El negocio ganadero entre México y EE.UU. perdió US$ 9.400 millones y espera volver a respirar
Tras 14 meses de restricciones al ganado mexicano por el gusano barrenador, la reapertura parcial de la frontera promete reactivar una cadena clave para la producción de carne en Norteamérica.
La decisión de Estados Unidos de cerrar durante 14 meses el ingreso de ganado en pie procedente de México por la detección del gusano barrenador del ganado (GBG) dejó un impacto económico estimado en US$ 9.400 millones para toda la cadena ganadera de ambos países. La habilitación prevista para fines de agosto del paso fronterizo de Agua Prieta, en Sonora, abre una nueva etapa para un negocio estratégico que abastece de hacienda a la industria cárnica estadounidense y representa una importante fuente de ingresos para los productores mexicanos.
El prolongado cierre alteró uno de los flujos comerciales más importantes del sector pecuario de Norteamérica. Mientras los ganaderos mexicanos perdieron acceso a su principal mercado de exportación, los corrales de engorde y las plantas frigoríficas estadounidenses enfrentaron una menor disponibilidad de animales para sostener su producción.
Las cifras del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA) reflejan la magnitud del impacto. Durante el período de restricciones, más de dos millones de cabezas dejaron de cruzar la frontera, lo que significó para México dejar de generar alrededor de US$ 2.400 millones en divisas, además de US$ 592 millones en pérdidas directas para los exportadores, que vieron frustradas sus oportunidades de comercialización.
La falta de ganado también golpeó a la industria cárnica estadounidense
Las consecuencias no quedaron del lado mexicano. La interrupción del suministro de ganado provocó que Estados Unidos dejara de producir cerca de 730.000 toneladas de carne bovina, afectando la actividad de los establecimientos de engorde y de las plantas procesadoras.
Según el GCMA, las pérdidas para esas empresas superaron los US$ 7.000 millones, una cifra que pone de manifiesto el alto grado de integración que existe entre ambos mercados. El intercambio de ganado en pie es una pieza central de la cadena de valor y cualquier interrupción repercute rápidamente sobre la oferta de carne y los costos de producción.
Para Juan Carlos Anaya, director del organismo, la continuidad de las restricciones respondió más a una decisión política que a fundamentos exclusivamente técnicos. Aun así, el especialista considera que la reapertura representa una oportunidad para recomponer el comercio y restablecer el funcionamiento habitual del mercado.
La reapertura genera expectativas a ambos lados de la frontera
El primer paso de la normalización llegará con la reapertura del cruce Agua Prieta-Douglas, prevista para finales de agosto. Posteriormente se incorporarían otros dos pasos fronterizos en el estado de Chihuahua, lo que permitiría recuperar progresivamente el flujo de exportaciones.
Durante el cierre, México encontró una vía alternativa para mantener parte de su presencia en el mercado estadounidense mediante las exportaciones de carne fresca, que alcanzaron 147.200 toneladas, un volumen 25% superior al registrado un año antes.
Mientras tanto, en el mercado interno mexicano los precios del ganado permanecen bajo presión debido a la amplia oferta disponible, ya que muchos animales que originalmente tenían destino de exportación fueron absorbidos por los corrales nacionales, cuya ocupación se ubica entre el 80% y el 90%.
Con la reapertura cada vez más cerca, los productores del norte de México esperan recuperar el ritmo de las exportaciones, aliviar el exceso de oferta local y restablecer un circuito comercial que durante más de un año condicionó el negocio ganadero en ambos lados de la frontera. La evolución de ese proceso será determinante para la disponibilidad de carne y la dinámica de precios en uno de los mercados más importantes de América del Norte.

