Lecheria

Más litros, más sólidos y menos aire: la lechería cerró 2025 en alza, pero con alertas

La producción lechera creció 10% en 2025 y volvió a niveles superiores a 2022, pero la baja de los precios internacionales y la suba de costos encendieron alertas, especialmente para los tambos chicos y medianos.

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La lechería argentina cerró 2025 con una recuperación productiva contundente, aunque el tramo final del año dejó señales de advertencia que obligan a mirar con cautela el arranque de 2026. La producción total alcanzó unos 11.600 millones de litros, con un crecimiento interanual del 10%, lo que permitió revertir la caída de 2023 y 2024 e incluso ubicarse por encima de los niveles de 2022.

Fue un año productivamente excelente", sintetizó Jorge Giraudo, director ejecutivo del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA). Además del salto en litros, el sector mostró una mejora aún mayor en sólidos, que crecieron 12%, un dato clave para la industria y el agregado de valor.

En cuanto al destino de la producción, cerca del 74% se volcó al mercado interno, que logró recuperar alrededor de 7 puntos de consumo tras la fuerte caída registrada en 2024. Las exportaciones, en tanto, arrancaron el año con bajo dinamismo pero repuntaron con fuerza en el segundo semestre, especialmente entre septiembre y octubre, y cerraron con una participación cercana al 26%. Sin embargo, el cierre del año volvió a encender alarmas por la fuerte caída de los precios internacionales de las commodities lácteas. La leche en polvo entera, principal producto de exportación, pasó de valores cercanos a U$S 4.000 por tonelada en mayo a alrededor de U$S 3.300 hacia fin de año, afectando la competitividad externa.

En el plano del productor, el escenario también se fue tensionando. Durante buena parte de 2025, los precios resultaron "suficientes" porque los costos se mantuvieron relativamente contenidos. Pero esa relación comenzó a deteriorarse, sobre todo por el encarecimiento del maíz, principal insumo de la actividad. Mientras que meses atrás un litro de leche permitía comprar más de 2,5 kilos de maíz, hacia fin de año esa relación cayó a apenas 1,7 kilos. Con los costos de noviembre, los números del OCLA muestran que los costos ya superan a los precios en promedio, dejando a los tambos chicos y medianos con rentabilidad negativa, mientras que los establecimientos más grandes aún resisten gracias a escala y eficiencia.

Los datos de rentabilidad reflejan con claridad ese giro. En noviembre, la tasa de rentabilidad cayó al -0,3%, y el promedio de los últimos 12 meses descendió al 2,3%, luego de un período de alivio en el que se había mantenido cerca del 4%, con un pico del 5,8% en agosto de 2024. El impacto volvió a ser asimétrico: los tambos más chicos prácticamente no crecieron en 2025, mientras que los más grandes avanzaron entre 12% y 13%, concentrando la expansión del sector.

Mirando hacia adelante, el ingreso al período estacional de menor producción, con piso hacia abril, suma presión al arranque de 2026. Para Giraudo, uno de los principales desafíos pasa por el mercado interno. "Más que crecer en volumen, necesitamos que crezca en calidad de consumo, con productos de mayor valor agregado que generen más ingresos para toda la cadena", señaló. En el frente externo, el sector espera que se modere el crecimiento mundial de la oferta, que fue clave en la caída de precios, y confía en que después del primer trimestre de 2026 pueda haber cierta recomposición internacional, siempre que el tipo de cambio acompañe.

En este contexto, el OCLA proyecta para 2026 un crecimiento de entre 3% y 5% en la producción, impulsado por un fenómeno inercial y por los tambos que invirtieron en tecnología, ampliaron rodeos y mejoraron productividad individual. El potencial sigue siendo alto, pero, como advierte Giraudo, el desafío de fondo es convertir las ventajas comparativas en condiciones competitivas, con menor presión impositiva, más financiamiento, y una infraestructura básica -caminos, electrificación y desagües- que acompañe el desarrollo del sector.

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