Aceite de soja toca máximo en dos años por suba del petróleo
El rally del crudo impulsa biocombustibles y tensiona flujos comerciales
El aceite de soja alcanzó este 2 de marzo su precio más alto en dos años en Chicago, tras subir hasta 3,9% en la rueda, impulsado por el fuerte repunte del petróleo en medio de la escalada del conflicto en Irán, un movimiento que impacta de lleno en el comercio agrícola de América Latina y en los mercados globales de biocombustibles.
El contrato más activo llegó a 63,54 centavos por libra, acumulando su sexta sesión consecutiva en alza, en un contexto donde el crudo registró previamente su mayor salto en cuatro años antes de moderarse. La relación es directa: precios energéticos más altos vuelven más competitivos al biodiésel y al etanol, incrementando la demanda de aceites vegetales y de materias primas agrícolas vinculadas a la transición energética.
Los aceites vegetales subieron en todos los ámbitos | Con precios que reflejan el repunte del petróleo crudo (CME, Burse Malaysia Derivatives,)
El fenómeno no fue aislado. El aceite de palma en Bursa Malaysia subió hasta 2,7% (4.151 ringgit por tonelada) y la colza en París avanzó hasta 2,9%, alcanzando máximos de más de seis meses. Los gráficos de la página 4 muestran cómo los valores de soja, palma y colza replicaron el rally del crudo, evidenciando la creciente interdependencia entre las cadenas de valor agroalimentarias y el mercado energético global.
Para América Latina, principal exportadora mundial de soja y derivados, el movimiento implica una mejora en los precios FOB y en los márgenes de industrialización, pero también introduce mayor volatilidad en los flujos comerciales, presión sobre la logística de exportación y posibles cambios en los precios CIF hacia destinos estratégicos.
El impacto se extendió al complejo azucarero. El azúcar blanco en Londres trepó hasta 3,3%, alcanzando los US$421 por tonelada, su nivel más alto en casi un mes, mientras el azúcar sin refinar también repuntó en Nueva York. El gráfico de la página 5 confirma que el azúcar reaccionó en línea con el petróleo, reforzando la expectativa de que Brasil, mayor productor global, derive más caña hacia etanol en detrimento del edulcorante exportable.
El azúcar también subió en respuesta al aumento de los precios del petróleo.(ICE Futures)
Este reequilibrio productivo puede modificar la balanza comercial regional y tensionar la oferta disponible para importadores en África, Medio Oriente y Asia. Además, la escalada geopolítica reavivó temores sobre eventuales disrupciones en el estrecho de Ormuz, un punto neurálgico para el comercio energético mundial. Operadores del sector advierten que algunos buques estarían evitando la zona o exigiendo tarifas de flete más altas, lo que podría encarecer los costos logísticos y afectar los flujos comerciales hacia países del Consejo de Cooperación del Golfo.
En este escenario, el comercio agrícola de América Latina vuelve a mostrar su sensibilidad frente a variables externas como conflictos geopolíticos, variaciones en el precio del crudo o cambios regulatorios en los mercados energéticos. La región, integrada a través de esquemas como MERCOSUR y la Alianza del Pacífico, enfrenta el desafío de sostener competitividad en un contexto de mayor incertidumbre, fortaleciendo su infraestructura portuaria, diversificando destinos y profundizando la integración regional.
A mediano plazo, el alza de los aceites vegetales abre oportunidades para capturar mayor valor agregado, impulsar la industrialización del complejo sojero y acelerar inversiones en biotecnología, agricultura digital y trazabilidad, factores cada vez más relevantes en las tendencias de consumo global y en las exigencias de sustentabilidad en agronegocios.
El repunte del aceite de soja confirma que el agro latinoamericano no solo es clave para la seguridad alimentaria, sino también para la seguridad energética global. Sin embargo, también expone la necesidad de fortalecer la resiliencia productiva, mejorar el acceso al financiamiento y consolidar estrategias de diversificación de mercados frente a un tablero internacional donde energía, geopolítica y alimentos están más interconectados que nunca.

