Mercados

China e India vuelven a acercarse: el giro que puede sacudir al agro de América Latina

Xi Jinping regresa a India tras seis años y el deshielo con Narendra Modi abre interrogantes sobre comercio, commodities y oportunidades para el agro latinoamericano.

Valeria Cortés Alvarado
Periodista con visión global, especializada en tendencias y comercio internacional, y en su impacto sobre las cadenas agroalimentarias de América Latina.

El presidente de China, Xi Jinping, visitará India este 12 y 13 de septiembre para participar de la cumbre de los BRICS y podría reunirse con el primer ministro Narendra Modi, en su primer viaje al país desde 2019. El encuentro busca profundizar la normalización de una relación deteriorada por disputas fronterizas, restricciones comerciales y diferencias geopolíticas. Para América Latina importa por otra razón: cualquier cambio entre dos gigantes que reúnen más de un tercio de la población mundial puede repercutir sobre la demanda de alimentos, los commodities agrícolas y los flujos comerciales globales.

La llegada de Xi a Nueva Delhi encuentra a las dos potencias en una etapa de acercamiento pragmático, aunque todavía lejos de una reconciliación estratégica. Las relaciones comenzaron a deteriorarse después de los enfrentamientos fronterizos de 2020, que dejaron víctimas en ambos países y llevaron a India a imponer restricciones sobre inversiones y tecnología china. Desde la reunión de Modi y Xi durante la cumbre de los BRICS de 2024 en Kazán, y posteriormente en Tianjin en 2025, comenzaron a restablecerse vuelos y contactos económicos, mientras avanzaron de manera limitada las conversaciones sobre la extensa frontera que comparten.

Las diferencias, sin embargo, continúan. India mantiene cuestionamientos sobre los controles chinos a la exportación de maquinaria, imanes de tierras raras y otros insumos estratégicos para su industria, mientras Pekín observa con cautela la cooperación india con Estados Unidos en comercio, tecnología y defensa. A ello se agrega la relación de China con Pakistán, uno de los principales focos de preocupación para Nueva Delhi. El escenario combina cooperación económica con una competencia geopolítica que todavía puede alterar inversiones, cadenas de suministro y decisiones comerciales, un elemento relevante para los países agroexportadores.

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Del BRICS a los commodities: por qué América Latina debe mirar hacia Asia

Para el agro latinoamericano, el movimiento merece atención porque China es uno de los grandes compradores mundiales de alimentos y materias primas agrícolas, mientras India representa un mercado de enorme escala cuyo peso puede aumentar con el crecimiento de sus ingresos y la transformación de sus patrones de consumo. Soja, carnes, cereales, aceites vegetales, frutas y otros productos forman parte de cadenas de valor agroalimentarias sensibles a modificaciones en la demanda asiática. Una mayor cooperación entre Pekín y Nueva Delhi puede generar nuevas inversiones y flujos comerciales, pero también aumentar la competencia entre proveedores internacionales.

El tablero es todavía más amplio por el papel de Estados Unidos. Las tensiones comerciales y la aplicación de aranceles pueden impulsar desvíos de comercio y obligar a compradores y vendedores a buscar proveedores alternativos. Para América Latina, la diversificación de mercados puede convertirse en una ventaja estratégica, especialmente para economías con fuerte presencia agroexportadora. MERCOSUR, Alianza del Pacífico y los acuerdos comerciales individuales de los países de la región deberán convivir con un escenario donde China, India y Estados Unidos compiten simultáneamente por mercados, tecnología, inversiones y capacidad de influencia.

Ese escenario no garantiza automáticamente mayores exportaciones latinoamericanas. Acceder a mercados asiáticos implica cumplir normas fitosanitarias, requisitos de trazabilidad, certificaciones ambientales y barreras no arancelarias, además de competir con proveedores de otras regiones. También pesan los precios FOB/CIF, los costos de flete y la eficiencia de la logística de exportación. Infraestructura portuaria y vial, disponibilidad de financiamiento y previsibilidad regulatoria serán factores determinantes para transformar una eventual expansión de la demanda asiática en oportunidades concretas para productores, cooperativas y empresas agroexportadoras.

La oportunidad para el agro latinoamericano va más allá de vender materias primas

El desafío regional será evitar que una nueva configuración comercial se traduzca solamente en mayores embarques de commodities agrícolas. Agregar valor, incorporar biotecnología, agricultura digital y sistemas de trazabilidad puede mejorar la posición competitiva latinoamericana frente a consumidores cada vez más exigentes. La sustentabilidad también gana peso: mediciones de huella de carbono e hídrica, eficiencia productiva y certificaciones ambientales comienzan a formar parte de las condiciones de acceso y diferenciación en numerosos mercados internacionales.

La variabilidad climática agrega otra dimensión. Sequías, inundaciones y eventos extremos pueden modificar cosechas, disponibilidad exportable y precios internacionales en períodos cada vez más cortos. Para América Latina, fortalecer la resiliencia productiva mediante tecnificación, infraestructura, seguros y financiamiento será tan importante como negociar nuevos mercados. La seguridad alimentaria mundial dependerá crecientemente de cadenas de suministro capaces de responder tanto a shocks climáticos como geopolíticos, una condición que puede elevar el valor estratégico de los grandes productores agrícolas de la región.

El acercamiento entre China e India debe interpretarse, por eso, como una señal dentro de una transformación mayor del comercio internacional. Todavía existen diferencias suficientes para impedir hablar de una alianza estructural, pero el diálogo entre ambos países puede alterar gradualmente inversiones, cadenas de abastecimiento y estrategias comerciales. Para América Latina, la oportunidad estará en anticiparse a esos movimientos, diversificar destinos y pasar de proveedor de commodities a socio agroalimentario estratégico, combinando productividad, valor agregado, sustentabilidad y capacidad para abastecer mercados globales cada vez más competitivos.

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