Ucrania busca nuevas rutas para exportar granos mientras Rusia bloquea los puertos del Mar Negro
Los ataques rusos paralizan puertos clave del Mar Negro, elevan los costos logísticos y reavivan la incertidumbre sobre el abastecimiento mundial de alimentos.
Ucrania advirtió este martes que las rutas alternativas para exportar granos no estarán plenamente operativas antes de fines de agosto y que, aun cuando funcionen a su máxima capacidad, solo podrán reemplazar cerca de la mitad del volumen que normalmente sale por los puertos del Mar Negro. La advertencia fue realizada por el viceministro de Política Agraria y Alimentación, Taras Vysotskyi, tras la intensificación de los ataques rusos contra embarcaciones civiles e infraestructura portuaria en la región de Odesa. La situación vuelve a encender las alarmas sobre el comercio agrícola internacional y la evolución de los precios de los alimentos.
La ofensiva rusa sobre los puertos del sur de Ucrania volvió a interrumpir uno de los principales corredores mundiales para el comercio de granos. Según datos oficiales, ningún buque ingresó a los puertos de la región de Odesa durante casi dos semanas, luego de una escalada de ataques con misiles y drones contra embarcaciones de bandera extranjera y terminales portuarias. Solo durante julio se registraron 35 ataques contra buques en puerto, 22 contra embarcaciones en navegación y 67 impactos sobre instalaciones portuarias, cifras muy superiores a las registradas durante todo 2025.
El impacto sobre el comercio agrícola es inmediato. Ucrania estima que más de 30 millones de toneladas de granos y oleaginosas podrían quedar sin llegar a los mercados internacionales si no se restablece la operatividad de los puertos del Mar Negro. La situación coincide con el inicio de la cosecha de verano, obligando a productores y exportadores a buscar alternativas logísticas mientras los compradores internacionales siguen con atención la evolución del conflicto.
El gobierno ucraniano apuesta a reforzar el transporte por ferrocarril, carretera y el corredor del río Danubio. Sin embargo, estas opciones presentan limitaciones importantes. La histórica bajante del Danubio reduce su capacidad operativa y el sistema ferroviario enfrenta restricciones logísticas que dificultan reemplazar el transporte marítimo.
De acuerdo con el Ministerio de Agricultura, aun cuando todas estas rutas alcancen un funcionamiento estable hacia fines del verano boreal, solo podrán movilizar entre el 50% y el 55% de la capacidad mensual de los puertos del Mar Negro, que normalmente despachan alrededor de 6 millones de toneladas por mes. Además, utilizar estos corredores alternativos implicará un costo adicional de entre 45 y 50 dólares por tonelada, reduciendo significativamente la rentabilidad de los productores ucranianos.
Mientras las dificultades logísticas limitan las exportaciones, los agricultores ucranianos ya enfrentan un deterioro de sus ingresos. Según el gobierno, los precios internos de los granos y oleaginosas cayeron en promedio un 30%, debido a la acumulación de mercadería y a las dificultades para acceder a los mercados internacionales. Las pérdidas directas para el sector agrícola podrían ubicarse entre 1.500 y 3.000 millones de dólares durante 2026, una cifra que refleja el fuerte impacto económico del conflicto sobre uno de los principales proveedores mundiales de alimentos.
Como primera respuesta, el Ejecutivo aprobó modificaciones en los precios mínimos de exportación, buscando sostener el ingreso de los productores mientras se intenta reorganizar la logística comercial.
Un conflicto que también preocupa a América Latina
Aunque el escenario se desarrolla en Europa del Este, sus efectos alcanzan directamente a los mercados agrícolas latinoamericanos. Ucrania representa alrededor del 6% de las exportaciones mundiales de trigo y cerca del 11% del comercio internacional de maíz, además de ser un actor relevante en oleaginosas y aceites vegetales. Cada interrupción en su capacidad exportadora modifica el equilibrio entre oferta y demanda y genera movimientos en las cotizaciones internacionales.
Para productores de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, una menor oferta desde el Mar Negro puede traducirse en mejores oportunidades comerciales y en una mayor demanda por parte de países importadores. Sin embargo, también incrementa la volatilidad de los mercados y dificulta la planificación comercial, especialmente en un contexto de elevada incertidumbre geopolítica.
Las autoridades ucranianas sostienen que no existe una alternativa permanente a los puertos de Odesa y que garantizar la seguridad del corredor marítimo será determinante para restablecer el flujo normal de exportaciones. Incluso si los buques retomaran hoy mismo sus operaciones, el gobierno estima que serían necesarios al menos 30 días para recuperar los niveles de embarques previos a los ataques.
La continuidad del conflicto no solo condiciona el futuro del sector agrícola ucraniano. También mantiene en vilo a importadores, exportadores y operadores de commodities de todo el mundo. En un mercado global cada vez más interconectado, cada interrupción en el Mar Negro repercute sobre la disponibilidad de alimentos, la logística internacional y los precios que finalmente pagan consumidores y productores, consolidando a la región como uno de los principales focos de riesgo para la seguridad alimentaria mundial.

