Comercio Internacional

El conflicto en Oriente Medio ya altera el viaje de la soja y la carne brasileña

La escalada del conflicto en Oriente Medio obliga a desviar rutas marítimas, encarece la logística y pone bajo presión las exportaciones agrícolas hacia uno de los mercados más importantes del mundo.

Valeria Cortés Alvarado
Periodista con visión global, especializada en tendencias y comercio internacional, y en su impacto sobre las cadenas agroalimentarias de América Latina.

La escalada del conflicto en Oriente Medio comenzó a impactar sobre el comercio agrícola internacional al complicar el tránsito marítimo por dos de las rutas más estratégicas del mundo: los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb. La situación ya obliga a exportadores brasileños de carne de pollo, soja y otros productos agroindustriales a modificar sus itinerarios, asumir mayores costos logísticos y enfrentar demoras que amenazan la competitividad de sus envíos hacia una región clave para el abastecimiento mundial.

La incertidumbre geopolítica se intensificó luego de las nuevas amenazas contra la navegación comercial en el estrecho de Bab el-Mandeb, mientras el tráfico por el estrecho de Ormuz continúa condicionado por las tensiones entre Irán, Estados Unidos e Israel. Como consecuencia, operadores logísticos y exportadores comenzaron a rediseñar sus rutas para garantizar el suministro hacia los países del Golfo.

El comercio agrícola busca rutas alternativas para mantener los envíos

Los primeros efectos ya comenzaron a sentirse. Un buque que transportaba soja brasileña con destino a Oriente Medio debió interrumpir su travesía mientras evaluaba la evolución del escenario regional. Paralelamente, los exportadores de carne avícola intensificaron el seguimiento de las condiciones de navegación para evitar interrupciones en uno de sus principales mercados.

Oriente Medio representa el principal destino para las exportaciones brasileñas de carne de pollo, por lo que cualquier alteración en las rutas marítimas tiene consecuencias directas sobre toda la cadena exportadora.

Frente a este escenario, las empresas comenzaron a utilizar alternativas logísticas que reducen la dependencia del estrecho de Ormuz. Entre ellas aparecen los puertos omaníes de Salalah y Sohar, además del puerto emiratí de Khorfakkan, desde donde la mercadería continúa por vía terrestre hacia distintos mercados de la región.

Para abastecer Arabia Saudita, otra opción consiste en ingresar por el Canal de Suez hasta los puertos de Yeda y Rey Abdullah, aunque esta alternativa implica recorridos más extensos y mayores tiempos de tránsito.

Más días de viaje y costos logísticos que ya se triplicaron

Las modificaciones en las rutas comenzaron a reflejarse en la eficiencia del transporte. Empresas exportadoras informaron que los contenedores refrigerados con carne de pollo tardan actualmente alrededor de 80 días en llegar a destino, más del doble que antes del recrudecimiento del conflicto.

Al mismo tiempo, los costos logísticos registraron un fuerte incremento. Según operadores del sector, el costo del transporte para algunos embarques ya se triplicó, mientras que la congestión en puertos alternativos y la escasez de camiones dificultan aún más la distribución regional.

La presión también alcanzó a las navieras. Compañías como Maersk y CMA CGM aplicaron recargos de emergencia para las cargas en tránsito e incluso suspendieron temporalmente algunos servicios marítimos y terrestres hacia destinos de Oriente Medio.

Los analistas advierten que, si las amenazas sobre Bab el-Mandeb terminan afectando de manera efectiva la navegación comercial, el impacto podría extenderse a buena parte del comercio global.

De acuerdo con estimaciones de especialistas en logística internacional, los costos del transporte marítimo entre Europa y Asia podrían aumentar entre un 30% y un 40%, mientras que las cargas con destino a Arabia Saudita enfrentarían incrementos adicionales de entre 10% y 20%, además de sumar hasta 19 días extra de navegación.

Los productos agroalimentarios figuran entre los más vulnerables a este escenario. En el caso de las carnes refrigeradas y congeladas, los mayores tiempos de tránsito elevan el riesgo de pérdidas de calidad, al tiempo que aumentan los costos de seguros, combustible y conservación.

El efecto también alcanza a otros complejos exportadores. El algodón, por ejemplo, deberá modificar sus tradicionales corredores comerciales hacia Pakistán y Bangladesh, desviando buena parte de sus embarques por el extremo sur de África.

Mientras persista la incertidumbre geopolítica, el agro mundial enfrenta un nuevo desafío logístico que amenaza con elevar los costos de exportación, reducir los márgenes de rentabilidad y generar nuevas tensiones sobre el comercio internacional de alimentos, en un contexto donde la eficiencia de las cadenas de suministro vuelve a convertirse en un factor determinante para la competitividad.

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