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La soja tiembla: Europa busca reducir su dependencia de Brasil y EE.UU.

La Unión Europea lanzó un plan para producir más soja y proteínas vegetales dentro del bloque. La decisión puede alterar el comercio agrícola mundial y las exportaciones de América Latina.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

La Unión Europea presentó este martes una nueva estrategia para aumentar la producción interna de soja y otros cultivos proteicos destinados a la alimentación animal, con el objetivo de reducir su dependencia de proveedores externos como Brasil y Estados Unidos hacia 2035. La iniciativa, anunciada por la Comisión Europea, busca elevar del 25% al 35% la participación de materias primas producidas dentro del bloque comunitario. La decisión adquiere relevancia porque podría modificar los flujos del comercio agrícola internacional y afectar directamente a dos de los mayores exportadores mundiales de soja.

Europa es uno de los principales productores y exportadores mundiales de alimentos, desde cereales hasta productos lácteos, carne porcina y aceite de oliva. Sin embargo, su sistema ganadero continúa dependiendo en gran medida de la importación de proteínas vegetales, especialmente soja y otras oleaginosas utilizadas en la elaboración de alimentos balanceados. Esa dependencia ha quedado expuesta durante los últimos años por las tensiones geopolíticas, los problemas logísticos internacionales y la volatilidad de los mercados agrícolas, factores que impulsaron a Bruselas a fortalecer su autosuficiencia en un insumo considerado estratégico para la seguridad alimentaria europea.

Menos compras en América y mayor producción dentro del bloque

El plan también contempla diversificar el origen de las importaciones, disminuyendo la concentración de compras en América y ampliando el comercio con otros proveedores, entre ellos Ucrania. Según funcionarios europeos, el avance de las negociaciones para la incorporación de ese país a la Unión Europea facilitaría un mayor abastecimiento de cultivos proteicos desde Europa del Este. Esta política busca reducir riesgos de interrupciones en el suministro y fortalecer la resiliencia de las cadenas de valor agroalimentarias, un aspecto que ganó prioridad tras los cambios registrados en el escenario internacional durante los últimos años.

La soja tiembla: Europa busca reducir su dependencia de Brasil y EE.UU.

La estrategia llega además en un contexto de creciente presión política y social dentro de Europa por las cuestiones ambientales. La preocupación por la deforestación en regiones productoras como Brasil alimentó el rechazo de distintos sectores agrícolas europeos al acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur. Para Bruselas, incrementar la producción doméstica de oleaginosas también representa una herramienta para reducir cuestionamientos ambientales y reforzar la trazabilidad de las materias primas utilizadas por la industria ganadera.

Un sector de €400.000 millones busca mayor competitividad

La nueva hoja de ruta procura fortalecer una actividad que genera alrededor de 400.000 millones de euros anuales y emplea a cerca de siete millones de personas en toda la Unión Europea. A diferencia de políticas impulsadas durante la etapa del Pacto Verde Europeo, el nuevo enfoque prioriza el respaldo económico a los productores y evita imponer objetivos más estrictos de reducción de emisiones. No obstante, mantiene compromisos vinculados al monitoreo ambiental y al bienestar animal, incluyendo la eliminación progresiva del uso de jaulas para aves y cerdos.

Para América Latina, la decisión representa un tema de especial seguimiento. Brasil y Argentina concentran una parte significativa de las exportaciones mundiales de soja, por lo que cualquier disminución estructural de la demanda europea podría modificar los flujos comerciales, influir sobre los precios internacionales y acelerar la búsqueda de nuevos mercados en Asia, Medio Oriente y África. Aunque el cambio será gradual y con horizonte en 2035, la estrategia confirma una tendencia creciente hacia una mayor autosuficiencia alimentaria y una redefinición de las relaciones comerciales dentro del mercado agroalimentario mundial.

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