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¿Puede el mundo satisfacer la creciente demanda de madera sin perder más bosques?

La demanda mundial de madera crecería 37% hacia 2050, mientras la pérdida de bosques y nuevas reglas comerciales ponen bajo presión a la oferta global.

Lucia Beltran
Periodista agroalimentaria especializada en América Latina. Analiza mercados, innovación y el impacto de políticas públicas en el sector agroindustrial.

La demanda mundial de madera podría crecer 37% hacia 2050, mientras los bosques atraviesan una presión creciente por incendios, explotación forestal y expansión agrícola. El desafío quedó nuevamente en primer plano este 9 de septiembre, a partir de un análisis publicado por Reuters sobre la capacidad del sector forestal para abastecer el consumo futuro. La cuestión importa mucho más allá de la industria maderera: la madera gana espacio como material de construcción de menor huella de carbono, al tiempo que los mercados exigen mayor trazabilidad y garantías contra la deforestación.

La ecuación es compleja. Hace cinco años, numerosos países asumieron el compromiso de detener y revertir la pérdida de bosques hacia 2030, pero los avances siguen siendo limitados. Paralelamente, el consumo de madera continúa expandiéndose y podría acelerarse todavía más si aumenta su utilización en edificios como sustituto parcial de materiales intensivos en carbono, entre ellos el acero y el cemento. Así, un recurso considerado parte de la transición hacia una economía con menores emisiones enfrenta la paradoja de necesitar una oferta creciente sin deteriorar los ecosistemas que contribuyen a capturar carbono.

Los números muestran la magnitud del problema. La agricultura continúa siendo el principal motor de la deforestación permanente, pero no es la única presión. Según datos del World Resources Institute (WRI) citados por Reuters, los incendios representaron el 30% de la pérdida de cobertura arbórea y la explotación forestal otro 25% entre 2001 y 2025. Parte de esa pérdida puede ser temporal, aunque la recuperación de los bosques puede llevar décadas y no siempre permite reconstruir completamente el ecosistema original.

¿Puede el mundo satisfacer la creciente demanda de madera sin perder más bosques?

La situación también expone una debilidad dentro de las propias cadenas forestales. Un análisis de información reportada al CDP por empresas muestra que el sector maderero concentra la mayor proporción de compañías que declaran riesgos asociados con deforestación, con un 43%. Sin embargo, solo el 11% de las declaraciones del sector asegura que más del 90% de sus fuentes de abastecimiento están libres de deforestación. La brecha entre las metas ambientales y la capacidad efectiva de demostrar el origen de la madera se está convirtiendo así en un problema comercial.

Europa cambia las reglas y obliga a demostrar de dónde viene la madera

La Unión Europea intenta modificar esa ecuación mediante su regulación contra la deforestación, conocida como EUDR, cuya implementación está prevista para finales de este año tras dos postergaciones. La normativa alcanzará, entre otros productos, a la madera y el papel comercializados en el mercado europeo y exigirá demostrar que no proceden de tierras recientemente deforestadas o degradadas. Los operadores deberán proporcionar incluso las coordenadas geográficas exactas de las parcelas de origen, llevando la trazabilidad desde una exigencia ambiental hacia una condición concreta de acceso comercial.

Pero endurecer las normas en Europa no garantiza por sí solo una reducción global de la deforestación. Investigaciones citadas por Reuters advierten sobre el riesgo de que determinados flujos comerciales sean redireccionados hacia mercados con regulaciones menos estrictas. En el negocio de los pellets de madera, por ejemplo, investigadores estadounidenses anticipan que parte del comercio podría desplazarse hacia Asia, con una reducción limitada de la producción mundial. El desafío, por lo tanto, será evitar que la trazabilidad limpie una cadena determinada mientras el problema ambiental simplemente cambia de destino.

La dimensión económica tampoco es menor. Interpol estima que el comercio de madera extraída ilegalmente mueve entre US$51.000 millones y US$152.000 millones por año, mientras ClientEarth calcula que alrededor del 20% de ese volumen termina en la Unión Europea. El problema es que buena parte de ese flujo resulta difícil de medir, precisamente porque opera fuera de los circuitos formales. Para productores, procesadores y exportadores legales, esta situación aumenta la relevancia de los sistemas capaces de acreditar origen, legalidad y trazabilidad a lo largo de toda la cadena.

¿Puede el mundo satisfacer la creciente demanda de madera sin perder más bosques?

Para América Latina, las nuevas reglas representan tanto una exigencia como una oportunidad. Reuters señala que en Brasil existen avances tecnológicos para generar información con el nivel de detalle requerido por la EUDR. Al mismo tiempo, la región dispone de condiciones productivas que permiten desarrollar plantaciones forestales de rápido crecimiento, particularmente de eucalipto, sobre superficies previamente degradadas por actividades agropecuarias, una alternativa impulsada por sectores vinculados a la industria mundial de celulosa y papel.

Brasil muestra una posible respuesta al desafío de producir más sin deforestar

El caso de Suzano, mayor productor mundial de celulosa, permite observar cómo puede evolucionar el negocio. Según la información recogida por Reuters, la compañía brasileña obtiene su materia prima de plantaciones de eucalipto instaladas, en parte, sobre antiguas tierras de pastoreo degradadas y mantiene desde 2020 un compromiso de deforestación cero respaldado por geolocalización y trazabilidad. Junto a aproximadamente 1,6 millones de hectáreas de plantaciones, la empresa mantiene otros 1,1 millones de hectáreas protegidas para permitir su regeneración.

Las plantaciones intensivas tampoco están exentas de cuestionamientos. Organizaciones ambientales han señalado que grandes superficies de eucalipto pueden generar impactos sobre recursos hídricos, biodiversidad y suelos, particularmente cuando sustituyen ecosistemas forestales naturales. Además, los monocultivos pueden presentar vulnerabilidades frente a sequías y plagas. Por eso, el debate ya no pasa simplemente por reemplazar bosques naturales con árboles plantados, sino por definir dónde producir, sobre qué tipo de tierras y bajo qué criterios ambientales puede expandirse la oferta forestal.

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El modelo comienza además a incorporar otra variable: el financiamiento de la restauración. Suzano explora junto con Rabobank, Santander, Marfrig y Vale un esquema destinado a financiar recuperación ambiental mediante créditos de carbono. El primer proyecto anunciado apunta a restaurar 1.200 hectáreas de Mata Atlántica, mostrando cómo producción forestal, mercados de carbono y recuperación de ecosistemas podrían comenzar a formar parte de una misma estrategia económica.

La pregunta, entonces, no parece ser solamente si habrá suficiente madera. El verdadero desafío será determinar de dónde saldrá ese 37% adicional de demanda prevista hacia 2050 y bajo qué condiciones se producirá. Plantaciones sobre tierras degradadas, trazabilidad digital, restauración de bosques y controles comerciales aparecen como algunas de las herramientas disponibles. Para América Latina, uno de los grandes polos forestales del mundo, la transformación abre oportunidades, pero también eleva la vara: en el mercado que viene, producir madera ya no será suficiente; habrá que demostrar cómo, dónde y con qué impacto ambiental fue producida.

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