Rusia en alerta: la crisis del combustible pone en riesgo la cosecha y sacude al mercado mundial
El Kremlin reconoció la escasez de combustibles, evalúa prohibir las exportaciones de diésel y busca proteger la cosecha. La decisión podría impactar en los precios de la energía y del agro.
Rusia enfrenta una creciente crisis de abastecimiento de combustibles. Este domingo 28 de junio, el presidente Vladimir Putin reconoció públicamente que existen faltantes de nafta y diésel, confirmó la creación de un grupo de trabajo de emergencia y adelantó que el Gobierno analiza prohibir las exportaciones de diésel para asegurar el suministro interno. La medida preocupa porque Rusia es uno de los principales actores del mercado energético y agrícola mundial, por lo que cualquier restricción puede repercutir en los precios internacionales, la logística y las cadenas agroalimentarias.
Durante una reunión con funcionarios en Moscú, Putin admitió que continúan los problemas para automovilistas, transportistas y empresas, con largas filas en estaciones de servicio y dificultades para conseguir combustible. Pero el foco principal del Gobierno está puesto en el sector agroindustrial. "La cosecha depende del combustible", enfatizó el mandatario al ordenar que se garantice el cumplimiento de todos los cronogramas de abastecimiento para los productores.
La advertencia refleja la importancia estratégica del agro para la economía rusa. Rusia lidera las exportaciones mundiales de trigo y ocupa posiciones clave en los mercados de cereales, aceites vegetales y fertilizantes, por lo que cualquier inconveniente operativo puede repercutir sobre la seguridad alimentaria y el comercio internacional.
El presidente ruso atribuyó buena parte de la crisis a los ataques con drones ucranianos contra refinerías, depósitos e infraestructura petrolera, acciones que durante los últimos meses afectaron instalaciones energéticas consideradas estratégicas. Según Putin, el desafío consiste en reducir al mínimo el impacto sobre la infraestructura civil, mantener operativas las refinerías y evitar interrupciones en la distribución de combustibles. El mandatario informó además que las reservas de gasolina alcanzan actualmente 1,7 millones de toneladas, mientras que la producción prevista para julio debería superar la registrada durante junio.
Uno de los anuncios que más atención despertó fue que el Kremlin vuelve a evaluar una prohibición total de las exportaciones de diésel. La intención es priorizar el mercado interno, aumentar la oferta disponible y evitar nuevas subas de precios en plena temporada de mayor demanda para el transporte, la industria y la actividad agrícola. No obstante, dentro del propio Gobierno existen diferencias. Horas antes de la reunión, el viceprimer ministro Alexander Novak había considerado que todavía no era necesario cerrar las exportaciones. La decisión final será observada de cerca por los mercados internacionales.
Por qué esta decisión de Rusia puede sentirse en todo el mundo
Una eventual suspensión de las exportaciones de diésel no solo tendría efectos dentro de Rusia. También podría modificar el equilibrio del mercado energético internacional, elevar la volatilidad de los combustibles y aumentar los costos de transporte, producción agrícola y logística de exportación en distintos países. Para el agro, el diésel representa un insumo crítico en la siembra, la cosecha, el movimiento de maquinaria y el traslado de granos hacia los puertos.
Por eso, cualquier reducción en la oferta mundial de combustibles refinados puede trasladarse rápidamente a los costos de producción y a los precios de los alimentos. Mientras el grupo de trabajo creado por el Gobierno ruso opera las 24 horas para estabilizar el abastecimiento, el mercado seguirá atento a la decisión del Kremlin, que podría convertirse en uno de los movimientos con mayor impacto sobre la energía, el agro y los commodities durante las próximas semanas.

