Perú enfrenta un estancamiento ganadero: genética débil y falta de mercado frenan el avance
Productores e industria coinciden: el país necesita genética especializada, educación técnica y acceso directo al mercado para competir en calidad.
La ganadería vacuna peruana atraviesa un momento decisivo. Mientras la mayoría del hato aún pertenece al ganado criollo de subsistencia, un grupo reducido de productores apuesta por modernizarse con razas cárnicas especializadas. Para Luis Gustavo Riquelme Huayanay, presidente de la Asociación Peruana de Criadores de Brangus, el país no podrá avanzar si no resuelve tres puntos críticos: genética, educación y acceso directo al mercado.
El especialista sostiene que el Perú no debe intentar competir en volumen con gigantes como Brasil o Argentina, sino enfocarse en nichos de carne premium, aprovechando ventajas como su estatus sanitario libre de fiebre aftosa. Sin embargo, las barreras estructurales siguen trabando cualquier avance: tasas de crédito que alcanzan el 30-40 %, exceso de intermediación, falta de políticas de largo plazo y escasez de técnicos especializados.
"La clave es que el productor reciba un incentivo real. Cuando ve que la genética le da mejores ingresos, invierte", afirma Riquelme. Explica que sin un vínculo directo con el mercado, los ganaderos reciben el mismo precio por un cruce Angus que por un animal sin valor genético, lo que desincentiva completamente la mejora del hato.
Un país dominado por el ganado criollo
Según el último Censo Agropecuario, 63,5 % del hato peruano sigue siendo criollo. Esto impide consolidar un modelo de producción como el que hoy domina en Argentina, Uruguay, Paraguay o Estados Unidos, donde las razas están definidas según su propósito: carne o leche.
En contraste, en Perú gran parte del ganado criollo termina en el camal después de cumplir funciones de trabajo o producción mixta, lo que perpetúa la baja productividad.
Riquelme sostiene que el reto no es eliminar el hato criollo, sino mejorarlo progresivamente mediante inseminación artificial con razas cárnicas adaptadas. Países vecinos lo han demostrado y la experiencia peruana en el trópico confirma que la selección genética marca la diferencia, especialmente ante los cambios climáticos que ya desafían la resistencia de los animales y la capacidad de los pastos.
Un rezago profundo en genética y productividad
El Perú recién aprobó en 2025 el protocolo para importar pajillas y embriones desde Brasil y trabaja uno con Uruguay. Pero aún carece de acuerdos con Argentina y Paraguay, potencias genéticas sudamericanas.
El rezago se evidencia en los resultados productivos:
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Perú: 180 kg de carcasa en 42 meses
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Estados Unidos: 400 kg en 20 meses
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Paraguay: 302 kg en 30 meses
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Uruguay: 289 kg
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Brasil: 285 kg
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Argentina: 230 kg
Según el especialista, duplicar la productividad peruana "no es imposible", pero exige una transformación sustancial del hato, incorporando razas como Angus, Hereford, Brahman, Charolais, Limousin, Blonde d'Aquitaine o Azul Belga, todas reconocidas por sus altos rendimientos (entre 58 % y más de 68 %).
Intermediación y educación: dos nudos que impiden avanzar
El exceso de intermediarios corta la comunicación entre productor y consumidor. Sin información real sobre lo que demanda el mercado, los ganaderos no invierten en genética ni en infraestructura.
Ejemplos como el de Pozuzo (Oxapampa) muestran que, cuando el productor accede directamente a mercados como Lima, reconoce la diferencia de precio que se paga por animales jóvenes y bien conformados, y esa señal es suficiente para motivar el cambio.
Pero la educación técnica sigue siendo otro cuello de botella. La mayoría de veterinarios y zootecnistas se forman para trabajar con aves o porcinos, sectores más rentables y tecnificados. La ganadería bovina, en cambio, "ha quedado relegada", advierte Riquelme.
Tres regiones, tres realidades
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El trópico es la zona más apta para la ganadería vacuna por su disponibilidad de pastos y la escala de producción posible.
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Los Andes ofrecen un potencial importante, pero con limitaciones por el relieve; aun así, la adaptabilidad del ganado permite desarrollar proyectos si se apuesta por genética adecuada y manejo racional.
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La costa es clave para el engorde gracias a la disponibilidad de subproductos agroindustriales, desde orujo hasta polvillo de arroz.
El mercado interno muestra señales positivas: crece la demanda de cortes premium, impulsada por restaurantes y consumidores que buscan carne suave y de animales jóvenes.
En lo internacional, Perú puede competir en nichos de alto valor; Singapur es uno de los ejemplos de destinos donde la carne diferenciada tiene potencial.
La reciente instauración del Día Nacional de la Carne de Res no resolverá los problemas de fondo si la oferta continúa siendo carne dura de animales viejos. El especialista es claro: la experiencia del consumidor define la repetición de compra. Mejorar la calidad es indispensable.
Para Riquelme, el futuro ideal sería ver a los ganaderos andinos especializados, con razas definidas, acceso directo al mercado y sin una intermediación que reduzca su rentabilidad. Perú no alcanzará los niveles de producción de Brasil o Argentina, pero sí puede construir una ganadería competitiva basada en calidad y nichos premium.

