Comercio

Chile evalúa la piña de Bolivia para mantener abierto un comercio de más de 20 años

Chile revisó cultivos, empacadoras y controles sanitarios de la piña boliviana para renovar la certificación que sostiene sus exportaciones.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

Bolivia avanzó entre el 1 y el 4 de septiembre en la renovación de la certificación fitosanitaria que permite exportar piña fresca a Chile, luego de que técnicos sanitarios de ambos países inspeccionaran áreas productivas, plantas de empaque y el laboratorio oficial de diagnóstico vegetal en Cochabamba. El proceso es clave para mantener abierto un destino comercial habilitado desde 2002 y garantizar que la fruta boliviana continúe cumpliendo las condiciones exigidas para ingresar al mercado chileno.

La misión reunió a especialistas del Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (SENASAG) de Bolivia y del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) de Chile. Las actividades se desarrollaron en los municipios de Entre Ríos y Puerto Villarroel, dos zonas vinculadas con la producción de esta fruta en el departamento de Cochabamba.

La evaluación no se limitó a observar la fruta terminada. Los técnicos analizaron las condiciones de los sitios de producción y las instalaciones donde se acondiciona la piña antes de su comercialización, además de revisar los procedimientos utilizados para manejo, empaque, diagnóstico y certificación fitosanitaria.

Chile revisa la cadena antes de renovar la certificación

La inspección forma parte del proceso necesario para responder a los requisitos establecidos por Chile mediante la Resolución Exenta N.º 7883/2025. La revisión busca comprobar que los procedimientos aplicados en Bolivia permiten manejar los riesgos fitosanitarios asociados al movimiento internacional de fruta fresca.

Uno de los puntos centrales fue la visita al Laboratorio Oficial de Diagnóstico Vegetal. La capacidad de detectar e identificar organismos de importancia fitosanitaria constituye una pieza fundamental del sistema de certificación, ya que respalda los controles que se realizan antes de autorizar los embarques destinados al exterior.

También fueron evaluadas las plantas empacadoras. Allí se concentra una etapa decisiva antes de que la fruta salga del país, debido a que el acondicionamiento y la trazabilidad deben preservar las condiciones sanitarias alcanzadas durante la producción y responder a los protocolos establecidos por el país comprador.

Productores y técnicos de la cadena participaron de las jornadas de verificación, en las que se presentó el funcionamiento del sistema boliviano. La inspección conjunta permite a la autoridad chilena comprobar sobre el terreno cómo se aplican los procedimientos que respaldan los certificados fitosanitarios que acompañan a la mercadería.

Una relación comercial que comenzó en 2002

La importancia del proceso va más allá de una inspección puntual. Bolivia mantiene habilitado el acceso de piña fresca a Chile desde 2002, por lo que renovar la certificación permite sostener una relación comercial construida durante más de dos décadas.

Para los productores, conservar mercados externos depende cada vez más de poder demostrar el cumplimiento sanitario a lo largo de toda la cadena. Un protocolo de exportación no involucra únicamente controles fronterizos: comienza en el establecimiento productivo, continúa durante el acondicionamiento y termina con la certificación que acompaña a cada envío.

La revisión realizada en Cochabamba representa un avance dentro de ese procedimiento, aunque no equivale por sí sola a una nueva autorización definitiva. El objetivo es completar las verificaciones requeridas para renovar las condiciones que permiten mantener el flujo comercial hacia Chile.

La continuidad del mercado chileno ofrece una alternativa para la producción boliviana de piña y refuerza la necesidad de sostener estándares sanitarios capaces de responder a compradores internacionales. Para los establecimientos de Entre Ríos y Puerto Villarroel, mantener esa puerta abierta significa preservar un destino que la fruta boliviana construye desde hace más de 20 años.

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