Ganaderia

Ganadería y monte: Córdoba impulsa un modelo que busca producir más

Un proyecto piloto apuesta a aumentar la producción ganadera y preservar el bosque nativo en una región clave del noroeste cordobés.

Matías Cosenza
Periodista especializado en ganadería, avicultura y sanidad animal. Cubre mercados y tecnología aplicada a la producción pecuaria, con foco en la competitividad del sector agropecuario en América Latina.

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), junto con el Gobierno de Córdoba, puso en marcha en junio de 2026 una experiencia piloto de Manejo de Bosques con Ganadería Integrada (MBGI) en el departamento Pocho, al noroeste provincial. La iniciativa busca aumentar la productividad ganadera sin comprometer la conservación del bosque nativo, un desafío clave para una región donde la producción y el ambiente suelen entrar en conflicto. El proyecto podría transformarse en un modelo replicable para otras zonas de Córdoba y del país.

La experiencia se desarrolla en un establecimiento rural de Chancaní, ubicado entre el Parque Nacional Traslasierra y la Reserva Forestal Natural Chancaní, una de las áreas más sensibles del Chaco árido cordobés. El planteo técnico propone integrar la actividad ganadera con prácticas de conservación ambiental, aprovechando las posibilidades que ofrece la Ley de Bosques en las áreas clasificadas como Categoría Amarilla, donde se permite la producción bajo criterios de sustentabilidad.

Ganadería y monte: Córdoba impulsa un modelo que busca producir más

Para los especialistas, el objetivo es claro: lograr que la conservación deje de ser vista como un costo y pase a formar parte del negocio productivo. "La propuesta apunta a integrar la ganadería con prácticas de bajo impacto, buscando una sinergia entre la producción de carne y el mantenimiento del monte nativo", explicó Torcuato Tessi, investigador del INTA Manfredi y coordinador del equipo técnico.

El plan comienza con un relevamiento integral del establecimiento para identificar los distintos ambientes productivos y ecológicos presentes en el campo. A partir de ese diagnóstico se determinan las áreas que deben conservarse y aquellas donde es posible realizar mejoras productivas, como la implantación de pasturas destinadas a incrementar la oferta forrajera.

La estrategia busca generar un equilibrio entre rentabilidad y sostenibilidad. "Necesitamos que el campo produzca más de lo que produce hoy, para que el productor viva mejor y para que conservar no sea un costo extra, sino parte del sistema", resumió Tessi.

El esquema contempla el uso de potreros y rotaciones que permitan manejar estratégicamente el rodeo. De esta manera, los animales podrán alternar entre zonas de conservación y sectores destinados a una mayor producción forrajera.

Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es el aprovechamiento del ganado como herramienta de manejo ambiental. En los sectores considerados de alto valor de conservación, el pastoreo será utilizado para reducir la acumulación de biomasa seca, disminuyendo así el riesgo de incendios forestales sin afectar la regeneración natural del bosque.

Al mismo tiempo, en las áreas degradadas o con menor cobertura vegetal se avanzará con la implantación de especies forrajeras adaptadas a las condiciones del Chaco árido. La combinación de ambas estrategias apunta a mejorar la productividad del sistema sin aumentar la presión sobre los recursos naturales.

La iniciativa forma parte del programa nacional de Pagos por Resultados REDD+, orientado a la reducción de emisiones derivadas de la deforestación y degradación de los bosques. El proyecto cuenta con financiamiento del Fondo Verde para el Clima y es implementado con apoyo de la FAO, en el marco de una estrategia nacional que busca fortalecer el manejo sustentable de los bosques nativos.

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Según explicaron desde el INTA, Argentina accedió a estos fondos tras acreditar una reducción de 18 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente entre 2014 y 2016 gracias a la disminución de la deforestación en regiones forestales críticas. La meta ahora es aún más ambiciosa: contribuir a evitar otras 10 millones de toneladas de emisiones mediante proyectos productivos sustentables en distintas provincias.

El equipo técnico, integrado por ingenieros agrónomos, forestales y biólogos, tendrá un año para elaborar el plan definitivo de manejo. La propuesta incluirá un cronograma de implementación de diez años, con inversiones, objetivos productivos y metas de conservación claramente definidas.

Una vez terminado, el proyecto deberá ser aprobado por la Secretaría General de Ambiente, Economía Circular y Biociudadanía de Córdoba y posteriormente validado por la FAO, organismo que autorizará el desembolso de los recursos. Además, el INTA continuará acompañando la ejecución mediante tareas de monitoreo y seguimiento para garantizar el cumplimiento de los objetivos establecidos.

La experiencia que se desarrolla en Pocho representa mucho más que un ensayo técnico. En una provincia donde la ganadería busca expandirse y donde la preservación de los recursos naturales gana cada vez más relevancia, el MBGI aparece como una alternativa para compatibilizar producción y sustentabilidad. Si los resultados son positivos, Córdoba podría contar con un modelo de referencia para demostrar que es posible producir más carne, mejorar los ingresos de los productores y conservar el monte nativo al mismo tiempo, una ecuación cada vez más valorada por los mercados internacionales y por los programas de financiamiento climático.

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