Senasa endurece la lucha contra la garrapata y redefine el mapa ganadero
El Senasa actualizó el plan contra la garrapata bovina, creó nuevas zonas sanitarias y exigirá controles más estrictos.
El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) oficializó esta semana la Resolución 655/2026, mediante la cual actualizó el Plan Nacional de Control Integrado y Erradicación de la Garrapata bovina, incorporando nuevas zonas sanitarias y mayores exigencias de monitoreo. La decisión busca proteger las áreas libres del parásito, evitar su expansión y frenar la creciente resistencia a los tratamientos químicos. La medida tiene una fuerte relevancia económica, ya que la enfermedad provoca pérdidas productivas, mayores costos sanitarios y riesgos para la competitividad de la ganadería argentina, un sector clave para las exportaciones y el ingreso de divisas.
La normativa establece tres categorías epidemiológicas. Por un lado, se creó la Zona de Resguardo Sanitario (RS) para preservar los territorios naturalmente libres de garrapata. También se fijó la Zona de Erradicación (E), destinada a reducir la prevalencia del parásito hasta su eliminación, y la Zona de Control Poblacional con Monitoreo Voluntario (C), orientada a disminuir la carga parasitaria en regiones endémicas. Además, el país quedó dividido tomando como referencia el paralelo 31° de latitud sur, diferenciando las áreas aptas y no aptas para el desarrollo del ectoparásito.
Para la cadena ganadera, estos cambios implican nuevos desafíos logísticos y sanitarios, especialmente en el movimiento de hacienda entre regiones. Mantener el estatus sanitario resulta fundamental en un contexto donde la Argentina busca fortalecer su posicionamiento frente a competidores regionales como Brasil y Uruguay, países que también avanzan en estrategias para mejorar la productividad y consolidar mercados internacionales.
Bioensayos obligatorios y una nueva estrategia sanitaria
Una de las principales novedades es la implementación del Control Integrado de Garrapatas (CIG), una estrategia que deja atrás la dependencia exclusiva de productos químicos y promueve un enfoque multidisciplinario. El sistema contempla el control biológico, el manejo estratégico de potreros y la utilización de biotipos bovinos con mayor resistencia natural a la infestación.
A su vez, el Senasa dispuso la realización obligatoria de bioensayos garrapaticidas o test de sensibilidad en todos los establecimientos donde se detecte la presencia del parásito, tanto durante el tránsito de animales como en los campos de destino. También será obligatoria la notificación de cualquier hallazgo por parte de productores y técnicos acreditados. La preocupación oficial radica en el avance de la resistencia parasitaria, un fenómeno que encarece los tratamientos y amenaza la eficacia de las herramientas sanitarias disponibles.
Desde el Gobierno señalaron que la actualización del plan se sostiene en cuatro pilares: evitar el ingreso de la garrapata en zonas libres, garantizar la inocuidad alimentaria, impedir la propagación de la resistencia a los productos garrapaticidas y fomentar un manejo integrado del parásito.
La garrapata genera menores ganancias de peso, reducción de la productividad y mayores costos operativos, afectando directamente la rentabilidad de los establecimientos ganaderos. En momentos en que el sector muestra expectativas positivas por la recuperación de la actividad y el mayor interés de los mercados internacionales, preservar la sanidad animal se convierte en un factor estratégico para sostener exportaciones, atraer inversiones y mejorar la competitividad de la carne argentina. La nueva normativa apunta precisamente a anticiparse a un problema que, de expandirse, podría tener un significativo costo económico para toda la cadena bovina.

