Clima

El "Súper Niño" amenaza cultivos, energía y exportaciones en Perú

El posible regreso de un "Súper Niño" ya genera preocupación en Perú por el impacto sobre agricultura, pesca, minería e inflación alimentaria.

Rodrigo Castañeda
Periodista especializado en agroindustria y mercados. Cubre comercio, políticas públicas y tendencias del sector agropecuario, con enfoque técnico y sostenible.

El creciente riesgo de un "Súper Niño" volvió a instalar la preocupación en Perú luego de que organismos climáticos internacionales y bancos de inversión advirtieran sobre un posible evento extremo entre 2026 y 2027. El fenómeno podría impactar directamente sobre la agricultura, la pesca, la minería y la infraestructura logística del país, sectores estratégicos para las exportaciones peruanas y para la estabilidad económica regional.

La advertencia cobra relevancia porque Perú es uno de los países históricamente más sensibles al comportamiento del Pacífico. Eventos anteriores provocaron inundaciones, pérdidas agrícolas millonarias, caída en capturas pesqueras y daños en rutas, puertos y cadenas de abastecimiento.

Agricultura y alimentos: riesgo para cultivos estratégicos

Uno de los sectores más expuestos vuelve a ser el agro. Los analistas anticipan que las alteraciones climáticas podrían afectar la productividad de cultivos clave como arroz, maíz, café, cacao y caña de azúcar, especialmente en zonas costeras y regiones vulnerables a lluvias extremas.

Zonas de riesgo climático en Perú

  • Costa norte y central: riesgo de lluvias intensas e inundaciones.
  • Regiones agrícolas costeras: pérdida de calidad por exceso de humedad.
  • Áreas andinas: alteraciones térmicas y problemas hídricos.
  • Infraestructura rural: mayores costos logísticos y complicaciones operativas.

Además de la caída en rendimientos, el fenómeno podría generar incrementos en precios internos de alimentos, afectando inflación y consumo.

Especialistas de Bloomberg Intelligence advirtieron que El Niño podría alterar la producción global de soja, maíz, azúcar y café durante la campaña 2026-2027, impulsando mayor volatilidad en los mercados agrícolas.

Pesca y exportaciones bajo presión

Perú también enfrenta riesgos importantes en el sector pesquero. Durante episodios anteriores de El Niño, el calentamiento del mar redujo fuertemente la biomasa de anchoveta, afectando una de las principales industrias exportadoras del país.

El informe de Bradesco BBI recordó que empresas vinculadas a la pesca registraron fuertes pérdidas operativas durante el evento climático 2023-2024 debido a cambios extremos en temperatura marina.

La situación preocupa porque Perú mantiene un rol estratégico en exportaciones de harina y aceite de pescado hacia mercados globales.

El impacto climático no se limita al agro. Las lluvias extremas también podrían afectar operaciones mineras, transporte y logística de exportación.

En años anteriores, inundaciones y deslizamientos provocaron interrupciones en corredores mineros y mayores costos operativos para compañías vinculadas al cobre, oro y zinc.

Analistas financieros sostienen que el fenómeno podría aumentar los riesgos sobre infraestructura vial y portuaria, un factor crítico para las cadenas de valor agroalimentarias y mineras del país.

El posible "Súper Niño" también empieza a reflejarse en proyecciones de inflación, energía y mercados bursátiles en América Latina.

Bloomberg estima que un episodio severo podría elevar hasta 7% los precios internacionales de alimentos básicos, mientras bancos centrales continúan enfrentando inflación persistente y tasas elevadas.

En Perú, el fenómeno aparece además en un contexto de alta dependencia de exportaciones primarias y sensibilidad frente a eventos climáticos extremos.

Frente a este escenario, especialistas remarcan que la clave estará en acelerar estrategias de adaptación climática, inversión en infraestructura hídrica y fortalecimiento de la agricultura resiliente.

El desafío para Perú no será solamente enfrentar lluvias o sequías, sino mejorar la capacidad de respuesta de las cadenas agroexportadoras, proteger la seguridad alimentaria y sostener la competitividad internacional en un contexto climático cada vez más impredecible.

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