Mercados

La FAO detecta una pausa en los alimentos, pero crecen las alertas por trigo y azúcar

La FAO reportó una leve baja en los precios mundiales de los alimentos durante mayo, aunque persisten señales de tensión en cereales y azúcar.

Lucia Beltran
Periodista agroalimentaria especializada en América Latina. Analiza mercados, innovación y el impacto de políticas públicas en el sector agroindustrial.

Los precios mundiales de los alimentos registraron una leve caída durante mayo, según informó la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Sin embargo, detrás de esa aparente estabilidad persisten señales de preocupación para los mercados agrícolas: los precios del trigo, el maíz y el azúcar volvieron a subir impulsados por problemas climáticos, tensiones geopolíticas y mayores costos energéticos. La situación es relevante para América Latina porque impacta directamente sobre las exportaciones agropecuarias, los costos de producción y el precio de los alimentos para millones de consumidores.

El Índice de Precios de los Alimentos de la FAO se ubicó en 130,8 puntos durante mayo, una caída marginal de 0,2% respecto de abril, aunque todavía se mantiene 2,9% por encima del nivel registrado un año atrás.

Si bien el indicador continúa lejos del récord alcanzado en marzo de 2022 durante el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, sigue ubicándose cerca de los niveles más elevados observados desde comienzos de 2023.

La principal señal de alerta provino del mercado de los cereales, cuyos precios aumentaron más de 2,6% durante mayo.

El trigo internacional registró su cuarto aumento mensual consecutivo impulsado por las menores perspectivas productivas en algunos países exportadores, especialmente Estados Unidos. A esto se suman los mayores costos de combustible y fertilizantes vinculados a las tensiones geopolíticas en Medio Oriente.

El maíz también encontró respaldo en una demanda internacional más activa y en perspectivas de oferta más ajustadas tanto en Estados Unidos como en Brasil.

Para América Latina, este escenario resulta especialmente relevante. Países exportadores como Argentina, Brasil y Paraguay siguen de cerca la evolución de los cereales porque cualquier movimiento alcista puede mejorar los ingresos por exportaciones y fortalecer la generación de divisas.

Al mismo tiempo, los importadores de alimentos observan con atención la evolución de los mercados debido al potencial impacto sobre los costos de producción pecuaria y la inflación alimentaria.

La FAO también advirtió que la producción mundial de cereales durante la campaña 2026/27 podría disminuir cerca de 2% respecto de los niveles récord alcanzados en 2025, hasta ubicarse en torno a 2.980 millones de toneladas.

Entre los principales cultivos, el trigo aparece como el cereal con la mayor caída proyectada en términos porcentuales.

Otro de los mercados que mostró movimientos importantes fue el del azúcar, cuyos precios aumentaron 7,5% durante mayo.

La suba respondió principalmente a la creciente preocupación por una posible reducción de la oferta mundial durante los próximos meses, situación que mantiene atentos a productores e industriales de países líderes como Brasil.

Por el contrario, los aceites vegetales registraron su primera caída mensual del año.

El índice de aceites vegetales de la FAO retrocedió 4,6% respecto de abril, impulsado por bajas en los precios internacionales del aceite de palma y del aceite de soja.

A pesar de esa corrección, los valores continúan más de 20% por encima de los registrados un año atrás.

Los analistas señalan que los elevados costos energéticos continúan sosteniendo parte de la demanda global de materias primas destinadas a la producción de biocombustibles, especialmente aceites vegetales.

El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz y las tensiones energéticas internacionales siguen agregando volatilidad a estos mercados.

Para el agro latinoamericano, la combinación de precios firmes en cereales, incertidumbre climática asociada a un posible Súper El Niño, mayores costos de fertilizantes y tensiones geopolíticas configura un escenario donde la volatilidad continuará siendo protagonista.

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