Después de medio año de pérdidas, una señal cambia el ánimo de los productores lecheros
Los tambos lograron cerrar mayo con números positivos por primera vez desde 2025. La mejora abre expectativas, aunque los márgenes siguen siendo ajustados.
Aunque mayo permitió dejar atrás los balances negativos, los números todavía están lejos de los niveles que el sector considera necesarios para garantizar una actividad sustentable en el tiempo.
De acuerdo con el OCLA, una rentabilidad del 5% representa el umbral mínimo para cubrir adecuadamente el costo de oportunidad del capital invertido. Bajo ese parámetro, el precio de la leche debería haberse ubicado en torno a los $570 por litro para alcanzar una situación de equilibrio económico más sólida.
Los especialistas atribuyen la mejora observada en mayo a una combinación de factores. Por un lado, se registró una reducción en algunos insumos relevantes para la producción. Por otro, mejoró el valor recibido por la leche y el tipo de cambio evolucionó por debajo de la inflación, lo que contribuyó a aliviar parte de la presión sobre los costos.
Sin embargo, la recuperación no se distribuye de manera homogénea entre los distintos sistemas productivos. Los establecimientos de mayor escala lograron márgenes cercanos al 4%, mientras que los tambos medianos apenas alcanzaron el punto de equilibrio. En el caso de los establecimientos más pequeños, las dificultades para cubrir la totalidad de los costos continúan siendo una realidad.
Diferencias crecientes entre modelos productivos
El informe también pone en evidencia una brecha cada vez más marcada entre los distintos tipos de explotaciones lecheras.
Los tambos de mayor tamaño suelen contar con mejores niveles de tecnificación, una gestión más eficiente de los recursos y una mayor capacidad para distribuir los costos fijos sobre un volumen superior de producción. Esa combinación les permite alcanzar mejores índices de productividad y resultados económicos más favorables.
A esta diferencia estructural se suman las particularidades de cada región productiva. Aspectos como la infraestructura disponible, la productividad de los rodeos, el acceso a recursos estratégicos y los costos logísticos generan realidades económicas muy distintas según la zona del país.
Pese al alivio que representó mayo, algunos indicadores muestran que la recuperación sigue siendo frágil. Un informe complementario del OCLA señala que un tambo promedio argentino facturó, en términos reales, un 10,6% menos durante los primeros cinco meses del año, aun cuando la producción aumentó.
La principal explicación se encuentra en la caída del precio real de la leche, que retrocedió 18,6%, mientras que la producción creció 9,8%. En otras palabras, los productores lograron generar más volumen, pero recibieron menos ingresos reales por cada litro comercializado.
Por esa razón, dentro de la cadena láctea predomina una visión prudente. El regreso de la rentabilidad representa una señal alentadora después de varios meses complejos, aunque todavía resulta insuficiente para hablar de una recuperación consolidada.
El desafío para los próximos meses será sostener la mejora de los márgenes y transformarla en una tendencia duradera que permita recuperar inversiones, fortalecer la competitividad y devolver previsibilidad a una actividad clave para las economías regionales y el interior productivo argentino.

