endofíticamente raíces de olivo sin dañarlas, capacidad estudiada frente a Verticillium dahliae. En plantas sobre pies de acebuche colonizadas por Trichoderma, el planteo combina la resistencia natural del portainjerto con protección endofítica, mientras que esa colonización también aparece asociada al crecimiento y a la tolerancia frente a sequía y salinidad.

Para América Latina, estas capacidades adquieren relevancia por la diversidad de sistemas productivos, la presión de enfermedades y plagas y una variabilidad climática que obliga a buscar mayor resiliencia. Sin embargo, Trichoderma tampoco debe presentarse como una solución universal. La cepa, su identificación molecular, formulación, cultivo, patógeno objetivo, ambiente y momento de aplicación condicionan el resultado. El salto desde la investigación hacia una agricultura biológica a escala requerirá protocolos validados, trazabilidad, tecnificación y herramientas que permitan integrar estos microorganismos dentro del manejo agronómico, en lugar de utilizarlos como insumos aislados.

El cambio de paradigma está, finalmente, en dejar de preguntar solamente qué patógeno puede controlar Trichoderma. La cuestión que comienza a ganar terreno es qué procesos puede activar dentro de un sistema agrícola. Si un microorganismo puede parasitar hongos, actuar sobre estructuras de nematodos, producir metabolitos que afectan insectos, colonizar raíces, modificar relaciones microbianas y preparar las defensas vegetales, su valor excede ampliamente el concepto tradicional de biofungicida. Trichoderma emerge así como una herramienta biológica multifuncional capaz de conectar biocontrol, crecimiento vegetal, salud del suelo y resiliencia dentro de una misma estrategia productiva.

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