Comercio

Paraguay desafía a los gigantes del Mercosur por una porción del mercado europeo

Paraguay reclama el 25% de los cupos de exportación hacia la UE y abre una disputa con sus socios por el reparto de un mercado estratégico.

Matías Cosenza
Periodista especializado en ganadería, avicultura y sanidad animal. Cubre mercados y tecnología aplicada a la producción pecuaria, con foco en la competitividad del sector agropecuario en América Latina.

Paraguay ratificó en septiembre su pretensión de recibir el 25% de los cupos de exportación del Mercosur hacia la Unión Europea, una posición que mantiene abierta una discusión con Argentina, Brasil y Uruguay sobre cómo repartir las oportunidades comerciales derivadas del acuerdo entre ambos bloques. Las diferencias quedaron nuevamente expuestas durante la reunión informal de cancilleres realizada el 2 de septiembre en Montevideo y adquieren importancia para sectores agroexportadores que esperan mejores condiciones de acceso al mercado europeo.

El planteo paraguayo propone distribuir las cuotas en partes iguales entre los cuatro socios fundadores, independientemente del tamaño de sus economías o de su participación histórica en las exportaciones regionales. Asunción considera que los beneficios derivados del acuerdo deberían alcanzar de manera equitativa a los miembros del Mercosur, mientras sus socios sostienen criterios que contemplen las capacidades productivas y exportadoras de cada país.

La diferencia no es menor. Argentina, Brasil y Uruguay cuentan con estructuras agroexportadoras de distinta escala y mantienen posiciones más próximas entre sí respecto de los criterios que deberían utilizarse para distribuir los cupos. Paraguay, aunque dispone de condiciones normativas y oferta exportable en productos relevantes, presenta una escala productiva y una infraestructura logística diferentes a las de las principales economías del bloque.

El reparto de las cuotas enfrenta dos modelos dentro del Mercosur

La discusión enfrenta dos principios con consecuencias comerciales concretas. Una distribución del 25% para cada socio priorizaría la igualdad entre los miembros, mientras que un mecanismo basado en producción, capacidad exportadora o antecedentes comerciales podría otorgar participaciones diferentes. Para las cadenas agroindustriales, el método elegido determinará cuánto producto podrá ingresar al mercado europeo bajo las condiciones preferenciales contempladas por el acuerdo.

El tema adquiere especial sensibilidad por el peso del agro en las exportaciones del Mercosur. La apertura europea representa oportunidades para cadenas con capacidad de incrementar sus ventas internacionales, pero los beneficios efectivos dependerán no solo de los cupos concedidos por la UE, sino también de cómo estos sean administrados y distribuidos dentro del bloque sudamericano.

La falta de consenso podría complicar esa tarea. Antes de que los exportadores puedan utilizar plenamente las preferencias comerciales, los países necesitan definir reglas operativas para administrar las oportunidades concedidas. Una negociación interna prolongada puede retrasar el aprovechamiento de los cupos, especialmente si los socios no consiguen acordar una fórmula aceptable para todos.

También existe una cuestión de utilización efectiva. Asignar cuotas no garantiza que los volúmenes disponibles sean cubiertos: cada país necesita producción suficiente, establecimientos habilitados, cumplimiento sanitario, logística y empresas capaces de colocar las mercaderías. Por eso, la capacidad exportadora aparece entre los argumentos utilizados para defender una distribución que no necesariamente sea idéntica entre los socios.

El agro espera definiciones mientras el Mercosur amplía sus acuerdos

La controversia ocurre mientras el Mercosur atraviesa una etapa de mayor actividad en su agenda comercial externa. Además del vínculo con la Unión Europea, los cancilleres analizaron los acuerdos con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) y Singapur, junto con otras negociaciones que el bloque mantiene abiertas.

En Montevideo participaron los cancilleres Pablo Quirno, por Argentina; Mauro Vieira, por Brasil; Rubén Ramírez Lezcano, por Paraguay; Héctor Huanca, por Bolivia, y el anfitrión uruguayo Mario Lubetkin. Además de las negociaciones comerciales, abordaron la continuidad del Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur (Focem), creado para reducir asimetrías y financiar proyectos de infraestructura y desarrollo entre los miembros.

Ese punto tiene relación con una de las diferencias estructurales detrás de la discusión comercial. No todos los socios cuentan con la misma infraestructura, escala económica ni capacidad logística para aprovechar una apertura de mercados. La integración física y la reducción de esas brechas pueden resultar determinantes para que países de menor tamaño incrementen su participación exportadora a medida que el Mercosur amplíe sus acuerdos.

La próxima instancia política relevante será la Cumbre del Mercosur prevista para el 3 y 4 de diciembre en Uruguay. Hasta entonces, la distribución de los cupos europeos seguirá formando parte de una negociación donde Paraguay busca asegurar una cuarta parte de las oportunidades disponibles y Argentina, Brasil y Uruguay procuran que el reparto también contemple el peso productivo y exportador de cada economía.

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