Ganadería y calor: claves del INTA para no perder producción
Con olas de calor más frecuentes, el INTA advierte que el agua, la sombra y la tecnología son decisivas para sostener la productividad del rodeo.
Buenos Aires, 24 de febrero de 2026. Frente a olas de calor cada vez más frecuentes, especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA)** difundieron recomendaciones para sostener la producción ganadera y evitar pérdidas durante el verano. El foco está puesto en el manejo del agua, la sombra y el monitoreo del rodeo, variables críticas que impactan directamente en el consumo, la ganancia de peso y la eficiencia reproductiva, en un contexto donde el estrés térmico dejó de ser un evento aislado para transformarse en una constante.
En los últimos veranos, la ganadería argentina tuvo que adaptarse a temperaturas extremas que afectan tanto a vacas de cría como a animales en recría y feedlot. El estrés térmico reduce el consumo de alimento, retrasa la ganancia de kilos y compromete la performance reproductiva. En un país donde la carne es emblema y motor de divisas, cada punto de eficiencia cuenta.
"El agua es el principal recurso que tiene el bovino para regular su temperatura corporal", explicó Sebastián Maresca, especialista del INTA en la Cuenca del Salado. Una vaca Angus de unos 500 kilos consume entre 40 y 50 litros diarios con temperaturas moderadas (alrededor de 18 °C). Pero cuando el termómetro supera los 30-32 °C, el requerimiento sube a 50 o 60 litros, y en plena ola de calor puede alcanzar 70 litros por día.
El tipo de alimentación también incide. Con forraje verde, el animal incorpora parte del agua a través del alimento y el consumo de bebida puede reducirse entre 10 y 20 %. En cambio, con pasto seco, rastrojos, rollos o dietas de feedlot con alta proporción de grano, el rodeo depende casi exclusivamente del bebedero. Como regla práctica, el consumo ronda entre 3 y 5 litros de agua por cada kilo de materia seca ingerida, lo que convierte al recurso hídrico en el principal factor limitante en verano.
Infraestructura: el cuello de botella silencioso
No alcanza con que el agua esté: debe ser accesible. En días críticos, los bebederos se transforman en el punto más vulnerable del sistema. Para evitar amontonamientos y competencia, el INTA recomienda asegurar entre 5 y 7 centímetros lineales de bebedero por animal durante el verano.
Otro aspecto clave es la reserva de agua. Los tanques australianos o reservorios deben dimensionarse pensando en los picos de consumo y no en el promedio anual. Un rodeo de 200 vacas puede demandar entre 14.000 y 16.000 litros diarios en una ola de calor. Contar con al menos tres días de reserva permite amortiguar fallas en molinos o falta de viento sin comprometer la producción.
La digitalización también llegó al manejo del agua. Sensores que miden niveles en tanques y funcionamiento de bebederos ya permiten recibir alertas en tiempo real vía WiFi o 4G. Esto posibilita detectar caídas de presión, fallas en bombas o consumos anormales antes de que el problema impacte en el rodeo.
Entre las soluciones más destacadas figuran las bombas sumergibles alimentadas con energía solar, una alternativa cada vez más utilizada ante la menor confiabilidad del viento. Hay equipos capaces de proveer 18.000 litros diarios -aptos para rodeos de hasta 200 vacas- y sistemas de 40.000 litros por día para establecimientos con unas 400 cabezas.
El monitoreo remoto mediante cámaras de alta definición también gana terreno. Instaladas en puntos estratégicos, permiten seguir el movimiento del rodeo y detectar rápidamente faltantes de agua o situaciones de estrés, reduciendo recorridas y mejorando la capacidad de respuesta.
La sombra artificial dejó de ser un lujo para convertirse en herramienta estratégica. Según datos de campo, las vacas sin sombra beben entre 15 y 25 % más que aquellas con cobertura adecuada, ya que acumulan mayor calor corporal y destinan más energía a regular su temperatura que a producir.
Ensayos en sistemas de engorde muestran que los animales con sombra mantienen mejor el consumo de alimento y reducen los picos de estrés en las horas de mayor radiación. La recomendación técnica es garantizar entre 4 y 6 metros cuadrados por vaca.
En un escenario de cambio climático y mayor variabilidad, la ganadería argentina enfrenta el desafío de adaptarse sin resignar competitividad. Ajustar infraestructura, incorporar tecnología y planificar el recurso agua ya no es opcional: es parte de la estrategia productiva. Porque en el negocio ganadero, cada litro cuenta y cada decisión impacta en el resultado final.

