El dólar golpea al café colombiano: cada carga ya perdió hasta $700.000 en un año
La revaluación del peso, las lluvias y el aumento de los costos reducen la rentabilidad de los caficultores. La Federación ajustó su previsión de cosecha y acelera un plan para agregar más valor al origen.
El café colombiano enfrenta uno de los escenarios más complejos de los últimos años. A las lluvias que alteraron el calendario de cosecha ahora se suma un peso cada vez más fuerte frente al dólar, una combinación que está reduciendo los ingresos de los productores y presionando la rentabilidad de uno de los principales productos de exportación del país. Según la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), cada carga de 125 kilos perdió cerca de $700.000 de valor durante el último año únicamente por efecto de la revaluación del peso.
La caída del tipo de cambio afecta directamente al sector exportador porque los productores venden su café en dólares, pero pagan salarios, fertilizantes, transporte y otros costos en pesos. Con un dólar que llegó a ubicarse por debajo de los $3.100, el margen económico de miles de caficultores comenzó a deteriorarse rápidamente.
De acuerdo con el gerente de la FNC, Germán Bahamón, por cada $100 que baja el dólar, el productor deja de percibir aproximadamente $75.000 por carga, una pérdida que se acumula en un contexto donde también crecieron los costos laborales y de producción.
El clima también obliga a revisar la cosecha
La situación cambiaria se suma a un año marcado por condiciones meteorológicas adversas. Las lluvias persistentes registradas durante el primer semestre modificaron el desarrollo normal del cultivo y retrasaron la cosecha en varias regiones cafeteras, especialmente en el sur del país.
Como consecuencia, la producción acumulada entre enero y junio cayó un 10%, hasta 5,5 millones de sacos, mientras que la cosecha de junio mostró un fuerte repunte debido al desplazamiento del calendario de recolección.
Frente a este escenario, la Federación considera que la producción nacional podría cerrar alrededor de 12,5 millones de sacos en 2026, por debajo de los cerca de 13 millones de sacos registrados durante los últimos doce meses.
A esa incertidumbre se suma la posibilidad de un fenómeno de El Niño durante el segundo semestre. Aunque un período seco moderado puede favorecer la floración del café, un episodio prolongado podría afectar el desarrollo de los cultivos y comprometer la próxima cosecha.
Para reducir ese riesgo, la Federación destinó $40.000 millones provenientes del Fondo de Estabilización de Precios del Café, complementados con otros $10.000 millones del Gobierno, para facilitar el acceso de los productores a fertilizantes y fortalecer la nutrición de los cafetales antes de una eventual sequía.
La apuesta ahora pasa por exportar más valor y no solo café
Mientras enfrenta la caída de la rentabilidad, la Federación también impulsa una estrategia para transformar la industria cafetera colombiana.
Entre las principales iniciativas presentadas al nuevo Gobierno figura la construcción de diez plantas regionales destinadas a comprar café en cereza y procesarlo cerca de las zonas productoras, permitiendo desarrollar cafés diferenciados y aprovechar los subproductos mediante esquemas de economía circular.
El plan también contempla la instalación de una planta de descafeinación en la región Caribe, aprovechando la cercanía con los puertos para reducir costos logísticos y responder al crecimiento del mercado internacional de cafés descafeinados.
A ello se suma la ampliación de la capacidad industrial de Buencafé Liofilizado, que actualmente procesa alrededor de 500.000 sacos por año y busca alcanzar los 700.000 sacos, incrementando las exportaciones de café soluble con mayor valor agregado.
La logística también forma parte de la estrategia. La Federación ya realizó sus primeras exportaciones a través de Puerto Antioquia y estima que, cuando el puerto alcance su capacidad operativa plena y se completen las obras viales, los costos logísticos podrían reducirse entre un 20% y un 25%.
Pese a las dificultades actuales, la dirigencia cafetera mantiene una visión positiva sobre el mercado internacional. El consumo mundial continúa creciendo y desde hace varios años la demanda supera a la oferta, una tendencia que sostiene las perspectivas de largo plazo para el café colombiano.
Sin embargo, el desafío inmediato es otro: recuperar competitividad en un contexto donde el tipo de cambio, el clima y los mayores costos internos están reduciendo la rentabilidad de miles de familias cafeteras. Para la Federación, agregar valor dentro de Colombia será la principal herramienta para enfrentar ese nuevo escenario y fortalecer la posición del país en el mercado mundial del café.

