Guerra arancelaria frena exportaciones y golpea al aceite de palma ecuatoriano
La suba del 30 % en los aranceles con Colombia paralizó envíos, encareció la tonelada en USD 300 y dejó miles de toneladas de aceite de palma sin destino.
La escalada arancelaria entre Ecuador y Colombia ya muestra efectos concretos sobre uno de los complejos agroindustriales más relevantes de la región andina. El sector del aceite de palma enfrenta un freno casi total en sus exportaciones hacia su principal mercado externo, con miles de toneladas acumuladas y un impacto directo sobre productores, empleo y economías locales.
Aunque los aranceles del 30 % comenzaron a regir formalmente el 1 de febrero de 2026, las operaciones comerciales se paralizaron desde el anuncio oficial. El 21 de enero, el presidente ecuatoriano Daniel Noboa informó la imposición del gravamen a productos colombianos, medida que fue respondida de inmediato por Bogotá con aranceles equivalentes sobre una primera lista de bienes, ampliada días después.
Uno de los sectores más afectados es el palmicultor. Óscar Calahorrano, representante de la Federación Nacional de la Cadena Productiva del Aceite de Palma (Propalma), calificó la situación como "devastadora" y advirtió que la medida no protege a la producción sino que rompe cadenas regionales de valor y debilita la integración andina.
Según explicó, el impacto del arancel vuelve inviable el comercio bilateral. En el mercado internacional, una tonelada de aceite crudo de palma se negocia actualmente entre USD 1.010 y USD 1.030. Con el arancel aplicado, ese valor se eleva a unos USD 1.339 por tonelada, lo que deja al producto ecuatoriano fuera de competencia frente a otros proveedores.
Desde el anuncio de la medida, las exportaciones hacia Colombia -destino del 48 % de los envíos del sector- se encuentran virtualmente detenidas. Se estima que entre 3.000 y 5.000 toneladas ya quedaron sin salida comercial, mientras la producción no puede interrumpirse por el carácter continuo de la cosecha.
El sector intenta sostener inventarios y buscar mercados alternativos, aunque advierte que ese proceso requiere tiempo y logística. En ese contexto, existe el riesgo de ventas forzadas a precios inferiores o de una mayor presión financiera sobre las empresas y los pequeños productores.
El impacto social también genera preocupación. La cadena del aceite de palma genera 113.000 empleos directos e indirectos, muchos de ellos en zonas vulnerables como Esmeraldas y regiones amazónicas, donde la actividad representa una fuente clave de ingresos estables frente a contextos de inseguridad.
En 2025, Ecuador produjo 549.878 toneladas de aceite de palma, de las cuales 180.000 toneladas se destinaron a exportación. Tras Colombia, los principales destinos fueron México y la Unión Europea. Solo el mercado colombiano representó USD 96,1 millones en exportaciones.
Desde el sector advierten que, lejos de resolver problemas de seguridad o comercio, la medida puede estimular el contrabando y la informalidad, afectando tanto a productores como a consumidores en ambos países.

