Ganadería

Agua subterránea en Formosa: el error que puede generar grandes pérdidas en la ganadería

INTA y el SPAP alertaron que perforar sin estudios previos puede comprometer el abastecimiento de agua, afectar la producción ganadera y generar fuertes pérdidas económicas en los campos de Formosa.

Matías Cosenza
Periodista especializado en ganadería, avicultura y sanidad animal. Cubre mercados y tecnología aplicada a la producción pecuaria, con foco en la competitividad del sector agropecuario en América Latina.

Perforar un pozo sin conocer las características del subsuelo puede transformarse en una de las decisiones más costosas para un productor ganadero. Así lo advirtieron especialistas del INTA El Colorado y del Servicio Provincial de Agua Potable (SPAP) de Formosa, quienes remarcaron la necesidad de realizar estudios previos para garantizar el acceso a agua de calidad y evitar inversiones fallidas.

La advertencia cobra especial relevancia en una provincia donde el recurso hídrico es estratégico para la producción. Aunque el agua suele estar presente en gran parte del territorio, su calidad, profundidad y disponibilidad cambian drásticamente según la región, impactando directamente en la productividad de los establecimientos y en la rentabilidad del negocio ganadero.

"Los acuíferos no son homogéneos ni predecibles. Cada decisión debe basarse en información concreta del lugar y no en supuestos generales", explicó Mabel Amarilla, ingeniera hídrica e investigadora del INTA El Colorado.

Uno de los principales desafíos que enfrenta la producción ganadera en Formosa es la enorme variabilidad de los acuíferos. Según los especialistas, un pozo puede aportar agua apta para el consumo animal y otro, ubicado a pocos metros, presentar niveles elevados de salinidad.

Esta situación está relacionada con factores como el tipo de sedimentos, la profundidad del nivel freático, la composición geológica y la influencia de cursos de agua superficiales.

En el oeste provincial, particularmente en Ingeniero Juárez, predominan materiales finos como limos y arcillas, con una zona no saturada que supera los 15 metros de profundidad, lo que ralentiza los procesos de recarga.

Por el contrario, en áreas cercanas a la ciudad de Formosa, los especialistas identifican sedimentos más gruesos y niveles freáticos menos profundos, condiciones que favorecen una mayor infiltración y almacenamiento del agua.

La calidad del agua cambia con las lluvias y puede afectar al rodeo

Los monitoreos realizados por técnicos del INTA revelan que la calidad del agua también puede variar durante el año. En sectores cercanos al riacho El Porteño, por ejemplo, la conductividad eléctrica registra importantes cambios según las condiciones climáticas.

Durante períodos de sequía aumentan los niveles de salinidad, mientras que las precipitaciones y los aportes provenientes del Bañado La Estrella generan mejoras temporales en la calidad del recurso.

Por este motivo, los especialistas recomiendan realizar análisis físico-químicos periódicos antes de destinar el agua al consumo del ganado.

La calidad del agua influye directamente sobre la sanidad animal, la ganancia de peso y la eficiencia productiva de los rodeos, especialmente en regiones donde las temperaturas extremas incrementan el consumo hídrico.

Agua subterránea en Formosa: el error que puede generar grandes pérdidas en la ganadería

Desde el SPAP remarcan que una perforación no termina cuando aparece el agua. El paso siguiente consiste en realizar un ensayo de bombeo, una herramienta clave para conocer el verdadero comportamiento del pozo.

"Sin datos de recuperación, nivel estático, nivel dinámico y caudal disponible no es posible estimar la vida útil del sistema ni seleccionar correctamente el equipamiento de extracción", explicó el ingeniero en perforaciones Raúl Sosa.

Los técnicos advierten que muchas fallas se originan por pozos subdimensionados, bombas mal seleccionadas o por una demanda superior a la capacidad real de extracción.

El riesgo económico es significativo: una inversión mal planificada puede derivar en nuevas perforaciones, mayores costos operativos y problemas de abastecimiento durante los meses de mayor demanda.

Otro aspecto central es calcular correctamente la demanda hídrica del establecimiento.

Según los especialistas, durante los períodos de temperaturas extremas, un bovino puede consumir entre 80 y 100 litros de agua por día, una cifra que obliga a dimensionar adecuadamente la infraestructura de captación, almacenamiento y distribución.

Por eso, cada vez más productores incorporan estrategias complementarias que combinan reservorios de agua de lluvia, sistemas de almacenamiento y perforaciones diseñadas con criterios técnicos.

Desde el INTA y el SPAP coinciden en que el agua subterránea debe ser considerada como parte de un sistema integral de gestión.

La combinación de sequías prolongadas, lluvias intensas, variabilidad climática, cambios en los acuíferos y diferencias en los suelos exige una planificación basada en datos concretos y monitoreo permanente.

Para los especialistas, la principal conclusión es clara: conocer el subsuelo antes de perforar no representa un gasto adicional, sino una inversión estratégica que protege la producción, mejora la eficiencia y fortalece la sustentabilidad de la ganadería formoseña.

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