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Perú en alerta: fertilizantes se disparan y golpean al agro nacional

La suba de fertilizantes por tensiones globales presiona costos agrícolas en Perú y amenaza precios de alimentos en 2026.

Lucia Beltran
Periodista agroalimentaria especializada en América Latina. Analiza mercados, innovación y el impacto de políticas públicas en el sector agroindustrial.

Lima, 24 de abril de 2026. Las tensiones en Medio Oriente están provocando un fuerte aumento en los precios internacionales de fertilizantes, lo que ya impacta en el Perú al elevar los costos de producción agrícola y generar presión sobre los precios de los alimentos. La advertencia, difundida por ComexPerú, es clave porque afecta directamente la seguridad alimentaria, la estabilidad de las cadenas de valor agroalimentarias y la competitividad del agro peruano.

El factor detonante es el riesgo de interrupciones en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo y gas mundial. Este escenario impulsa el encarecimiento del combustible, un insumo crítico tanto para la logística agropecuaria como para la producción de fertilizantes nitrogenados. Como resultado, se incrementan los costos en toda la cadena productiva, desde la siembra hasta la comercialización.

Los datos confirman la magnitud del impacto: el precio de la urea -principal fertilizante utilizado en el país- pasó de US$ 415 por tonelada en enero de 2026 a US$ 725 en marzo, un salto de más del 70% en solo dos meses. A su vez, insumos como el fosfato diamónico (DAP) y el cloruro de potasio también registran aumentos, consolidando una tendencia alcista en los mercados agrícolas globales.

Perú en alerta: fertilizantes se disparan y golpean al agro nacional

El Perú enfrenta este escenario con una alta dependencia externa. En 2025, el país importó aproximadamente 1.2 millones de toneladas de fertilizantes, con fuerte concentración en pocos proveedores internacionales. La urea, por ejemplo, proviene mayoritariamente de Rusia y China, lo que evidencia la vulnerabilidad del país frente a shocks en los flujos comerciales internacionales.

Este contexto recuerda lo ocurrido en 2022, cuando la crisis derivada del conflicto entre Rusia y Ucrania disparó los precios de fertilizantes hasta en un 300%. En el mercado interno peruano, el impacto fue inmediato: el precio de la urea pasó de S/ 65 a S/ 270 por saco, afectando la rentabilidad de los productores y reduciendo la capacidad de inversión en tecnología y mejoras productivas.

Hoy, si bien el escenario es menos extremo, la tendencia es preocupante. La transmisión de estos aumentos a los precios de los alimentos ya comienza a observarse. Según el INEI, en marzo de 2026 los alimentos registraron un incremento mensual del 3,24% en Lima Metropolitana, con subas destacadas en hortalizas y tubérculos. Factores como la variabilidad climática y el costo del combustible explican parte de esta dinámica, pero el alza de fertilizantes añade una presión adicional que podría intensificarse en los próximos meses.

Desde una perspectiva de comercio agrícola, este escenario plantea desafíos estructurales para el Perú. La falta de producción local de insumos estratégicos limita la capacidad de respuesta ante crisis internacionales, mientras que la volatilidad de los precios afecta la planificación productiva y la estabilidad de la balanza comercial agrícola.

Perú en alerta: fertilizantes se disparan y golpean al agro nacional

Frente a este panorama, especialistas coinciden en la necesidad de avanzar en estrategias de diversificación de proveedores, tecnificación del agro y uso eficiente de fertilizantes, así como en políticas de financiamiento que amortigüen el impacto sobre pequeños y medianos productores. También se vuelve clave fortalecer la integración regional y explorar alternativas como fertilizantes orgánicos o soluciones basadas en biotecnología.

En definitiva, el aumento de los fertilizantes vuelve a poner en evidencia la fragilidad del sistema agroalimentario peruano frente a shocks externos. El encarecimiento de insumos, la dependencia del mercado internacional y la presión inflacionaria sobre los alimentos configuran un escenario que exige respuestas rápidas para proteger la producción agrícola y garantizar el acceso a alimentos en el país.

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