Ondas ecuatoriales y El Niño: claves del fenómeno que podría intensificarse en 2026
Ondas oceánicas y vientos anómalos explican el posible El Niño 2026. Impacto clave en clima, agro y mercados globales.
El 4 de mayo de 2026, el meteorólogo italiano Daniele Ingemi explicó cómo las ondas ecuatoriales están desempeñando un rol determinante en el desarrollo de un posible evento de El Niño, un fenómeno climático que podría incidir directamente en la producción agrícola, los flujos comerciales y la seguridad alimentaria global en los próximos meses.
El fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), que ocurre cada 3 a 7 años, se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial, asociado al debilitamiento de los vientos alisios. Este proceso tiene efectos directos sobre las cadenas de valor agroalimentarias, ya que modifica los patrones de lluvias, temperaturas y eventos extremos que condicionan la productividad de cultivos estratégicos y la estabilidad de los mercados internacionales.
Las ondas de Kelvin emergen como el primer pulso oceánico que anticipa y activa el desarrollo del fenómeno de El Niño a escala global.
En este contexto, las ondas ecuatoriales emergen como el mecanismo físico clave que conecta la dinámica atmosférica con la respuesta oceánica. Estas ondas, que se generan en la franja ecuatorial y pierden intensidad fuera de ella, incluyen tanto componentes oceánicos como atmosféricos, siendo fundamentales en la evolución tanto de El Niño como de su fase opuesta, La Niña. Estudios recientes identifican además la presencia de ondas planetarias en niveles altos de la atmósfera ecuatorial, similares a las ondas de Rossby, que influyen en la circulación climática a escala global.
Entre los distintos tipos, las ondas de Kelvin cumplen un papel central en el inicio del fenómeno. Se desplazan rápidamente hacia el este transportando masas de agua cálida en profundidad, impulsadas por episodios de vientos del oeste asociados a la Oscilación Madden-Julian (MJO). Este mecanismo inhibe los alisios y empuja aguas cálidas hacia las costas de Sudamérica, donde interactúan con la corriente fría de Humboldt, reduciendo el afloramiento de aguas profundas y generando un aumento sostenido de la temperatura superficial del mar. Según los sistemas de monitoreo internacionales, como las boyas TAO/TRITON de la NOAA, un incremento superior a +1,5 °C durante tres meses consecutivos confirma oficialmente la presencia de El Niño.
Las anomalías térmicas superiores a +1,5 °C en el Pacífico, sostenidas durante tres meses, confirman el umbral crítico que marca el inicio oficial de un evento El Niño.
El impacto de estas dinámicas no se limita al sistema climático. Las variaciones térmicas en el Pacífico repercuten directamente en los mercados agrícolas globales, alterando rendimientos, disponibilidad de agua y riesgos productivos en regiones clave. Esto se traduce en volatilidad en los precios de commodities agrícolas, tensiones en la logística de exportación y mayores exigencias en términos de trazabilidad y normas fitosanitarias, especialmente en escenarios de eventos climáticos extremos.
A su vez, las ondas de Rossby cumplen un rol complementario, ya que participan en la finalización del evento y en la transición hacia La Niña. Estas ondas se desplazan hacia el oeste, se reflejan en el Pacífico occidental y generan nuevas ondas de Kelvin que regresan al este, promoviendo el ascenso de la termoclina y el retorno de aguas frías. Este ciclo, que puede extenderse entre seis y nueve meses, es parte de un sistema dinámico que también ha sido explicado por modelos como el oscilador de recarga-descarga, donde se alternan fases de acumulación y liberación de calor en el océano.
Las ondas de Kelvin impulsan el calentamiento que activa El Niño, mientras que las ondas de Rossby regulan su declive y marcan la transición hacia condiciones de La Niña en el Pacífico.
El seguimiento de estos procesos mediante tecnologías de monitoreo satelital, boyas oceanográficas y modelos climáticos avanzados permite anticipar la evolución del ENOS con varios meses de anticipación, lo que resulta estratégico para la toma de decisiones en el sector agropecuario. En un contexto de creciente variabilidad climática, los países de América Latina enfrentan el desafío de fortalecer su resiliencia productiva, mejorar su infraestructura y sostener su competitividad en el comercio internacional, en un escenario donde el clima se consolida como una variable estructural para los agronegocios.

