¿Puede América Latina aprovechar la competencia entre grandes potencias sin quedar atrapada en su disputa?
EE.UU. refuerza su presencia regional mientras los BRICS ganan peso. El agro latinoamericano enfrenta riesgos, nuevos mercados y oportunidades.
La gira que el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, inició el 8 de septiembre por Colombia, Ecuador y Perú puso comercio y seguridad en el centro de la relación de Washington con Sudamérica, mientras los BRICS preparan para el 12 y 13 de septiembre una cumbre decisiva en India. El movimiento importa porque ocurre cuando aranceles, guerras, energía y competencia entre grandes potencias están modificando los flujos comerciales globales, con consecuencias potenciales para las cadenas agroalimentarias latinoamericanas y su acceso a mercados estratégicos.
En Colombia, la nueva administración de Abelardo De La Espriella busca reconstruir la cooperación antidrogas con Washington, pero también mejorar la relación económica. Reuters informó que Colombia pretende obtener alivio frente al arancel estadounidense del 12,5% aplicado desde julio y que Rubio espera avanzar en acuerdos comerciales con Colombia, Ecuador y Perú. Para Bogotá hay mucho en juego: café, flores, banano, aguacate y otras cadenas dependen en distinta medida del mercado norteamericano, por lo que cualquier modificación arancelaria puede trasladarse a precios FOB/CIF, márgenes y decisiones de exportación.
La dimensión agrícola permite medir esa interdependencia. De acuerdo con datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), Colombia se ubicó en 2025 como el séptimo mercado mundial para las exportaciones agrícolas estadounidenses, con compras por US$5.090 millones. En sentido inverso, el organismo calculó que durante 2024 café y flores representaron cerca del 65% de las exportaciones agropecuarias colombianas hacia Estados Unidos, con aproximadamente US$1.400 millones para cada cadena. La disputa arancelaria, por lo tanto, puede terminar repercutiendo directamente sobre productores, exportadores y logística agropecuaria.
La diversificación de mercados se convirtió en una herramienta estratégica para el agro latinoamericano. Perú consolidó una potente cadena frutícola orientada a Estados Unidos, Europa y Asia.
Ecuador muestra otra dimensión del reposicionamiento estadounidense. Durante la visita de Rubio, Washington anunció que solicitará al Congreso US$45 millones adicionales para cooperación en seguridad y otros US$10 millones para combatir minería ilegal, reclutamiento de pandillas y finanzas ilícitas, además de equipamiento naval. Reuters enmarcó esas decisiones dentro de una renovada estrategia estadounidense para recuperar influencia en América Latina. Comercio, inversiones y seguridad comienzan así a aparecer como partes de una misma arquitectura de relacionamiento con países considerados estratégicos por Washington.
La agricultura vuelve a ocupar un lugar relevante. La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) informó que el intercambio bilateral de productos agrícolas y relacionados entre Ecuador y Estados Unidos alcanzó US$4.400 millones en 2024, con un superávit ecuatoriano de US$3.200 millones. Washington y Quito también vienen trabajando sobre reducción de barreras arancelarias y no arancelarias. Para una economía exportadora de banano, cacao, flores y otros productos tropicales, las condiciones de acceso al mercado estadounidense son una variable directamente vinculada con competitividad, inversión y diversificación de mercados.
Del avance estadounidense a un mundo BRICS más grande
Mientras Washington fortalece posiciones en Sudamérica, India recibirá el 12 y 13 de septiembre a los líderes de los BRICS, bloque integrado por Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Egipto, Etiopía, Irán, Emiratos Árabes Unidos e Indonesia. Según Reuters, la cumbre llega atravesada por las divisiones generadas por la guerra con Irán, pero también por el creciente proteccionismo y las políticas arancelarias estadounidenses, factores que pueden incentivar una mayor cooperación entre algunas de las principales economías emergentes.
: India recibe el 12 y 13 de septiembre la cumbre de los BRICS en medio de fuertes tensiones geopolíticas y comerciales. Brasil integra el bloque desde su creación.
