Ganadería

Ganadería ConCiencia: más eficiencia y menor impacto ambiental

El INTA presentó avances científicos que mejoran productividad y captura de carbono en sistemas pastoriles, claves para la competitividad argentina.

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El INTA presentó nuevos avances científicos en el marco de Ganadería ConCiencia, que demuestran mejoras en eficiencia productiva y captura de carbono en sistemas pastoriles argentinos, un aporte clave en un contexto global donde los mercados exigen trazabilidad y menor huella ambiental.

La iniciativa, impulsada por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), reúne trabajos sobre manejo de pastizales, mediciones de carbono en suelos y adopción de tecnologías de precisión que ya demostraron impacto positivo tanto en productividad como en desempeño ambiental. En un escenario internacional cada vez más exigente, estos datos no son menores para la carne argentina.

La evidencia científica es clara: dos establecimientos con igual cantidad de animales pueden generar resultados muy distintos según su porcentaje de destete, la calidad y disponibilidad de forraje, el manejo reproductivo, la genética aplicada y el nivel de adopción tecnológica.

Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA e integrante de Ganadería ConCiencia, sostuvo que la eficiencia productiva surge de la incorporación de conocimiento y datos objetivos. En otras palabras, no se trata solo de cuántos kilos se producen, sino de cómo se producen.

En la práctica, esto implica medir no solo cuánto emite un animal, sino cuánta carne o leche genera a lo largo de su vida útil y cuánta superficie requiere para hacerlo. Esa relación entre productividad e impacto es la que define la intensidad de emisión por kilo producido, un indicador cada vez más observado por compradores internacionales.

Uno de los puntos más relevantes de los estudios es que gran parte de los pastizales templados, subtropicales y patagónicos del país pueden funcionar como sumideros de carbono cuando se manejan adecuadamente. Investigaciones de largo plazo sobre suelos muestran capturas significativas bajo esquemas de pastoreo bien planificados.

Los pastizales naturales no solo sostienen la base forrajera de la producción extensiva, sino que convierten biomasa no comestible por humanos en proteína animal de alto valor nutricional, con bajo uso de insumos externos. Además, regulan procesos ecológicos clave: ciclado de nutrientes, control de erosión, infiltración y almacenamiento de agua, estabilidad del suelo y mantenimiento de microclimas.

Desde la óptica productiva y ambiental, los sistemas pastoriles aparecen así como plataformas que integran producción, conservación y provisión de servicios ecosistémicos. En tiempos donde Europa y otros destinos avanzan con barreras paraarancelarias vinculadas a la huella de carbono, este diferencial puede transformarse en ventaja competitiva.

La ciencia y la experiencia de campo coinciden en que muchas de las soluciones no son futuristas ni prohibitivas en costos. El manejo rotativo de pastizales mejora oferta y calidad de forraje y eleva la producción por hectárea. La suplementación estratégica acorta ciclos, mejora ganancias de peso y reduce la intensidad de emisiones.

A eso se suma el manejo reproductivo eficiente -entore temprano e inseminación artificial a tiempo fijo (IATF)- que incrementa el porcentaje de destete y los kilos logrados por vaca. También avanzan los sistemas silvopastoriles, que combinan árboles y pasturas para mejorar confort animal y desempeño productivo.

El mejoramiento genético orientado a eficiencia alimentaria y menor emisión, junto con plataformas de fenotipado de consumo residual (RFI) y metano desarrolladas por el INTA, y la ganadería de precisión con sensores para monitoreo remoto, completan un paquete tecnológico que permite decisiones basadas en datos.

Son prácticas accesibles y de alto impacto: reducen pérdidas, aumentan producción y mejoran rentabilidad. En un país donde la discusión sobre retenciones, brecha cambiaria y competitividad es permanente, cada punto de eficiencia cuenta.

Los mercados internacionales demandan cada vez más trazabilidad ambiental, certificaciones y transparencia. En ese contexto, la combinación de sistemas pastoriles, conocimiento técnico acumulado y capacidad de medición posiciona a la Argentina con una oportunidad estratégica.

El desafío no pasa por cambiar la esencia de la ganadería nacional, sino por profundizar su profesionalización. Más datos, más tecnología y más eficiencia para sostener el agregado de valor y diferenciar una carne que, además de calidad, pueda demostrar desempeño ambiental.

En un tablero regional donde Brasil avanza con escala y Uruguay con certificaciones, la Argentina necesita mostrar evidencia. Ganadería ConCiencia aporta justamente eso: información sólida para competir mejor en un mundo que no solo compra kilos, sino también procesos.

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