El Niño se fortalece rumbo al verano y Chile podría enfrentar un giro en las lluvias
El calentamiento del Pacífico puede alterar las lluvias estivales del norte chileno, con efectos opuestos entre el Altiplano y la Precordillera.
El Niño continuará fortaleciéndose durante los próximos meses y podría llegar con una intensidad elevada al verano austral 2026-2027, justamente cuando el Altiplano y la Precordillera del norte de Chile atraviesan una etapa decisiva para sus precipitaciones. La evolución importa para la región porque el calentamiento del Pacífico puede modificar el transporte de humedad hacia los Andes, aunque sus efectos no necesariamente serán iguales en todo el territorio.
Mientras en buena parte del centro de Chile las precipitaciones se concentran durante el invierno, el extremo norte presenta una dinámica completamente diferente. Allí, una proporción relevante del agua que recibe el Altiplano cae durante los meses estivales, por lo que cualquier alteración de la circulación atmosférica puede modificar el comportamiento de las tormentas.
La presencia de un Pacífico tropical más cálido podría actuar, además, en dos direcciones. Por un lado, históricamente El Niño tiende a reducir las precipitaciones en sectores del Altiplano chileno. Por otro, un océano excepcionalmente cálido puede disponer de mayor cantidad de vapor de agua y favorecer episodios de precipitación cuando los vientos permiten que esa humedad avance hacia el continente.
Por qué El Niño puede reducir las lluvias sobre el Altiplano
Las precipitaciones estivales del Altiplano dependen en gran medida de la humedad transportada desde el interior de Sudamérica. Cuando los vientos del este dominan determinados niveles de la atmósfera, esa masa húmeda puede desplazarse hacia la cordillera y alimentar el desarrollo de tormentas.
El Niño puede interferir con ese mecanismo. El calentamiento de la troposfera tropical modifica los contrastes de temperatura y puede fortalecer los vientos del oeste vinculados al jet subtropical sobre los Andes centrales. Cuanto más intenso resulta ese flujo occidental, mayores son las dificultades para que la humedad procedente del este alcance el Altiplano.
Esta dinámica ayuda a explicar por qué los registros climáticos muestran que los veranos bajo influencia de El Niño suelen presentar, en promedio, menores precipitaciones en el Altiplano, especialmente en su sector occidental y más próximo al norte chileno. Durante episodios de La Niña suele observarse el comportamiento inverso.
Sin embargo, esta relación no permite anticipar de manera automática cómo será una temporada. Un evento El Niño no garantiza un verano seco, del mismo modo que La Niña tampoco asegura lluvias abundantes. La circulación regional, los vientos y la ubicación de las masas de humedad pueden modificar considerablemente el resultado.
Para las actividades productivas del norte chileno, esta incertidumbre tiene particular relevancia. La disponibilidad de agua condiciona explotaciones agrícolas y ganaderas de ambientes áridos y semiáridos, además de influir sobre reservorios y sistemas hídricos en territorios caracterizados por una oferta limitada del recurso.
Un Pacífico más cálido también puede alimentar tormentas
La otra variable se encuentra al oeste de la cordillera. En determinados episodios estivales, aire cargado de humedad puede desplazarse hacia el sur desde el Pacífico tropical, siguiendo las costas de Perú y el norte chileno. Si las temperaturas superficiales del océano son superiores a las habituales, aumenta también la capacidad de la atmósfera para contener vapor de agua.
Cuando esa masa húmeda alcanza el desierto de Atacama, las circulaciones que se desarrollan durante el día sobre las laderas occidentales de los Andes pueden impulsar el aire hacia mayores altitudes. El ascenso favorece la condensación, la formación de nubes y, bajo las condiciones adecuadas, las precipitaciones sobre sectores de la Precordillera.
Este transporte desde el norte puede representar una fuente importante de las lluvias estivales en determinadas zonas del Atacama. Por eso, un El Niño intenso plantea una situación más compleja que la simple asociación entre el fenómeno y menores precipitaciones.
Un Pacífico tropical oriental excepcionalmente cálido podría aumentar el volumen de humedad disponible. Si los patrones atmosféricos permiten transportarla hacia el continente, podrían producirse episodios de lluvias intensas aun dentro de una temporada marcada por El Niño.
Un antecedente relevante ocurrió en marzo de 2015, cuando el norte de Chile registró un episodio extraordinario de precipitaciones coincidente con el comienzo del evento El Niño 2015-2016. Aquella situación mostró hasta qué punto la combinación entre disponibilidad de humedad y circulación atmosférica puede desencadenar lluvias excepcionales en una de las regiones más áridas del planeta.
De cara al próximo verano, por lo tanto, la intensidad de El Niño será apenas una de las variables que habrá que seguir. La dirección de los vientos, la posición del jet subtropical, la temperatura del Pacífico oriental y el transporte de vapor de agua determinarán dónde y con qué intensidad podrán desarrollarse las precipitaciones.
El norte de Chile podría encontrarse así frente a un escenario de fuertes contrastes: condiciones menos favorables para las lluvias provenientes del este sobre el Altiplano, pero una mayor disponibilidad potencial de humedad desde el Pacífico hacia la Precordillera. La evolución de esos mecanismos durante los próximos meses será determinante para conocer el verdadero impacto del fenómeno sobre el agua, la agricultura y los territorios productivos de la región.

