Mercados

Mercados agrícolas y energía: América Latina gana atractivo inversor.

El shock petrolero global reordena flujos financieros y abre oportunidades en América Latina, con impacto directo en commodities agrícolas y cadenas agroexportadoras.

Rodrigo Castañeda
Periodista especializado en agroindustria y mercados. Cubre comercio, políticas públicas y tendencias del sector agropecuario, con enfoque técnico y sostenible.

El aumento del precio del petróleo tras el conflicto en Irán, reportado este 20 de marzo de 2026 por Goldman Sachs, está reconfigurando los mercados emergentes y abre una ventana de oportunidad para América Latina, especialmente para las economías vinculadas a la exportación de commodities, con efectos directos sobre el comercio agrícola, los costos productivos y la competitividad agroexportadora.

Lo que hasta hace semanas era una corrección generalizada en mercados emergentes -con caídas cercanas al 9% en acciones- empieza a mostrar otra lógica. Ya no se trata solo de movimientos financieros, sino de cómo cada región responde a un factor clave: su exposición al petróleo. Y ahí, América Latina vuelve a aparecer en el radar.

Goldman Sachs identifica oportunidades en los mercados bursátiles de América Latina en un contexto marcado por el shock petrolero. En la imagen, un cartel de Goldman Sachs Group Inc. en el piso de operaciones de la Bolsa de Nueva York (NYSE), en Estados Unidos. (Michael Nagle)

Goldman Sachs identifica oportunidades en los mercados bursátiles de América Latina en un contexto marcado por el shock petrolero. En la imagen, un cartel de Goldman Sachs Group Inc. en el piso de operaciones de la Bolsa de Nueva York (NYSE), en Estados Unidos. (Michael Nagle)

Para el agro, esto no es un dato menor. El precio del crudo impacta directamente en los costos de producción, desde el combustible hasta los fertilizantes, y también en la logística de exportación, un punto crítico para cualquier cadena agroalimentaria. Cuando el petróleo sube, se encarece mover granos, carnes o economías regionales, pero al mismo tiempo se revalorizan los países con ventaja comparativa en recursos naturales.

Históricamente, cada vez que hubo un shock energético -Libia 2011, Arabia Saudita 2019 o la guerra en Ucrania- América Latina logró un desempeño relativo mejor frente a otros mercados emergentes. No es casualidad: la región combina exportaciones agroalimentarias con producción energética, una doble palanca que hoy vuelve a cobrar relevancia.

Sin embargo, en este episodio todavía no se refleja del todo ese patrón. Y ahí es donde los analistas ven una oportunidad. Si los mercados ajustan hacia ese comportamiento histórico, podría haber una sobreperformance regional, con impacto tanto en activos financieros como en los flujos comerciales agropecuarios.

Un equipo de extracción de petróleo opera en el Lago de Maracaibo, en la zona de Cabimas, estado Zulia, Venezuela, una de las principales áreas petroleras del país. 

Un equipo de extracción de petróleo opera en el Lago de Maracaibo, en la zona de Cabimas, estado Zulia, Venezuela, una de las principales áreas petroleras del país. 

Brasil aparece como el caso más evidente. Su condición de exportador neto de energía lo posiciona mejor frente al nuevo escenario, pero el efecto se derrama sobre toda la región. En países con fuerte perfil agroexportador, el contexto puede traducirse en mejores precios internacionales y una balanza comercial más sólida, siempre que la macro acompañe.

Ahora bien, no todo es viento a favor. América Latina sigue arrastrando problemas estructurales que condicionan su competitividad: infraestructura portuaria insuficiente, altos costos logísticos y crecientes barreras no arancelarias agro, especialmente en materia de normas fitosanitarias y trazabilidad. En un mundo más exigente, no alcanza con producir: hay que demostrar cómo se produce.

En paralelo, la presión internacional por la sustentabilidad en agronegocios es cada vez mayor. La discusión sobre huella de carbono, uso eficiente del agua y certificaciones ambientales ya no es opcional, sino parte del acceso a mercados. En ese punto, la agricultura digital y la biotecnología empiezan a jugar un rol clave para sostener la competitividad.

Una persona observa un panel electrónico que muestra la actividad bursátil en la bolsa de valores Brasil Bolsa Balcao (B3) en São Paulo, Brasil. (Patricia Monteiro)

Una persona observa un panel electrónico que muestra la actividad bursátil en la bolsa de valores Brasil Bolsa Balcao (B3) en São Paulo, Brasil. (Patricia Monteiro)

También aparece otro factor de fondo: la diversificación de mercados. En un escenario global más volátil, depender de pocos destinos comerciales puede ser un riesgo. La articulación entre bloques como MERCOSUR, la Alianza del Pacífico o acuerdos con EE.UU. y Asia será determinante para sostener los flujos comerciales. En definitiva, el shock petrolero vuelve a poner sobre la mesa algo que en el agro se conoce bien: los precios internacionales no se explican por una sola variable. Energía, geopolítica, clima y demanda global forman parte de un mismo tablero.

Para América Latina, el desafío es claro. Tiene los recursos, tiene escala y tiene un rol creciente en la seguridad alimentaria global. Pero para consolidarse necesita avanzar en integración regional, mejorar su logística agropecuaria y apostar fuerte por la innovación agroexportadora. La pregunta, como tantas veces, es si la región podrá transformarla en una ventaja sostenible o si quedará, otra vez, a mitad de camino.

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