Agro en América Latina: qué países crecerán más en 2026 y 2027 y dónde aparecen oportunidades para el sector
La CEPAL actualizó sus previsiones para 2026 y 2027. El nuevo mapa económico anticipa oportunidades y riesgos para el agro latinoamericano.
La CEPAL actualizó este jueves 20 de agosto sus proyecciones económicas para América Latina y el Caribe y mantuvo en 2,2% la previsión de crecimiento regional para 2026, mientras anticipó una expansión del 2,5% en 2027. El nuevo escenario importa especialmente para el agro porque detrás del promedio aparecen fuertes diferencias entre países que pueden modificar el consumo de alimentos, la inversión, el financiamiento, la infraestructura y los flujos comerciales. Guyana liderará ampliamente el crecimiento, mientras Cuba enfrentará la mayor contracción, en una región condicionada por problemas estructurales de productividad e inversión.
Para productores, cooperativas, agroindustrias, exportadores e inversores, las cifras ofrecen mucho más que una fotografía macroeconómica. El crecimiento del PIB influye sobre la demanda interna, el crédito, las inversiones productivas y la capacidad de importar alimentos, insumos, maquinaria y tecnología. También puede determinar el ritmo de las inversiones públicas y privadas en logística agropecuaria, infraestructura portuaria y vial, riego, almacenamiento y conectividad. En una región con una fuerte ventaja comparativa en commodities agrícolas, conocer qué mercados aceleran y cuáles pierden dinamismo permite anticipar oportunidades dentro de las cadenas de valor agroalimentarias.
Guyana se ubica muy por encima del resto, con un crecimiento proyectado del 16,2% en 2026 y 19,7% en 2027, principalmente por el auge de los hidrocarburos. Aunque el motor no sea agropecuario, semejante expansión puede generar efectos indirectos sobre consumo, infraestructura, inversión y demanda de alimentos. También sobresalen Venezuela, Panamá, Paraguay, Nicaragua, Guatemala y República Dominicana, mercados con estructuras productivas diferentes, pero que pueden ofrecer oportunidades vinculadas al comercio agroalimentario, provisión de insumos, tecnificación, inversión y diversificación de mercados para empresas de distintos países latinoamericanos.
Las tres grandes economías con fuerte incidencia sobre los mercados agrícolas regionales presentan velocidades diferentes. Brasil crecería 2,2% en 2026 y 2,2% en 2027; México avanzaría 1,3% y 1,9%; y Argentina, 3,3% y 3,4%, respectivamente. Su evolución resulta estratégica por el tamaño de sus mercados y su inserción internacional. México mantiene cadenas agroalimentarias profundamente integradas con Estados Unidos mediante el T-MEC, mientras Brasil y Argentina tienen una elevada participación en los flujos globales de soja, maíz, carnes y otros productos agroindustriales, con China, Estados Unidos y Europa entre los destinos que condicionan el comercio regional.
Del crecimiento económico al negocio agropecuario: el mapa regional 2026-2027
El escenario cambia considerablemente según cada subregión. Sudamérica crecería 2,5% tanto en 2026 como en 2027, mientras Centroamérica desaceleraría hasta 1,6% este año antes de recuperarse al 2,8% durante el próximo. El Caribe avanzaría 5,6% en 2026 y 7,9% en 2027, aunque el extraordinario desempeño de Guyana eleva significativamente ese promedio. Para el comercio agroalimentario, estas diferencias pueden modificar la demanda de alimentos y los movimientos de productos entre países, además de abrir posibilidades de diversificación de mercados para compañías capaces de responder a cambios en consumo, precios internacionales y condiciones financieras.
Proyección de crecimiento del PIB en América Latina y el Caribe 2026-2027
| País | PIB 2026 | PIB 2027 |
|---|---|---|
| Antigua y Barbuda | 3,5% | 3,5% |
| Argentina | 3,3% | 3,4% |
| Bahamas | 2,0% | 2,2% |
| Barbados | 2,5% | 2,2% |
| Belice | 2,5% | 2,3% |
| Bolivia | 0,5% | 0,8% |
| Brasil | 2,2% | 2,2% |
| Chile | 1,6% | 2,2% |
| Colombia | 2,6% | 2,5% |
| Costa Rica | 3,7% | 3,9% |
| Cuba | -10,3% | -5,1% |
| Dominica | 3,1% | 2,8% |
| Ecuador | 2,4% | 2,5% |
| El Salvador | 3,9% | 3,7% |
| Granada | 3,5% | 3,5% |
| Guatemala | 4,0% | 4,1% |
| Guyana | 16,2% | 19,7% |
| Haití | -1,9% | -0,7% |
| Honduras | 3,5% | 3,7% |
| Jamaica | -1,2% | 2,5% |
| México | 1,3% | 1,9% |
| Nicaragua | 4,5% | 4,0% |
| Panamá | 4,4% | 4,6% |
| Paraguay | 4,3% | 4,0% |
| Perú | 3,2% | 3,3% |
| República Dominicana | 4,0% | 4,4% |
| Saint Kitts y Nevis | 2,0% | 2,5% |
| San Vicente y las Granadinas | 3,0% | 2,6% |
| Santa Lucía | 2,0% | 1,5% |
| Suriname | 3,5% | 4,4% |
| Trinidad y Tobago | 0,8% | 1,5% |
| Uruguay | 1,5% | 2,2% |
| Venezuela | 6,5% | 6,5% |
Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2026. Proyecciones actualizadas en agosto de 2026.
