El Salvador

El rodeo bovino de El Salvador se achica y deja al descubierto un problema estructural

En solo 17 años, el hato bovino salvadoreño cayó 43,5 %, reflejando el impacto de los costos productivos, el envejecimiento del sector y la falta de incentivos para sostener la actividad.

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El El Salvador atraviesa una de las contracciones ganaderas más marcadas de las últimas décadas. El V Censo Agropecuario, cuyos resultados preliminares fueron difundidos por el Banco Central de Reserva (BCR), confirmó que el hato bovino nacional se redujo 43,5 % entre 2007 y 2025, pasando de 1.042.931 cabezas a 589.725 animales.

El relevamiento, realizado sobre 2,5 millones de estructuras productivas y con fecha de referencia el 2 de mayo de 2025, constituye la primera actualización integral del sector en casi dos décadas. Se trata del quinto censo agropecuario desde 1950 y marca un punto de inflexión para una actividad que viene advirtiendo sobre su deterioro desde hace años.

La caída del stock no tomó por sorpresa al sector. Los altos costos de producción, la pérdida de rentabilidad y la reducción progresiva de cabezas ya habían sido señalados por los productores y reflejados en los anuarios estadísticos del Ministerio de Agricultura y Ganadería, que registraron más de 400.000 animales menos entre 2010 y 2021.

Del total relevado en 2025, el 84,9 % del ganado bovino se concentra en unidades de producción agropecuaria (UPA), mientras que el 15,1 % se cría en patios, un dato que expone el peso de los pequeños sistemas productivos. Dentro de las UPA predominan los terneros (23,6 %) y las vacas de ordeño (22,9 %), seguidos por novillos, vacas horras y reproductores, lo que confirma el perfil mayoritariamente lechero del rodeo.

En línea con esa composición, el censo indica que el 63 % de la producción bovina está orientada a la leche, frente a apenas un 15 % destinada a carne. El resto del hato se reparte entre sistemas de doble propósito, genética y usos mixtos, un esquema que limita la capacidad de expansión del segmento cárnico.

La información oficial también arroja señales de fragilidad sanitaria y productiva. Más de la mitad de las muertes del ganado (56 %) se atribuyen a enfermedades o causas naturales, mientras que los accidentes y los fenómenos naturales explican el resto. En cuanto a la comercialización, el circuito sigue altamente atomizado: el 50 % de las ventas se realiza a través de comerciantes minoristas, con una participación marginal de exportaciones.

El perfil social del sector suma otra alerta. El 99,5 % de los productores son personas naturales, mayoritariamente hombres, y más del 60 % supera los 45 años, lo que plantea desafíos para el recambio generacional y la sostenibilidad futura de la ganadería.

Los datos del V Censo Agropecuario confirman así una tendencia preocupante: menos ganado, productores envejecidos y un sistema productivo presionado por costos crecientes. Un escenario que abre interrogantes sobre el rumbo de la ganadería bovina en El Salvador y la necesidad de políticas que frenen su pérdida de escala.

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