Fertilizantes en crisis global: el fósforo entra en zona crítica por la guerra.
El conflicto en Medio Oriente ya no solo impacta en la urea: ahora amenaza al fósforo y al azufre, claves para la producción global de alimentos.
El 21 de marzo de 2026, analistas del mercado global alertaron que la guerra en Medio Oriente está generando un nuevo shock en los fertilizantes, esta vez sobre el fósforo y el azufre, claves para cultivos como la soja y el maíz, lo que podría agravar la inflación alimentaria global y tensionar aún más los costos productivos del agro.
Hasta ahora, el foco del mercado estaba puesto en la urea y los fertilizantes nitrogenados, cuyos precios se dispararon por las interrupciones logísticas en el Estrecho de Ormuz. Sin embargo, el verdadero riesgo emergente está en el segmento de fertilizantes fosfatados, donde el impacto podría ser incluso más profundo.
El problema radica en que, aunque Medio Oriente representa cerca del 20% del comercio global de fosfatos, concentra casi el 50% del suministro mundial de azufre, insumo esencial para producir ácido sulfúrico, base del procesamiento de estos fertilizantes. Si el conflicto se prolonga, los efectos sobre la cadena de suministro podrían volverse "exponenciales", según analistas del mercado.
La situación se agrava porque el mercado ya venía tensionado antes del conflicto. Los precios del azufre alcanzaron niveles récord, impulsados por la demanda de la industria minera, mientras que las exportaciones de Rusia siguen restringidas por la guerra en Ucrania y China limita sus envíos para priorizar su mercado interno. En paralelo, políticas comerciales como los aranceles a fertilizantes marroquíes en EE.UU. reducen aún más la disponibilidad global.
Para el sistema agroalimentario, el impacto es directo. El fósforo es esencial para el crecimiento de cultivos estratégicos como la soja, el maíz y la papa, pilares de la seguridad alimentaria mundial. En Estados Unidos, cerca del 80% del fósforo se destina a estos cultivos, lo que amplifica el efecto sobre los costos y la producción.
Desde el sector advierten que la competencia por el azufre podría desplazar al agro frente a otras industrias con mayor capacidad de pago, como la minería. Esto genera un escenario donde los productores enfrentan no solo precios más altos, sino también riesgos de abastecimiento real.
Además, la demanda global podría intensificarse en las próximas semanas. India, uno de los mayores compradores de fertilizantes, suele aumentar sus importaciones a partir de abril, lo que podría empujar al mercado a un escenario de "modo pánico" y acelerar la suba de precios.
En este contexto, organizaciones agrícolas en EE.UU. presionan para suspender aranceles a las importaciones desde Marruecos, país que posee las mayores reservas de roca fosfórica del mundo. El argumento es claro: frente a un mercado global restringido y volátil, las medidas proteccionistas pierden sentido.
Mientras tanto, la demanda comienza a ajustarse. Se estima que el uso de fertilizantes fosfatados en EE.UU. podría caer hasta un 20% interanual, en parte por los altos precios y también por cambios en las decisiones de siembra, con productores inclinándose hacia cultivos menos intensivos en insumos.
El resultado es un escenario complejo: menos fertilizantes, más caros y con mayor incertidumbre, justo cuando el mundo necesita sostener la producción de alimentos. La advertencia es clara: si el conflicto persiste, el impacto sobre las cadenas de valor globales y la seguridad alimentaria podría ser más profundo de lo que hoy anticipa el mercado.

