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México dependerá como nunca del maíz importado y el USDA ya anticipa un récord

El USDA proyecta importaciones récord para 2027. La caída de la producción, el aumento de los costos y una demanda que no deja de crecer amplían la dependencia del cereal estadounidense.

Valeria Cortés Alvarado
Periodista con visión global, especializada en tendencias y comercio internacional, y en su impacto sobre las cadenas agroalimentarias de América Latina.

México está a las puertas de un cambio histórico en su mercado de granos. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) proyecta que las importaciones mexicanas de maíz alcanzarán 27 millones de toneladas durante la campaña comercial 2026/2027, el mayor volumen registrado hasta ahora. La combinación de menores cosechas, costos de producción en alza y una demanda creciente del sector pecuario profundiza la dependencia del cereal estadounidense y consolida a México como uno de los principales compradores mundiales de maíz.

El organismo estadounidense estima que las importaciones ya marcarán un máximo en el ciclo 2025/2026, con 26,5 millones de toneladas, para luego volver a crecer un 2% al año siguiente.

Si se cumplen estas previsiones, las compras externas habrán aumentado cerca del 68% en apenas cinco años, un cambio que modifica el mapa del comercio agrícola en América del Norte.

La mayor parte del maíz continuará llegando desde Estados Unidos, país que mantiene ventajas competitivas por disponibilidad, logística y precios.

La rentabilidad del cultivo cae mientras el consumo sigue creciendo

Detrás del incremento de las importaciones aparece una realidad que preocupa al sector productivo mexicano.

El USDA calcula que la cosecha nacional caerá hasta 24,3 millones de toneladas, un 2% menos que en la campaña anterior.

Los mayores costos de producción y los bajos precios internos reducen la rentabilidad del cultivo y comienzan a modificar las decisiones de siembra en regiones agrícolas estratégicas.

En Jalisco, Michoacán y Guanajuato, numerosos productores analizan disminuir la superficie destinada al maíz e incluso reemplazar parte del área por sorgo, un cultivo que requiere menores inversiones.

La presión sobre los márgenes se intensificó durante los últimos meses. En mayo, la urea aumentó 42% interanual, el fosfato diamónico subió 9% y el precio del diésel avanzó 7%, elevando significativamente el costo de producir cada hectárea.

Mientras la oferta pierde dinamismo, la demanda mantiene una trayectoria ascendente.

El crecimiento de la producción de carne de ave, cerdo y ganado continúa impulsando el consumo de maíz destinado a la elaboración de alimentos balanceados, ampliando la necesidad de abastecimiento externo.

A ello se suma el uso industrial del cereal para la producción de almidones, aceites y jarabes, segmentos que también sostienen un consumo firme.

Actualmente, cerca del 65% del maíz importado ingresa por ferrocarril desde Estados Unidos, mientras que el resto llega por vía marítima a través de los puertos del Golfo de México, consolidando una cadena logística cada vez más integrada entre ambos países.

El gobierno mexicano intenta amortiguar este escenario mediante programas destinados a mejorar la comercialización del maíz blanco, proteger el ingreso de los productores y facilitar el acceso a insumos.

Sin embargo, las proyecciones del USDA muestran que el crecimiento del consumo avanza más rápido que la capacidad de producción nacional.

Más que un récord estadístico, el nuevo máximo proyectado refleja una transformación estructural: México necesitará comprar más maíz del exterior para abastecer su mercado interno. Para Estados Unidos representa una oportunidad comercial de enorme magnitud; para los productores mexicanos, el desafío será recuperar competitividad en uno de los cultivos más estratégicos para la seguridad alimentaria del país.

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