Clima

Ciclón feroz golpea la costa bonaerense con vientos y olas devastadoras

Ráfagas de hasta 100 km/h, marejada histórica y frío polar impactan la provincia. El fenómeno extremo mantiene en alerta a productores y comunidades costeras.

Ignacio Rivero
Periodista especializado en agroindustria del Cono Sur. Analiza políticas públicas, mercados, infraestructura y cadenas de valor del sector agroalimentario.

ste sábado 9 de mayo, un ciclón extratropical alcanza su máxima intensidad en la provincia de Buenos Aires, afectando especialmente a la costa bonaerense con ráfagas de hasta 100 km/h, marejadas destructivas y un marcado descenso térmico, según el Servicio Meteorológico Nacional, un fenómeno que impacta de lleno en el campo por sus efectos sobre la infraestructura, la logística y la producción agropecuaria.

La profundización de este sistema de baja presión sobre el Atlántico Sur mantiene bajo alerta a gran parte del territorio bonaerense, exceptuando el extremo noroeste, en un escenario donde el clima vuelve a condicionar fuertemente la dinámica del agronegocio en Argentina. El lento desplazamiento del ciclón hacia el este prolonga sus efectos durante toda la jornada, generando un combo de riesgos que excede lo estrictamente meteorológico.

Las primeras consecuencias ya se evidenciaron en la madrugada, cuando la pleamar combinada con fuertes ráfagas provocó inundaciones en Monte Hermoso, con el ingreso del mar sobre zonas urbanas y cortes de energía, mientras que el puerto de Bahía Blanca quedó desbordado, afectando una pieza clave de la cadena de valor agroexportadora. Este punto resulta crítico: la operatoria portuaria es central para la comercialización de granos, especialmente en momentos donde el precio de los commodities y la logística definen la rentabilidad del productor.

El fenómeno no solo implica vientos intensos, sino también olas que podrían alcanzar los 7 metros, lo que incrementa el riesgo sobre infraestructura costera, rutas y accesos estratégicos. En términos productivos, esto puede traducirse en demoras en la salida de mercadería, complicaciones en el abastecimiento de insumos y mayores costos logísticos, afectando directamente la eficiencia del sistema.

A este escenario se suma el ingreso de una masa de aire frío de características polares, que desplomó la sensación térmica a valores propios del invierno. En el AMBA se registraron mínimas cercanas a los 4 °C, con sensaciones térmicas aún más bajas en zonas rurales, lo que impacta tanto en cultivos como en sistemas de ganado bovino, especialmente en esquemas extensivos donde la exposición climática es mayor. La sanidad animal y el manejo del feedlot también se ven condicionados por estas variaciones bruscas.

Desde la perspectiva técnica, este tipo de eventos refuerza la necesidad de avanzar en estrategias de adaptación frente al cambio climático, un factor cada vez más presente en la toma de decisiones del productor. Instituciones como el INTA vienen trabajando en herramientas de monitoreo y modelos predictivos que permiten anticipar impactos y mejorar la planificación, desde la siembra hasta la cosecha.

El domingo, en tanto, se espera que el sistema comience a desplazarse hacia el este, reduciendo gradualmente su intensidad, aunque todavía con efectos residuales sobre la costa. Sin embargo, el episodio deja en evidencia una tendencia que preocupa al sector: la creciente frecuencia e intensidad de eventos extremos que impactan de forma directa en el campo argentino, obligando a redoblar esfuerzos en innovación, infraestructura y gestión del riesgo.

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