México

El déficit mineral que pone en riesgo a la ganadería

Más de un tercio de los bovinos presenta carencias que impactan en peso, fertilidad y producción. El invierno seco agrava el escenario.

AgroLatam
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La suplementación mineral en bovinos en México gana protagonismo en medio de un invierno seco que impacta con fuerza en regiones como el noroeste, el Bajío y parte del norte del país. La prolongación de la sequía y la baja calidad de las pasturas están dejando al descubierto un problema que suele pasar desapercibido: las deficiencias minerales que limitan la productividad del hato.

Evaluaciones técnicas recientes indican que 36% de los animales analizados presentan carencias minerales, mientras que se detectaron cientos de casos con déficits múltiples simultáneos, lo que incrementa el impacto productivo. En sistemas de doble propósito y en lecherías intensivas, estas deficiencias se traducen en menor ganancia de peso, caída en la producción láctea y reducción en los índices reproductivos.

Durante el ciclo Otoño-Invierno, la concentración de nutrientes en el forraje disminuye de forma significativa. La sequía prolongada reduce el contenido de calcio, fósforo, cobre y zinc, entre otros minerales esenciales. Cuando la dieta no es ajustada con mezclas específicas, el rodeo comienza a perder eficiencia de conversión y condición corporal, afectando la rentabilidad del productor.

El cobre encabeza las carencias detectadas con 47,2% de incidencia, un mineral clave para el sistema inmune, el crecimiento y la fertilidad. También se observan déficits relevantes de hierro (15,1%) y manganeso (13%), vinculados al metabolismo y al desarrollo óseo. Otros minerales en déficit incluyen magnesio (10,8%), zinc (9,7%) y cobalto (4,2%), configurando un escenario que exige planificación nutricional más precisa en el campo mexicano.

Las exigencias varían según la etapa productiva. En vacas lactantes, los requerimientos de calcio (0,31%) y fósforo (0,21%) son superiores a los de vacas secas, que demandan 0,18% y 0,16%, respectivamente. Ignorar estas diferencias puede afectar la producción de leche y comprometer la recuperación posparto. El magnesio, con requerimientos de entre 0,10% y 0,12%, resulta fundamental para prevenir trastornos metabólicos en épocas de estrés climático.

En estados como Sinaloa, Sonora, Chihuahua y Durango, donde el invierno seco se ha extendido, productores reportan menor disponibilidad de forraje y mayor necesidad de suplementación estratégica. En sistemas de engorde, la falta de minerales impacta directamente en la eficiencia de conversión alimenticia y en el tiempo necesario para alcanzar peso de mercado.

La tendencia apunta a abandonar esquemas genéricos y avanzar hacia nutrición mineral basada en diagnóstico, apoyada en análisis de suelo, forraje y sangre. Este enfoque permite formular mezclas adaptadas a cada región y tipo de producción, reduciendo pérdidas invisibles que erosionan los márgenes en un contexto de costos crecientes.

La ganadería mexicana enfrenta un entorno climático cada vez más exigente. En ese escenario, los minerales dejan de ser un complemento para transformarse en un eje estratégico del manejo. Corregir deficiencias no solo protege la productividad del hato, sino que se convierte en una herramienta clave para sostener la rentabilidad del sector.

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