Logística

Chile se alista para mover su fruta al mundo y refuerza la logística aérea un 20%

La temporada de fruta fresca eleva la exigencia sobre aeropuertos y operadores, con la cadena de frío y los tiempos de despacho como puntos críticos.

Camila Vergara
Periodista especializada en frutas, normativas y comercio agroexportador. Cubre cadenas frutícolas, acceso a mercados y regulaciones con enfoque técnico y estratégico.

Chile comenzó a reforzar su logística aérea ante la próxima temporada de exportación de frutas, uno de los períodos de mayor movimiento para el transporte de productos perecederos del país. Entre las primeras medidas, una de las operaciones de carga incrementará 20% su dotación de personal respecto del año pasado para atender el crecimiento estacional de los embarques. El refuerzo apunta a sostener la recepción, inspección, almacenamiento y despacho de la mercadería sin comprometer tres variables decisivas para la competitividad de la fruta fresca: cadena de frío, trazabilidad y tiempos de entrega.

La preparación anticipada responde a una característica propia del negocio frutícola. A medida que avanza la cosecha y se concentran los despachos, grandes cantidades de producto deben atravesar en períodos relativamente cortos los distintos puntos de la cadena logística. En el caso de los envíos aéreos, esa presión es todavía mayor debido al valor de la mercadería y a la necesidad de aprovechar la velocidad del transporte para llegar a los mercados internacionales manteniendo las condiciones comerciales del producto.

Aerosan Chile, uno de los operadores que participa de esta logística, informó que el refuerzo de personal alcanzará las diferentes áreas involucradas en el movimiento de los cargamentos. La compañía no comunicó una estimación sobre el volumen de fruta que espera procesar durante la temporada, por lo que el aumento del 20% en la dotación no implica por sí mismo una proyección equivalente de crecimiento de las exportaciones, sino una ampliación de recursos para responder al período de mayor actividad.

La cadena de frío se vuelve decisiva cuando se acelera el movimiento de fruta

Desde que una partida ingresa a las instalaciones logísticas hasta que queda preparada para volar, atraviesa una secuencia que incluye recepción, controles, almacenamiento y despacho. La coordinación entre esas instancias cobra mayor importancia durante los picos de actividad, cuando un retraso puede extender la permanencia de la fruta antes del embarque. Mantener la temperatura adecuada durante todo ese recorrido es fundamental para preservar calidad y condición comercial, especialmente en productos que deben recorrer miles de kilómetros hasta llegar a destino.

La trazabilidad constituye otro componente central de la operación. La capacidad de identificar cada cargamento y acompañarlo durante las diferentes etapas facilita el control de los embarques y permite responder a las exigencias propias del comercio internacional de alimentos frescos. A esto se suman los procedimientos de seguridad y las inspecciones que deben completarse antes del despacho, procesos que requieren coordinación para evitar que el aumento de la carga termine generando cuellos de botella.

El transporte aéreo representa una alternativa especialmente relevante para aquellas frutas y operaciones comerciales en las que el tiempo constituye una variable crítica. Su principal ventaja es reducir considerablemente el período entre origen y destino, pero esa velocidad pierde valor si la mercadería acumula demoras antes de subir al avión. Por esa razón, la capacidad de procesamiento en tierra se convierte en una pieza tan importante como la disponibilidad del transporte durante los momentos de mayor demanda.

El desafío no termina en disponer de más trabajadores. Los equipos adicionales deben integrarse a una operación en la que almacenamiento refrigerado, controles, seguridad y despacho funcionan de manera encadenada. La preparación anunciada para esta temporada busca precisamente fortalecer esos puntos antes de que aumente la llegada de fruta a las terminales y se concentren los vuelos vinculados con las exportaciones.

Más capacidad logística para proteger el valor de la fruta exportada

Para el sector frutícola, el desempeño de esta etapa tiene una consecuencia económica directa. La mercadería que llega al aeropuerto ya concentra inversiones realizadas durante meses en producción, cosecha, selección, acondicionamiento y empaque. Una falla logística en el tramo previo al embarque puede afectar la calidad de un producto que debe ingresar a mercados internacionales en condiciones específicas, reduciendo el valor que conserva después de abandonar el campo.

Por ese motivo, la nueva temporada vuelve a poner el foco sobre la infraestructura que acompaña a la producción agrícola más allá de los establecimientos. La competitividad exportadora no depende únicamente de rendimiento y calidad en origen: también intervienen la capacidad de almacenamiento, el control de temperaturas, la disponibilidad de personal y la velocidad con la que los productos pueden superar las diferentes etapas hasta iniciar su viaje internacional.

La mayor dotación anunciada constituye así una preparación frente a un fenómeno estacional conocido: la temporada frutícola es uno de los períodos de mayor exigencia para la carga aérea chilena. Cuando los embarques comienzan a concentrarse, las terminales deben absorber un flujo superior de productos perecederos sin extender los tiempos de procesamiento ni interrumpir las condiciones necesarias para su conservación.

El 20% adicional de personal comenzará a tener un papel más relevante a medida que se intensifique el movimiento de fruta. La prueba para la logística será absorber ese incremento de actividad manteniendo coordinadas las etapas de recepción, inspección, almacenamiento y despacho, de manera que los productos puedan aprovechar la rapidez del transporte aéreo y llegar a sus destinos internacionales preservando la calidad con la que salieron de origen.

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