Petróleo

La crisis en Ormuz lleva a Japón a comprar un millón de barriles de petróleo a México

El primer cargamento de crudo mexicano hacia Japón desde la crisis en Ormuz marca un giro estratégico en el comercio energético y fortalece la alianza entre ambos países.

Valeria Cortés Alvarado
Periodista con visión global, especializada en tendencias y comercio internacional, y en su impacto sobre las cadenas agroalimentarias de América Latina.

México enviará un millón de barriles de petróleo a Japón, en el primer embarque de este tipo desde que el conflicto en Oriente Medio alteró el tránsito por el estrecho de Ormuz. El cargamento, operado por Pemex y Cosmo Oil, llegará a territorio japonés el 17 de julio y representa mucho más que una operación comercial: es una respuesta estratégica para garantizar el abastecimiento energético de una de las economías más dependientes del petróleo importado.

La operación se concretó después de que el recrudecimiento del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán provocara fuertes restricciones sobre una de las rutas marítimas más importantes del planeta. Cada día, por el estrecho de Ormuz circulan alrededor de 20 millones de barriles de petróleo, cerca de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de crudo.

Con esa vía parcialmente comprometida, Japón aceleró la búsqueda de proveedores alternativos y encontró en México un socio capaz de responder rápidamente a una necesidad urgente.

El cargamento será transportado por los buques Eagle Kuantan y Eagle Kangar, que debieron modificar completamente su recorrido para evitar las zonas de mayor tensión militar. En lugar de atravesar las rutas tradicionales, navegarán alrededor del Cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica, antes de arribar a las refinerías de Yokkaichi y Chiba, operadas por Cosmo Oil.

La maniobra incrementa significativamente los costos logísticos, pero permite asegurar el suministro de combustible en un momento de alta incertidumbre para el mercado energético asiático.

Una alianza que trasciende el petróleo y fortalece la presencia de México en Asia

La operación comenzó a tomar forma durante una conversación entre la presidenta Claudia Sheinbaum y la primera ministra japonesa Sanae Takaichi, quienes coincidieron en reforzar la cooperación energética frente al nuevo escenario geopolítico.

Según la información oficial, el interés japonés por importar petróleo mexicano ya existía antes de ese diálogo, aunque la escalada del conflicto aceleró las negociaciones.

Japón depende históricamente del petróleo procedente de Oriente Medio. Antes del estallido de la crisis, más del 90 % de sus importaciones provenían de países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar, todos con salida marítima a través del estrecho de Ormuz.

Aunque Tokio había comenzado un proceso gradual de diversificación de proveedores durante 2025, el deterioro de la situación regional obligó a acelerar esa estrategia.

Para México, la operación también representa una oportunidad comercial. El país produce entre 1,65 y 1,8 millones de barriles diarios, de los cuales alrededor de 1,4 millones se destinan al procesamiento interno. El excedente disponible permite atender mercados externos cuando aparecen oportunidades con mejores condiciones comerciales.

La comercialización del cargamento está a cargo de PMI Comercio Internacional, la filial de Pemex responsable de las exportaciones de hidrocarburos.

La coyuntura también favoreció la competitividad del crudo mexicano. Durante las semanas previas al embarque, la mezcla Maya llegó a cotizar hasta ocho dólares por barril por debajo de su precio habitual y alrededor de cuatro dólares menos que el crudo Omán, uno de sus principales competidores en el mercado asiático.

Ese diferencial de precios convirtió al petróleo mexicano en una alternativa especialmente atractiva para las refinerías japonesas, que buscaban reemplazar parte de los suministros afectados por la crisis.

La ventaja comercial no se limitó al crudo. Cosmo Oil también recibió en mayo cargamentos de combustóleo de alto contenido de azufre, aprovechando diferencias de precio que superaron los 60 dólares por tonelada entre los mercados de Occidente y Asia.

Más allá del volumen exportado, el envío marca un cambio en el posicionamiento internacional de México. El país deja de ser únicamente un proveedor regional para consolidarse como un abastecedor estratégico capaz de responder rápidamente ante interrupciones en las cadenas globales de suministro energético.

Si la inestabilidad persiste en Oriente Medio, la operación entre Pemex y Cosmo Oil podría convertirse en el punto de partida de una relación comercial de mayor alcance, con nuevas oportunidades para el petróleo mexicano en el mercado asiático y una presencia más relevante de México en el tablero energético internacional.

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