Guerra en Medio Oriente impacta siembra global y presiona costos agrícolas
El alza de combustibles y fertilizantes tras el conflicto entre EE.UU. e Irán redefine decisiones productivas en Australia, con impacto potencial en la oferta global de granos y en los precios hacia 2027.
El conflicto entre Estados Unidos e Irán, iniciado a fines de febrero de 2026, ya está generando efectos concretos en la producción agrícola global, con productores australianos ajustando sus decisiones de siembra ante el fuerte aumento de costos, una dinámica que podría impactar directamente en América Latina, Estados Unidos y los mercados internacionales de alimentos.
En Australia, uno de los principales exportadores mundiales de trigo, el impacto fue inmediato: los precios del diésel casi se duplicaron hasta alcanzar los A$3 por litro, mientras que los fertilizantes superaron los A$1.600 por tonelada, niveles que obligan a replantear la rentabilidad de los cultivos. Productores como Geoff Cosgrove, en Australia Occidental, enfrentan ahora decisiones críticas sobre qué sembrar y cuánto invertir en insumos clave.
El conflicto, que lleva más de seis semanas, alteró el comercio global al afectar el tránsito por el estratégico Estrecho de Ormuz, una ruta clave para el transporte de energía, fertilizantes y materias primas industriales. Esta disrupción no solo elevó los costos, sino que también introdujo una fuerte incertidumbre sobre la disponibilidad de insumos, un factor determinante en plena ventana de siembra.
Geoff Cosgrove produce granos, oleaginosas y ganado en su establecimiento ubicado cerca de Mingenew.
Australia inicia su campaña de invierno entre marzo y abril, con cultivos clave como trigo, cebada y canola. Sin embargo, el encarecimiento del nitrógeno está llevando a muchos productores a priorizar cultivos menos intensivos en fertilizantes, como legumbres, o incluso a reducir superficie sembrada. En el caso de Cosgrove, la estrategia ya cambió: comenzó con canola -más rentable en el corto plazo- y planea avanzar con lupinos en lugar de trigo.
Este fenómeno no es aislado. Productores en Europa, Asia y África también enfrentan presiones similares, con viticultores italianos afectados por el aumento del diésel, agricultores en India incentivados a reducir el uso de fertilizantes y productores de arroz en Bangladesh con dificultades para operar sistemas de riego por falta de combustible. La señal es clara: la crisis energética vuelve a trasladarse directamente al sistema agroalimentario global.
La familia de Cosgrove trabaja este establecimiento en Australia Occidental desde 1977. Fuente: Geoff Cosgrove.
Para América Latina, este escenario abre un doble frente. Por un lado, países como Brasil y Argentina podrían beneficiarse si la menor siembra en Australia reduce la oferta global de trigo, impulsando precios. Pero, al mismo tiempo, la región también enfrenta una alta dependencia de fertilizantes importados, especialmente desde Medio Oriente, lo que podría replicar la presión de costos en plena campaña agrícola.
En Estados Unidos, si bien el impacto inmediato es menor por su mayor autosuficiencia energética, los analistas advierten que una prolongación del conflicto podría trasladarse a los costos agrícolas y afectar la competitividad global del país, especialmente en cultivos intensivos en insumos.
A diferencia de la crisis generada por la guerra en Ucrania, donde los precios del trigo se dispararon, el mercado actual muestra una dinámica más contenida, con valores que rondan los US$6 por bushel, debido a buenas cosechas previas. Sin embargo, las decisiones de siembra que se están tomando hoy podrían tensionar la oferta global en los próximos ciclos, especialmente si los costos se mantienen elevados.
El mayor riesgo no es solo el precio actual, sino la incertidumbre, un factor que condiciona inversiones, planificación y estrategias productivas en todo el mundo. En este contexto, lo que sucede en los campos de Australia deja de ser un fenómeno local para convertirse en una señal anticipada de lo que podría replicarse en otros sistemas agrícolas.

