El Niño cambia la pesca en Ecuador: el atún cae 30,8% y sobra camarón
El Pacífico ecuatoriano está 4,1 °C más cálido de lo normal. La flota atunera pierde capturas, escasea la albacora y el camarón enfrenta sobreoferta.
El fortalecimiento de El Niño está modificando el mapa pesquero de Ecuador, con resultados completamente opuestos según la especie: la flota atunera acumuló una caída del 30,8% en sus capturas durante el primer semestre, la albacora escasea y se encarece en Guayaquil, mientras el camarón registra una abundancia que el mercado local no logra absorber. El fenómeno coincide con una temperatura superficial del mar situada 4,1 °C por encima de los valores normales frente a las costas ecuatorianas, una anomalía que altera la disponibilidad de nutrientes y obliga a varias especies a desplazarse hacia aguas más profundas o distantes.
Los monitoreos del Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño (Erfen) muestran que el calentamiento no produce una respuesta uniforme. La disponibilidad de nutrientes y fitoplancton, base de la cadena alimentaria marina, varía considerablemente entre diferentes puntos de la costa. Puerto López, en Manabí, presentó niveles de productividad primaria superiores a sus registros históricos, mientras que Salinas, en Santa Elena, mostró una menor abundancia. Algunas especies disminuyen o cambian de ubicación y otras encuentran condiciones que favorecen su presencia, una combinación que ya está modificando capturas, precios y actividad comercial.
La flota atunera perdió más de 74.000 toneladas en apenas seis meses
El impacto económico más contundente aparece en la industria del atún. La flota ecuatoriana capturó 167.111 toneladas durante el primer semestre de 2026, frente a 241.594 toneladas en igual período de 2025. La diferencia implica 74.483 toneladas menos en un año y una contracción del 30,8%, de acuerdo con datos de la Cámara Ecuatoriana de Industriales y Procesadores Atuneros. La caída supera ampliamente el retroceso del 14,2% registrado por el conjunto de la pesquería regional del Océano Pacífico Oriental.
Ecuador cuenta con 110 embarcaciones de la flota atunera mayor y alrededor de 400 barcos de pesca menor, por lo que una modificación prolongada en la ubicación de los cardúmenes repercute directamente sobre la operación del sector. El calentamiento superficial obliga a los peces a buscar aguas más profundas o alejadas con temperaturas favorables. Para los buques, eso significa recorrer mayores distancias y prolongar las faenas para encontrar un recurso que antes estaba disponible en áreas más accesibles.
La Cámara Nacional de Pesquería proyecta que la diferencia podría ampliarse hacia fin de año. Frente a unas 450.000 toneladas capturadas en 2025, el sector estima cerrar 2026 con alrededor de 360.000 toneladas, lo que dejaría un déficit aproximado de 90.000 toneladas. La reducción ocurre en una actividad de fuerte peso industrial y exportador para Ecuador y obliga a seguir de cerca cuánto tiempo persistirán las anomalías térmicas del Pacífico.
El calentamiento también afecta a peces pelágicos pequeños utilizados por otras industrias. Especies como sardina, botella, pinchagua y macarela pueden desplazarse hacia zonas más profundas o distantes. Una menor disponibilidad sostenida tendría consecuencias para la producción de harina de pescado, utilizada en alimentos balanceados para acuicultura y para la propia industria camaronera, ampliando el impacto desde la pesca extractiva hacia otras cadenas productivas.
Falta albacora, pero el camarón aparece en cantidades que deprimen el precio
En los mercados de Guayaquil, la transformación del ecosistema marino ya tiene una expresión concreta. La albacora fresca, ingrediente central del tradicional encebollado, presenta episodios de escasez. En el mercado de Caraguay, comerciantes reportaron valores de alrededor de US$1,40 por libra, frente a precios habituales de US$1 a US$1,20 cuando existe mayor disponibilidad. Ante la falta de producto fresco, algunos establecimientos comenzaron a recurrir a albacora congelada procedente de barcos de la flota industrial.
Pero a pocos kilómetros ocurre exactamente lo contrario. En Puerto Engabao, Guayas, donde operan hasta 500 lanchas artesanales, pescadores reportan una elevada presencia de camarón pomada e incluso langostinos. El volumen disponible es tan alto que, según los testimonios recogidos en la zona, la capacidad de compra de las empacadoras no alcanza para absorber toda la oferta.
La consecuencia se trasladó al precio. Pescadores locales señalaron valores de apenas US$1,80 a US$2 por libra de camarón y aseguran que parte de la flota directamente evita salir a capturarlo porque el ingreso obtenido no compensa la actividad. Así, una mayor abundancia del recurso no necesariamente se convierte en una mejora económica: si la oferta supera la capacidad de procesamiento y comercialización, el precio recibido por el pescador puede caer incluso en momentos de buenas capturas.
La fotografía que deja El Niño sobre la pesca ecuatoriana es inusual: menos atún, escasez y encarecimiento de albacora, menor disponibilidad de algunos peces pequeños y, simultáneamente, camarón en cantidades superiores a las que ciertos mercados pueden procesar. Con el Pacífico 4,1 °C por encima de su temperatura habitual y el fenómeno fortaleciéndose hacia el último trimestre, el desafío para el sector no pasa solamente por cuánto pescado hay en el mar, sino por qué especies estarán disponibles, dónde habrá que buscarlas y a qué precio podrán venderse.