Para el agro latinoamericano, una de las consecuencias más inmediatas de esa crisis está lejos de los campos de la región. Reuters informó que la virtual paralización del estrecho de Ormuz empujó el petróleo por encima de los US$100 por barril. Una perturbación energética de esa magnitud puede transmitirse a combustibles, fertilizantes, transporte terrestre y fletes marítimos, elevando los costos CIF de los alimentos. La geopolítica de Medio Oriente termina así ingresando en la ecuación económica de un productor latinoamericano, incluso cuando su cosecha tenga como destino Estados Unidos, Europa o Asia.
China agrega otra dimensión al tablero. El Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) ha señalado que el gigante asiático absorbe más del 13% de las exportaciones agrícolas de América Latina y el Caribe, mientras la región abastece alrededor del 30% de las importaciones agrícolas chinas. Para Brasil, integrante fundador de los BRICS y potencia agroexportadora, esa relación es particularmente estratégica. Pero otros países latinoamericanos también están ampliando vínculos con Asia, haciendo que la diversificación de mercados sea cada vez más una estrategia de resiliencia y no simplemente una oportunidad comercial.
Perú representa bien ese proceso. Datos del USDA muestran que el país se convirtió en uno de los principales proveedores mundiales de frutas y que sus exportaciones del sector crecieron a un promedio anual del 14% desde 2016. En la campaña 2024/25 exportó un récord de 692.000 toneladas de uvas de mesa. La tecnificación, las normas fitosanitarias, la trazabilidad y la infraestructura de exportación permitieron construir cadenas orientadas simultáneamente hacia Norteamérica, Europa y Asia. Ese modelo de múltiples destinos reduce exposición frente a cambios políticos o comerciales de un único mercado.
Las tensiones en el estrecho de Ormuz presionan el petróleo y elevan los costos logísticos del agroexportador.
América Latina ante la oportunidad de negociar mejor
La competencia actual no debería interpretarse como una obligación de elegir entre Estados Unidos y China, ni entre Washington y los BRICS. México está profundamente integrado al mercado estadounidense mediante el T-MEC; Colombia y Perú mantienen acuerdos con Estados Unidos; Brasil combina MERCOSUR, BRICS y una enorme relación agrocomercial con China. Esa diversidad demuestra que América Latina ya opera dentro de múltiples arquitecturas comerciales y que su desafío consiste en utilizarlas para ampliar mercados sin transformar una dependencia en otra.
Para lograrlo, la ventaja comparativa basada en tierra, agua y capacidad productiva resulta insuficiente. Infraestructura portuaria y vial, logística de exportación, trazabilidad, biotecnología, agricultura digital, financiamiento y cumplimiento de estándares ambientales y fitosanitarios serán determinantes para competir. También lo será la integración regional: cadenas agroalimentarias más conectadas permitirían ganar escala, agregar valor y mejorar la capacidad negociadora frente a compradores que poseen un peso económico considerablemente mayor que el de cada país latinoamericano individualmente.
Brasil refleja el creciente vínculo agrocomercial entre América Latina y China.
La disputa entre las grandes potencias presenta riesgos evidentes: nuevos aranceles pueden cerrar mercados, los conflictos pueden elevar costos logísticos y la fragmentación comercial puede introducir nuevas barreras no arancelarias. Pero también abre oportunidades. Estados Unidos necesita socios regionales; China necesita alimentos y materias primas; India aumenta su peso como mercado y los BRICS buscan ampliar los intercambios del Sur Global. Para América Latina, la clave estará en convertir esa competencia por recursos, mercados y alianzas en inversión, acceso comercial y mayor valor agregado.
En ese nuevo mapa, América Latina no es solamente un territorio donde Washington, Beijing y los BRICS disputan influencia: es uno de los grandes proveedores de alimentos y materias primas que esas economías necesitan. Su oportunidad no pasa necesariamente por escoger un bando, sino por construir suficiente diversificación de mercados, integración regional, infraestructura y competitividad para negociar con todos. Si consigue hacerlo, la creciente competencia global podría dejar de ser únicamente una amenaza y transformarse en una herramienta para fortalecer el posicionamiento agroalimentario de la región.