En el extremo de menor dinamismo aparece Cuba, con una contracción proyectada del 10,3% en 2026 y del 5,1% en 2027. Haití también permanecería en terreno negativo, con caídas del 1,9% y 0,7%, mientras Jamaica retrocedería 1,2% este año antes de crecer 2,5% el próximo. Bolivia mostraría uno de los menores avances entre las economías que permanecerán en terreno positivo, con 0,5% y 0,8%. Estos escenarios tienen especial relevancia desde la perspectiva de la seguridad alimentaria, porque el deterioro económico puede afectar la capacidad importadora, la inversión productiva y el acceso de la población a alimentos.
La lectura para el agro tampoco termina en cuánto crecerá cada país. La CEPAL advierte sobre problemas estructurales relacionados con bajos niveles de inversión, débil crecimiento de la productividad, informalidad y menor capacidad para generar empleo formal. Para las cadenas de valor agroalimentarias, superar esas restricciones implica mejorar el acceso al financiamiento, la infraestructura, la logística de exportación y la tecnificación. Agricultura digital, biotecnología, trazabilidad y automatización pueden elevar productividad y resiliencia, pero requieren inversiones y marcos regulatorios capaces de incorporar innovación tanto a grandes empresas como a productores medianos y pequeños.
América Latina ante el desafío de transformar crecimiento en competitividad agroalimentaria
La oportunidad regional pasa por convertir capacidad productiva en mayor valor agregado y competitividad internacional. MERCOSUR, T-MEC, Alianza del Pacífico y otros acuerdos comerciales pueden facilitar la integración regional y el acceso a mercados, pero los exportadores enfrentan simultáneamente normas fitosanitarias, barreras arancelarias y no arancelarias y mayores exigencias de trazabilidad. A esto se suman requisitos vinculados con sustentabilidad, huella hídrica y de carbono y cadenas de suministro responsables. En este contexto, ya no alcanza con producir grandes volúmenes: demostrar cómo, dónde y bajo qué estándares se produjo un alimento adquiere cada vez mayor valor comercial.
La infraestructura será otro factor decisivo para determinar quién puede aprovechar mejor un escenario de crecimiento. Los costos portuarios, carreteras deficientes, distancias entre zonas productivas y terminales de exportación y las diferencias entre precios FOB/CIF pueden reducir la competitividad incluso de países eficientes en producción primaria. Invertir en puertos, rutas, ferrocarriles, almacenamiento y corredores regionales puede ser tan importante como aumentar los rendimientos agrícolas. Al mismo tiempo, organismos multilaterales como CEPAL, BID, FAO e IICA colocan productividad, resiliencia, integración y transformación tecnológica entre los grandes desafíos regionales.
Para el sector agropecuario, por lo tanto, el ranking de crecimiento es apenas el comienzo. La pregunta central es qué países conseguirán transformar una mayor actividad económica en inversión, productividad, infraestructura y nuevas oportunidades comerciales. América Latina dispone de recursos naturales, capacidad empresarial, conocimiento agronómico y una posición estratégica dentro de la seguridad alimentaria mundial. Consolidar ese lugar requerirá innovación, financiamiento e integración regional, además de políticas capaces de enfrentar la variabilidad climática sin perder competitividad mientras los mercados globales elevan sus exigencias ambientales, sanitarias y de trazabilidad.
El mapa económico de 2026 y 2027 muestra finalmente una región avanzando a distintas velocidades, desde el extraordinario crecimiento de Guyana hasta economías que permanecerán estancadas o en contracción. Para los agronegocios, identificar dónde aumentarán el consumo, la inversión y los flujos comerciales puede ayudar a anticipar mercados antes de que las oportunidades se consoliden. Más que preguntarse solamente quién crecerá más, productores, agroexportadores e inversores deberán observar qué economías convierten ese crecimiento en competitividad, valor agregado y demanda. Allí podría comenzar a dibujarse el próximo mapa de oportunidades del agro latinoamericano.

