Clima

El Niño: crecen las chances de un evento fuerte y alertan por lluvias

El fenómeno El Niño gana fuerza para 2026 con alta probabilidad. Preocupan lluvias intensas y su impacto en la producción agropecuaria.

Ignacio Rivero
Periodista especializado en agroindustria del Cono Sur. Analiza políticas públicas, mercados, infraestructura y cadenas de valor del sector agroalimentario.

El fenómeno climático El Niño 2026 comienza a consolidarse con alta probabilidad de ocurrencia durante el segundo semestre del año, según datos de la NOAA y el Servicio Meteorológico Nacional. El evento podría alcanzar una intensidad fuerte, con impacto directo en el campo argentino, especialmente por el aumento de lluvias en plena campaña gruesa, un factor clave para la producción y la rentabilidad.

Las proyecciones indican que las probabilidades de que se desarrolle El Niño superan el 90% para la primavera del Hemisferio Sur, mientras que existe más de un 25% de chances de que sea fuerte hacia el último trimestre del año. Este escenario implica un incremento de precipitaciones en la Cuenca del Plata, una de las regiones más importantes para la producción de granos en Argentina.

Pronóstico de El Niño 2026: las probabilidades superan el 90% para la primavera y más del 25% indican un evento fuerte hacia el trimestre octubre-noviembre-diciembre. Fuente: NOAA.

Pronóstico de El Niño 2026: las probabilidades superan el 90% para la primavera y más del 25% indican un evento fuerte hacia el trimestre octubre-noviembre-diciembre. Fuente: NOAA.

En línea con estas previsiones, el Servicio Meteorológico Nacional ya anticipa lluvias superiores a lo normal al menos hasta junio en amplias zonas productivas. Incluso antes de que el fenómeno se instale plenamente, la atmósfera comienza a mostrar señales de mayor inestabilidad y acumulados por encima del promedio.

Desde el punto de vista del agronegocio, el aumento de lluvias puede ser un arma de doble filo. Por un lado, mejora la disponibilidad hídrica en los perfiles del suelo; pero por otro, eleva el riesgo de anegamientos, inundaciones y excesos hídricos, especialmente en regiones como la Mesopotamia y sectores de la región pampeana.

Estos eventos tienen consecuencias directas sobre la cosecha, ya que la falta de piso complica el ingreso de maquinaria y puede provocar pérdidas de rinde. También impactan en la logística, dificultando el transporte de granos y afectando la comercialización en momentos clave.

Fuente: SMN

Fuente: SMN

La ganadería argentina tampoco queda al margen: en escenarios de lluvias intensas, el ganado bovino puede verse afectado por anegamientos en campos bajos o zonas ribereñas, con riesgos para la sanidad animal y la productividad.

El funcionamiento del fenómeno está vinculado al calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial, lo que altera la circulación atmosférica y modifica los patrones de precipitación en Sudamérica. En Argentina, este proceso suele traducirse en lluvias más frecuentes e intensas, con antecedentes históricos de eventos que generaron fuertes impactos productivos.

Un caso emblemático fue el ciclo 1997-1998, cuando un El Niño intenso provocó inundaciones significativas en provincias como Corrientes y Entre Ríos, afectando tanto la agricultura como la ganadería dentro de la cadena de valor agropecuaria.

El seguimiento de los pronósticos y la planificación de la siembra serán determinantes para minimizar riesgos en la próxima campaña. El comportamiento del clima en los próximos meses será clave para definir el impacto real de este fenómeno sobre el campo argentino.

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