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Bolivia: la sobreoferta de pollo golpea al sector avícola

Tarija declara emergencia mientras los precios del pollo y el huevo caen por debajo de los costos. Productores advierten riesgo de cierres y piden mayor control interdepartamental.

AgroLatam
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La avicultura boliviana atraviesa un escenario complejo. La sobreproducción nacional de carne de pollo y huevo está presionando los precios a la baja y generando pérdidas en varias regiones del país. En Tarija, uno de los departamentos más afectados, el sector declaró la emergencia ante la caída sostenida de los valores mayoristas.

Actualmente, el kilo de pollo al por mayor se ubica entre 17 y 18 bolivianos, mientras que el precio del maple de huevo ronda los 17 a 18 bolivianos, niveles que -según los productores- no alcanzan a cubrir los costos de alimentación, sanidad, energía y transporte. La situación se agravó en febrero, consolidando una tendencia descendente que se arrastra desde comienzos de año.

En enero, el pollo mayorista se comercializaba entre 22 y 23 bolivianos por kilo. En marzo bajó a 20-21, en mayo a 18-19 y ahora se ubica en mínimos anuales. El huevo siguió un patrón similar, pasando de 22-24 bolivianos por plancha en enero a los actuales 17-18 bolivianos.

El problema no responde a una caída abrupta del consumo, sino a un desbalance entre producción y demanda interna. La expansión de granjas tecnificadas en los principales polos avícolas incrementó los volúmenes, pero el mercado nacional no logró absorber el excedente.

En Tarija, donde la escala productiva es menor frente a los grandes centros avícolas, el ingreso de producto desde otros departamentos intensifica la competencia. Productores locales señalan que la llegada de carne proveniente de Santa Cruz y Cochabamba aumenta la oferta disponible y desplaza la producción regional, reduciendo márgenes y elevando el endeudamiento.

Cochabamba, uno de los principales núcleos avícolas del país, también enfrenta presión. La modernización y el crecimiento sostenido de su capacidad productiva impulsaron mayores volúmenes, pero sin una expansión proporcional del consumo. Parte de esa producción se redirige a otros departamentos, contribuyendo a la saturación del mercado.

En Santa Cruz, el mayor productor nacional, la caída de precios afecta incluso a establecimientos con mayor integración en la cadena de insumos. Si bien cuenta con mejor logística y posibilidad de salida hacia mercados fronterizos, el exceso interno obliga a vender a valores más bajos.

En Los Yungas, con producción más reducida y dispersa, la competencia con pollo proveniente de regiones con mayores economías de escala dificulta sostener precios en los mercados locales.

El resultado es una cadena avícola tensionada, donde pequeños y medianos productores ven reducida su rentabilidad y advierten riesgo de cierre de granjas familiares si la tendencia continúa.

La avicultura es estratégica para la seguridad alimentaria boliviana, al proveer proteína accesible para el consumo interno. Sin embargo, la falta de coordinación entre regiones y la ausencia de mecanismos que ordenen la oferta profundizan la volatilidad de precios.

Productores plantean la necesidad de mejorar la planificación de ciclos productivos, fortalecer sistemas de información de mercado y establecer mayores controles sobre los flujos interdepartamentales para transparentar la comercialización.

Mientras tanto, el mercado continúa ajustándose con precios deprimidos que reflejan un excedente estructural. El desafío inmediato será evitar que el impacto económico derive en una reducción abrupta de la capacidad productiva nacional.

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