El negocio ya no cierra: la lechería brasileña pide frenar importaciones para sobrevivir
Productores advierten que 2025 cerrará con números en rojo y reclaman medidas urgentes para proteger la producción local frente al avance de la leche importada. El debate ya mira a 2026.
El sector lácteo de Brasil llega al cierre de 2025 con un mensaje contundente: producir leche dejó de ser rentable para miles de productores. La combinación de precios bajos al tambero, aumento de costos y mayor ingreso de productos importados empujó a la actividad a uno de sus momentos más delicados de los últimos años.
"No podemos vivir solo de pasión y amor". La frase, pronunciada por Marcos Tang, presidente de la Asociación de Criadores de Ganado Holstein de Río Grande do Sul (Gadolando), sintetiza el balance que hace la entidad sobre un año que califican como "muy difícil" para la lechería brasileña.
Según Tang, el precio pagado por litro de leche se mantuvo en niveles que vuelven inviable la actividad, incluso en regiones con alta eficiencia productiva. "Amamos nuestras vacas, la raza Holstein y la industria lechera, pero necesitamos ingresos y rentabilidad para sostenernos", advirtió.
Las importaciones, en el centro del conflicto
Uno de los puntos más sensibles del diagnóstico es el impacto de las importaciones de leche y productos lácteos, que se aceleraron a partir de agosto de 2025. Esto ocurrió, paradójicamente, en un contexto de mayor producción local, lo que profundizó la presión sobre los precios internos.
"El aumento de la producción nacional, sumado al crecimiento de las importaciones, terminó generando un final de año muy complicado", señaló Tang.
Desde Gadolando sostienen que el ingreso de leche del exterior agravó el desequilibrio del mercado, afectando de forma directa al productor primario, que no logra trasladar costos ni cubrir inversiones.
Pedido de medidas urgentes y antidumping
Ante este escenario, la organización reclama acciones inmediatas por parte del gobierno brasileño. Entre las propuestas se destacan la reducción de importaciones, la aplicación de normas antidumping y una agenda coordinada junto a la Confederación Nacional de Agricultura (CNA).
Tang también cuestionó la falta de comprensión política sobre la realidad del sector:
"Muchos critican sin saber cuánto cuesta producir un litro de leche. La mitad de quienes opinan desconocen los costos reales", afirmó.
Desde la entidad insisten en que Brasil no debería depender de la leche importada, ya que cuenta con condiciones productivas para abastecer su mercado interno e incluso convertirse en exportador en el mediano plazo.
De cara a 2026, el sector lácteo brasileño plantea un doble objetivo: regular con urgencia el comercio exterior para aliviar la coyuntura y, en paralelo, madurar la cadena productiva para ganar competitividad y abrir mercados.
"Necesitamos avanzar y convertirnos en un país exportador, pero hoy la prioridad es salvar a los productores locales", concluyó Tang.
El mensaje es claro: sin reglas que equilibren el mercado, la lechería brasileña corre el riesgo de perder productores, empleo rural y capacidad productiva, con impacto directo en la seguridad alimentaria y la economía regional.

