Ganadería

Bovino Criollo: la raza que gana protagonismo en la ganadería argentina

El INTA reafirma el valor del Bovino Criollo como estrategia clave para eficiencia y resiliencia en sistemas ganaderos.

AgroLatam
AgroLatam es una red de periodistas especializados en agroindustria y agroalimentación en América Latina. Produce contenidos editoriales colectivos sobre producción, mercados, comercio agropecuario, innovación y políticas del sector.

El Bovino Criollo Argentino dejó de ser una alternativa marginal para transformarse en una estrategia ganadera concreta. En un contexto donde la eficiencia productiva y la resiliencia son claves para sostener márgenes, especialistas del INTA destacan que esta raza combina adaptación, fertilidad y funcionalidad en sistemas cada vez más exigentes.

No es una moda ni una recuperación nostálgica. Es una decisión productiva.

Según explicó Carlos Reising, investigador del INTA y coordinador de proyectos vinculados al Criollo, se trata de una raza "definida, caracterizada y evaluada, con datos objetivos que respaldan su uso productivo". En otras palabras, no es discurso: hay información técnica que sostiene su desempeño.

El principal diferencial del Criollo es su comportamiento estable en ambientes desafiantes. Donde otras razas pierden consistencia, el Criollo mantiene productividad. Su rusticidad, fertilidad, facilidad de parto, sanidad y mansedumbre lo posicionan como una herramienta estratégica para planteos de cría en condiciones límite.

Pero el dato que rompe mitos es otro: su desempeño no se limita a zonas marginales. También muestra resultados sólidos en sistemas de la zona núcleo y regiones periféricas, ampliando su valor como alternativa transversal en la ganadería argentina.

En pureza, el Criollo permite conformar rodeos funcionales, con alta eficiencia reproductiva y estabilidad en el tiempo. La fertilidad y la longevidad favorecen la permanencia de las vacas en el rodeo, reduciendo costos de reposición y mejorando la tasa de destete. La mansedumbre simplifica el manejo. La habilidad materna mejora la supervivencia de terneros.

En un negocio donde cada punto porcentual de destete impacta en la rentabilidad final, estos atributos no son menores.

Pero hay un segundo frente donde el Criollo comienza a ganar terreno: los cruzamientos.

Para el INTA, el cruzamiento con Criollo es una herramienta todavía subutilizada a nivel nacional. Aporta rusticidad, facilidad de parto y adaptación al sistema, imprimiendo previsibilidad en rodeos que enfrentan variabilidad climática y presión productiva.

En un escenario donde el clima se vuelve más extremo y los costos más ajustados, la capacidad de respuesta genética deja de ser un detalle técnico para convertirse en un factor estratégico.

Bovino Criollo: la raza que gana protagonismo en la ganadería argentina

La amplitud geográfica del Bovino Criollo es otra señal de su potencial. Desde el norte hasta el sur del país, la raza demuestra capacidad de adaptación a distintos esquemas productivos. Esta versatilidad no es casual. Es resultado de un proceso histórico de selección natural y antrópica que consolidó rasgos de eficiencia y estabilidad.

La variabilidad genética es hoy uno de sus principales activos.

En este proceso, el rol del INTA resulta central. Desde hace décadas, el organismo desarrolla tareas de investigación, caracterización y conservación del Bovino Criollo. La Red de Bancos de Conservación y Mejoramiento del Bovino Criollo Argentino articula cuatro bancos in vivo y un banco de crioconservación distribuidos en distintas regiones del país.

No se trata solo de conservar la raza, sino de conservarla a través del uso productivo.

El trabajo se apoya en información genealógica y productiva que permite evaluar la performance en distintos ambientes. A través de una plataforma de gestión de datos desarrollada por el INTA, se integra información a escala de rodeo y poblacional, brindando herramientas concretas para la toma de decisiones.

La genética criolla, además, comienza a expandirse mediante la provisión de reproductores y material crioconservado, facilitando su incorporación en rodeos comerciales.

El mensaje de fondo es claro: el Bovino Criollo no es una reliquia histórica. Es una respuesta productiva a los desafíos actuales de la ganadería argentina.

En un contexto donde la rentabilidad depende de eficiencia reproductiva, adaptación al clima y estabilidad productiva, la genética vuelve al centro de la escena.

La pregunta que empieza a resonar en el sector es más amplia que la elección de una raza. Es estratégica: ¿puede la ganadería argentina sostener competitividad sin apostar a genética adaptada a su propio territorio?

Mientras los sistemas productivos enfrentan mayor presión climática, costos crecientes y mercados exigentes, el Criollo ofrece algo que hoy vale oro: previsibilidad.

La ganadería argentina se construyó sobre adaptación. Tal vez el futuro vuelva a estar, justamente, en esa capacidad.

© AgroLatam. Todos los derechos reservados. Queda prohibida su reproducción total o parcial sin autorización.
Esta nota habla de: