Petróleo, El Niño y aranceles: los tres factores que redefinen el escenario para América Latina
El avance del petróleo, el riesgo de un fuerte El Niño y las nuevas barreras comerciales reavivan la incertidumbre sobre inflación, alimentos y exportaciones.
El regreso del petróleo por encima de los US$ 100 por barril, la creciente probabilidad de un episodio intenso de El Niño y la consolidación de nuevos aranceles comerciales conforman hoy los tres principales riesgos que observan los mercados internacionales. El escenario, advertido este 27 de julio por analistas de bancos globales y organismos internacionales, preocupa especialmente a América Latina porque puede traducirse en mayores costos de producción, presión sobre la inflación, alteraciones en las cadenas de valor agroalimentarias y cambios en los flujos comerciales.
La combinación de estos factores no garantiza un escenario de crisis, pero sí incrementa la probabilidad de nuevos shocks de oferta capaces de impactar simultáneamente sobre energía, alimentos, transporte y comercio exterior. Para América Latina, donde la producción agropecuaria representa una parte significativa de las exportaciones y del empleo, el desafío adquiere una dimensión estratégica. Mientras los bancos centrales aún intentan consolidar la desaceleración inflacionaria, un incremento sostenido de los costos energéticos y logísticos podría volver a presionar los precios y afectar la competitividad de las exportaciones agroalimentarias. Analistas coinciden en que la interacción entre estos factores será determinante durante el segundo semestre de 2026.
El primer foco de riesgo proviene del mercado energético. El Brent volvió a superar los US$ 100 por barril impulsado por la escalada del conflicto en Medio Oriente y los ataques sobre rutas estratégicas para el transporte de crudo. Bloomberg Economics advierte que un escenario extremo, con interrupciones adicionales en la infraestructura petrolera y en corredores clave como Bab el-Mandeb o el estrecho de Ormuz, podría llevar el barril hasta US$ 120. Un incremento de esa magnitud elevaría inmediatamente los costos del transporte, los fertilizantes, los combustibles y gran parte de la logística de exportación, afectando directamente a las cadenas agroalimentarias y a la competitividad regional.
El segundo factor corresponde a la fragmentación del comercio internacional. La nueva estructura arancelaria impulsada por Estados Unidos establece gravámenes diferenciados para sus principales socios comerciales. Aunque entidades como UBS y Goldman Sachs consideran que el efecto agregado sobre la inflación será limitado, los cambios consolidan un escenario de mayores barreras comerciales y obligan a las empresas a reorganizar sus estrategias de abastecimiento y exportación. Para América Latina, esto implica continuar adaptando sus cadenas logísticas, fortalecer la integración regional y buscar una mayor diversificación de mercados frente a un comercio global cada vez más complejo y competitivo.
El tercer riesgo es climático. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estima una probabilidad del 81% de que entre octubre y diciembre se registre un episodio muy fuerte de El Niño, con persistencia hasta comienzos de 2027. Los especialistas advierten que un evento de esta magnitud podría alterar simultáneamente los patrones de lluvias y temperaturas en distintas regiones productoras, afectando cultivos estratégicos, la generación hidroeléctrica, la navegación y la infraestructura logística. La experiencia de 2023-2024, cuando la sequía redujo el tránsito por el Canal de Panamá, demostró cómo un fenómeno climático puede repercutir sobre cerca del 5% del comercio marítimo mundial.
Las consecuencias para la agricultura no serían homogéneas. Si bien estudios de ING consideran que la producción agrícola global podría mantener cierta resiliencia, existen riesgos elevados para productos como trigo, arroz, azúcar, aceite de palma, café y pesca, además de posibles alteraciones en los mercados de fertilizantes y alimentos balanceados. En América Latina también preocupa el efecto sobre la disponibilidad de agua, los rendimientos agrícolas y la estabilidad de las exportaciones, especialmente en economías donde el agro constituye un motor central del crecimiento y la generación de divisas.
La CEPAL sostiene que América Latina parte de una posición relativamente más favorable que otras regiones debido a la presencia de exportadores de hidrocarburos, una elevada participación de energías renovables y una menor dependencia comercial del Golfo Pérsico. Sin embargo, el impacto será desigual. Países exportadores de petróleo como Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana y Trinidad y Tobago podrían mejorar su balanza comercial si el precio del crudo permanece elevado, mientras que economías importadoras de energía, especialmente en el Caribe y parte de Centroamérica, enfrentarían mayores presiones fiscales e inflacionarias. Para el sector agropecuario, la clave estará en fortalecer la resiliencia, la tecnificación, la trazabilidad, la logística y la diversificación de mercados para sostener la competitividad frente a un contexto internacional cada vez más desafiante.
La evolución del conflicto en Medio Oriente, la trayectoria del precio del petróleo y la intensidad definitiva de El Niño serán determinantes para la economía mundial durante los próximos meses. Para el agro latinoamericano, estos tres factores definirán buena parte del comportamiento de los costos, los precios internacionales de los commodities agrícolas y las oportunidades de comercio exterior en un escenario marcado por la incertidumbre, pero también por la necesidad de fortalecer cadenas de valor más resilientes y sostenibles.

