Clima

Temperaturas elevadas y lluvias normales: el escenario climático que condiciona los cultivos de verano

El verano avanza con un escenario climático exigente para el agro: más calor que lo habitual y lluvias dentro de lo normal. Un contexto que obliga a seguir de cerca la evolución térmica en pleno desarrollo de los principales cultivos.

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Con una campaña de trigo prácticamente finalizada, con el 95 % del área cosechada, y el maíz atravesando etapas clave de crecimiento, el clima vuelve a ser un factor determinante para la producción. Según los modelos del INTA Castelar, el trimestre enero-febrero-marzo se caracterizará por temperaturas medias normales a superiores a lo normal en gran parte del país, una señal que confirma la tendencia de los últimos veranos.

"La persistencia de valores térmicos más altos favorece la ocurrencia de períodos con temperaturas elevadas", explicó Natalia Gattinoni, especialista del Instituto de Clima y Agua. De acuerdo con el análisis, la primera parte de enero combinará pulsos cortos de calor con descensos térmicos, lo que podría aportar cierto alivio a la zona agrícola central. Sin embargo, hacia la segunda mitad del mes se espera un escenario más cálido, con impactos directos sobre los cultivos en etapas sensibles.

En el corto plazo, Vanesa Ramis, pronosticadora del mismo instituto, señaló que durante esta semana se prevé un descenso de las temperaturas máximas en el centro del país, asociado a las precipitaciones esperadas, con registros por debajo de los 30 °C. En contraste, el extremo norte podría seguir registrando valores cercanos a los 40 °C. Este respiro sería transitorio, ya que para la semana próxima se anticipa un nuevo y paulatino ascenso térmico, con máximas que podrían superar los 38 °C en amplias zonas del centro y norte argentino.

Desde el punto de vista hídrico, el panorama muestra matices. Según el Servicio Meteorológico Nacional, las precipitaciones se ubicarían dentro de los valores normales para la época en gran parte del territorio nacional, con mayores probabilidades de un trimestre normal a más húmedo en el noroeste y el sur del país. No obstante, el contenido de agua en el suelo refleja fuertes contrastes regionales.

Los modelos del INTA indican que diciembre cerró con niveles de agua útil entre 40 % y 70 % en la zona núcleo, aunque con una tendencia al desecamiento respecto de comienzos del mes. La situación es más crítica en el oeste y sur agrícola, donde se estiman valores inferiores al 10 %, mientras que el norte del país presenta reservas superiores al 70 %, incluso con excesos hídricos en sectores de Corrientes, Chaco y Formosa.

A este escenario se suma la evolución del ENSO, que actualmente muestra condiciones de La Niña débil, con más del 60 % de probabilidad de transición hacia una fase neutral durante el trimestre. Este debilitamiento del principal forzante climático explica la señal de lluvias cercanas a la normalidad que reflejan los pronósticos estacionales.

Gattinoni subrayó la importancia de interpretar correctamente esta información: los pronósticos estacionales son probabilísticos y no descartan desvíos puntuales. "Pueden darse eventos de escala más corta que modifiquen el comportamiento de un mes o de una región", advirtió, y recordó que los eventos extremos térmicos deben seguirse con pronósticos semanales.

Con calor persistente, lluvias ajustadas a la media y una distribución hídrica desigual, el verano plantea un desafío fino para el productor argentino. El seguimiento climático y las decisiones de manejo serán claves para atravesar un trimestre donde el termómetro vuelve a ser protagonista del rendimiento final.

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