Rescate para la caña en Colombia: buscan salvar 400.000 toneladas tras una crisis
Otros ingenios comenzaron a recibir la caña de productores afectados por la liquidación de La Cabaña. La operación busca evitar pérdidas en cultivos, empleo y patrimonio.
Un operativo entre productores e ingenios comenzó a movilizar unas 400.000 toneladas de caña que habían quedado comprometidas por la liquidación del Ingenio La Cabaña en Colombia. Incauca inició la cosecha y molienda la semana pasada y Mayagüez se incorporó posteriormente, según informó Procaña. La intervención resulta decisiva porque permite encontrar una salida productiva para cultivos que corrían riesgo de perder valor y ofrece un alivio económico a agricultores afectados por una crisis que también golpeó al empleo y a la actividad del norte del Cauca.
La operación comenzó con cultivos ubicados en El Hormiguero y Paso de La Bolsa, donde equipos de cosecha ingresaron a los lotes y las primeras toneladas pudieron ser enviadas a molienda durante el último fin de semana.
La tarea incluye cañas correspondientes a esquemas de cuentas en participación y arrendamiento. Además de recuperar la producción, el corte permite liberar los terrenos para que puedan volver a utilizarse en otras actividades agrícolas.
Mayagüez incorporó luego otro frente especialmente sensible: caña perteneciente a pequeños productores con superficies inferiores a 10 hectáreas, principalmente en la zona de Padilla.
La dimensión de la operación muestra hasta dónde llegó el impacto de la liquidación. Cuando un ingenio deja de recibir materia prima, el problema no queda dentro de sus instalaciones: alcanza rápidamente a productores que tienen cultivos listos para cortar, transportistas, contratistas y trabajadores vinculados con toda la cadena.
Una carrera contra el tiempo para que la caña no pierda su valor
La primera etapa contempla aproximadamente 400.000 toneladas de caña, cuya cosecha podría demandar entre tres y cuatro meses. El ritmo dependerá de la capacidad de corte, transporte y molienda, pero también de la distancia entre los lotes y las plantas que recibirán la materia prima.
Ese último punto es determinante. La caña es un cultivo que necesita una logística coordinada entre el momento del corte y su procesamiento industrial. Cuanto mayor es la distancia hasta el ingenio, más compleja y costosa resulta la operación, por lo que la ubicación de cada predio condicionará qué lotes pueden incorporarse al esquema.
A ese volumen se agregan cerca de 200.000 toneladas que actualmente tienen entre siete y ocho meses de desarrollo. Su cosecha no será inmediata y deberá evaluarse posteriormente según su evolución y las posibilidades operativas disponibles.
De concretarse ambas etapas, el volumen involucrado podría acercarse a 600.000 toneladas. Sin embargo, por ahora el objetivo confirmado está puesto en resolver la situación de las primeras 400.000 toneladas y garantizar que lleguen efectivamente a molienda.
Para los pequeños agricultores, encontrar un destino para la caña representa mucho más que recuperar una cosecha. Una producción que permanece en el campo sin posibilidad de comercialización inmoviliza capital, ocupa tierra y compromete los ingresos necesarios para continuar con el siguiente ciclo productivo.
Por eso, la posibilidad de derivar la materia prima hacia otros ingenios funciona como una herramienta para limitar el impacto económico de la liquidación, aunque desde el propio sector reconocen que no soluciona la totalidad del problema.
La crisis de La Cabaña dejó al descubierto el riesgo para toda la cadena
La situación que atraviesa el Ingenio La Cabaña tiene un trasfondo financiero profundo. La empresa ingresó formalmente en liquidación judicial el 18 de junio, después de acumular dificultades económicas y un elevado nivel de endeudamiento.
Los números muestran un deterioro sostenido. De acuerdo con la información financiera disponible, La Cabaña registró pérdidas superiores a $260.000 millones en 2025, después de haber cerrado también con resultados negativos los ejercicios anteriores.
Los ingresos, además, disminuyeron. Pasaron de alrededor de $411.000 millones en 2024 a unos $391.000 millones, mientras la pérdida se profundizó considerablemente. El deterioro terminó afectando una estructura productiva con décadas de presencia en la actividad azucarera colombiana.
La crisis tuvo consecuencias que excedieron a los accionistas y acreedores. La cadena de la caña involucra productores independientes, trabajadores rurales, transportistas, proveedores y comunidades cuya actividad económica depende directa o indirectamente de que la materia prima pueda ser cosechada y procesada.
Frente a esa situación, Procaña impulsó gestiones para conectar a los agricultores con otros ingenios y también avanzó en asesoramiento jurídico, presentación de acreencias y coordinación con autoridades municipales y organismos públicos.
Cada tonelada que consigue salir del campo y llegar a molienda permite recuperar parte del valor económico que estaba expuesto por la liquidación. Esa es la prioridad inmediata mientras continúa el proceso judicial y financiero de La Cabaña.
La directora ejecutiva de Procaña, Marcela Urueña Gómez, señaló que la articulación entre distintos actores comenzó a generar soluciones concretas para los productores, aunque advirtió que todavía queda una parte importante de la crisis por resolver.
El operativo ofrece así una salida para miles de toneladas que necesitan ser cosechadas, pero no elimina las consecuencias financieras acumuladas ni resuelve automáticamente la situación de todos los acreedores y trabajadores afectados.
Durante los próximos meses, la capacidad de los ingenios vecinos para absorber la producción será determinante para evitar que la crisis empresarial termine convirtiéndose también en una pérdida agrícola. Por ahora, 400.000 toneladas tienen una alternativa concreta y otras 200.000 esperan su turno, una carrera productiva y logística que puede definir cuánto del patrimonio de los cañicultores logra preservarse.

