Biodiversidad agrícola

Chile recupera más de 200 variedades de porotos y fortalece su patrimonio agrícola

Las semillas permanecieron resguardadas durante casi cuatro décadas en un banco genético de Colombia y ahora serán multiplicadas para recuperar cultivos tradicionales.

Camila Vergara
Periodista especializada en frutas, normativas y comercio agroexportador. Cubre cadenas frutícolas, acceso a mercados y regulaciones con enfoque técnico y estratégico.

Chile dio un paso relevante para preservar su patrimonio agrícola con la repatriación de más de 200 variedades tradicionales de porotos que permanecían conservadas desde hace casi cuatro décadas en un banco internacional de germoplasma en Colombia. Las semillas ya fueron trasladadas al centro INIA Quilamapu, en la ciudad de Chillán, donde iniciarán un proceso de multiplicación y conservación con el objetivo de que, en el futuro, vuelvan a cultivarse en las regiones donde históricamente formaron parte de la agricultura familiar.

La recuperación de este material genético llega en un contexto en el que la diversidad de cultivos tradicionales disminuyó de manera sostenida como consecuencia de los cambios en el uso del suelo, la expansión de sistemas productivos más especializados y la reducción del número de agricultores dedicados a las legumbres. Para investigadores y especialistas, conservar estas variedades representa una herramienta estratégica para fortalecer la biodiversidad agrícola y ampliar las opciones productivas frente a los desafíos que plantea el cambio climático.

Semillas conservadas durante décadas regresan a su lugar de origen

La colección fue conformada durante la década de 1990 a partir de un amplio trabajo de campo desarrollado por investigadores del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA). Los relevamientos incluyeron cientos de localidades distribuidas entre Arica y Chiloé, donde pequeños productores mantenían variedades locales de porotos adaptadas a diferentes condiciones ambientales.

Durante esas campañas se identificaron materiales que comenzaban a desaparecer debido al reemplazo progresivo de los sistemas tradicionales de producción. Para evitar su pérdida definitiva, las semillas fueron recolectadas, caracterizadas y conservadas dentro de los programas nacionales de recursos fitogenéticos.

Como parte de la estrategia de conservación, una copia de esa colección fue enviada al Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), ubicado en las cercanías de Cali, Colombia. Allí permaneció resguardada durante décadas dentro de uno de los bancos de germoplasma de legumbres más importantes del mundo.

Tras completar el proceso de repatriación, las semillas volverán a ser multiplicadas bajo condiciones controladas en INIA Quilamapu, garantizando su viabilidad antes de avanzar hacia futuros programas de evaluación y recuperación productiva.

Los investigadores explican que este trabajo permitirá conservar materiales con características genéticas únicas, muchas de ellas desarrolladas durante generaciones por agricultores familiares y adaptadas a distintos ambientes del territorio chileno.

La recuperación busca fortalecer la diversidad agrícola y la producción local

Los porotos forman parte de los cultivos originarios del continente americano y fueron domesticados por pueblos de Centroamérica y de la región andina mucho antes de la llegada de los europeos. En Chile, estas legumbres tuvieron un papel central en la alimentación y llegaron a convertir al país en un importante productor e incluso exportador hasta fines de la década de 1980.

Con el paso de los años, esa realidad comenzó a modificarse. La expansión de cultivos destinados a la exportación, el cambio de uso de los suelos y el ingreso de porotos importados a precios más competitivos redujeron considerablemente la superficie sembrada con variedades tradicionales.

Como consecuencia, numerosas semillas dejaron de cultivarse de manera comercial y sobrevivieron únicamente gracias a los programas de conservación genética impulsados por instituciones de investigación.

Para los especialistas, recuperar este patrimonio no solo tiene un valor histórico o cultural. La diversidad genética constituye una herramienta fundamental para desarrollar variedades con mayor adaptación a enfermedades, cambios climáticos y nuevas condiciones productivas, aspectos cada vez más relevantes para la agricultura moderna.

Además, disponer nuevamente de estos materiales abre oportunidades para fortalecer la agricultura familiar, impulsar programas de mejoramiento vegetal y diversificar la producción nacional de legumbres, reduciendo la dependencia de las importaciones.

La repatriación también se integra a una serie de iniciativas públicas y privadas que buscan revitalizar el cultivo de porotos en Chile, recuperar variedades locales y promover sistemas agrícolas más diversos y resilientes. Con el regreso de estas más de 200 variedades, el país recupera una parte de su historia agrícola y suma una nueva base genética para enfrentar los desafíos de la producción de alimentos en las próximas décadas.

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